Kvaternik: "En la Argentina llamamos éxito al fracaso"
El politicólogo analiza la gestión Kirchner
"Creo que Kirchner se parece mucho más a Arturo Illia que a Arturo
Frondizi", afirma el politicólogo Eugenio Kvaternik, para quien el actual
gobierno nacional "es una extraña mezcla de ex menemistas y ex montoneros".
.
Kvaternik tiene 61 años y nació en Croacia. Desde muy pequeño, se trasladó a
la Argentina junto a su familia de exiliados políticos. Descendiente de
militares y de funcionarios públicos, su fantasía de joven era imitarlos.
Como no podía ser ninguna de las dos cosas por ser extranjero, optó por la
cultura: estudió Ciencia Política en la Universidad del Salvador -donde fue
compañero de Dante Caputo y de Julio Bárbaro- y realizó posgrados en las
universidades de Lovaina (Bélgica) y Johns Hopkins. Desde entonces alternó
la docencia universitaria con la investigación y con frecuentes viajes a
Europa; en uno de ellos conoció a su actual esposa, de nacionalidad alemana.
.
Se define como un socialcristiano liberal, aunque no milita políticamente.
En la actualidad es docente investigador en la UBA y en la Universidad del
Salvador, y hasta 2000 fue investigador del Conicet y presidente de la
Sociedad Argentina de Análisis Político. Habla seis idiomas y, entre otras
obras, ha publicado los libros "Crisis sin salvataje: la crisis
político-militar de 1962/63" y "El péndulo cívico-militar: la caída de
Illia".
.
-¿Cómo evalúa la marcha de la democracia argentina?
.
-Según cómo la veamos, podemos hablar de una botella medio llena o medio
vacía. Yo considero que la caída del gobierno de Fernando de la Rúa
constituyó un semigolpe de Estado, que reitera la historia argentina de los últimos treinta años, en los que un golpe coincide con una gran devaluación,
con la diferencia de que en esta ocasión no estuvieron involucrados los
militares. Sí hubo una alianza entre grupos económicos que buscaban la
licuación de sus deudas y la corporación política.
.
-¿Es éste un proceso que caracteriza a buena parte de América latina?
.
-Efectivamente. La caída de Bucaram en Ecuador y la de Sánchez de Lozada en
Bolivia, junto al débil apoyo que tienen sus sucesores, Gutiérrez y Meza, la
precariedad de Toledo en Perú y la institucionalización de la crisis en
Venezuela nos dicen que estamos ante algo que podemos denominar
neoinestabilidad. Estamos, entonces, frente a democracias by default, es
decir, experiencias en las que la democracia funciona a los tumbos, sin ser
interrumpida. No sabemos exactamente cuánto de esto se debe en parte a su
legitimidad intrínseca y cuánto a la ilegitimidad de cualquier solución de
facto.
.
-¿En qué consistiría la visión de la botella medio llena?
.
-En que, al cabo, muchas democracias que con el tiempo se han consolidado,
como Italia en los años 60, no han escapado a problemas análogos. Italia
resistió intentos de grupos militares o de inteligencia basados en la
llamada estrategia de la tensión, consistente en polarizar más a la sociedad
italiana en contra de la izquierda. En términos de Tocqueville, podemos
decir que tenemos democracias imbuidas de espíritu revolucionario, es decir,
de esa mezcla de violencia, ilegalidad y desprecio por los derechos que
caracterizaba a la democracia francesa luego de la Revolución y que él
contrastaba con el reino tranquilo de la mayoría, de la democracia
americana. Siguiendo ese argumento, únicamente en Chile, y quizás en Brasil,
tenemos un imperio tranquilo de la mayoría, en tanto que en el resto de
nuestras democracias todavía impera el espíritu revolucionario. Este
espíritu no es del todo inexplicable, por la fuerte desigualdad y la
exclusión social.
.
-¿Sería ésta la renguera de la democracia de la que habló Raúl Alfonsín?
.
-Algo que caracteriza a la democracia es esa tendencia a la igualdad que
Tocqueville percibió en su viaje a los Estados Unidos. A diferencia del caso
chileno, donde a mi entender hallamos una democracia más igualitaria y con
un mayor grado de inclusión social, encontramos en América latina esas
democracias rengas, caracterizadas por una gran desigualdad.
.
-Algunos autores han coincidido en que, en la Argentina, el populismo fue un
gran obstáculo para el proyecto liberal. Pero para otros la historia
reciente de los años 90 parece indicar que populismo y liberalismo se
fundieron en un proyecto político y económico.
.
-Estoy de acuerdo con la segunda observación. Pero no se trata sólo de un
fenómeno de la Argentina. Una comparación entre el peronismo y el Partido
Revolucionario Institucional de México (PRI) resultaría válida en ese
sentido. Muchos análisis actuales indican que Kirchner representa el regreso
al verdadero peronismo, un peronismo de centroizquierda, que, pervertido por
el neoliberalismo de Menem, resucita como Lázaro de la mano de Duhalde y del
actual Presidente. No me parece una interpretación correcta. El propio
Perón, en su segundo período, reorientó su política económica a través de
una apertura al capital extranjero. Este debate acerca de si Menem pervierte
al peronismo y Kirchner lo hace volver a sus fuentes es un seudodebate que
no hace más que confirmar que, al igual que el PRI mexicano, el peronismo es
una esfinge cuyos dichos, de significados ambiguos, adquieren claridad por
obra y gracia del intérprete de turno, sea Menem o Kirchner. Para usar un
eslogan del PRI, el peronismo no es de izquierda ni de derecha, sino todo lo
contrario.
.
-¿En qué se diferencian el peronismo y el PRI, entonces?
.
-Se diferencian en torno del problema de la sucesión. Es sabido que el
partido mexicano logró resolver los conflictos sucesorios impidiendo la
reelección presidencial. No así el peronismo, como se vio recientemente con
los intentos reeleccionistas de Menem. El peronismo, si me permite la
boutade, es un PRI imperfecto. Curiosamente, y sin que esto signifique
aprobar el procedimiento, la ley de neolemas inventada por Duhalde fue una
suerte de sucedáneo a falta de algo mejor para regular e institucionalizar
el conflicto sucesorio.
.
-Es decir que trasladó al Estado los conflictos partidarios y usó como ley
nacional un procedimiento para resolver disputas internas.
.
-Tiene razón. Pero podemos poner el argumento al revés. En un país con un
partido que abarca a más del 60 por ciento del electorado, las cuestiones
partidarias son casi inevitablemente cuestiones de Estado, a pesar de que
esto no nos guste ni a usted ni a mí.
.
-¿Cómo ubica el proyecto de Kirchner?
.
-En esta misma serie de entrevistas, algunos intelectuales con mayores
pergaminos que yo han comparado el proyecto de Kirchner con la experiencia
desarrollista de Frondizi. Yo discrepo. No veo similitud alguna entre la
experiencia desarrollista, basada en la inversión extranjera y en la
recuperación del crédito interno, y la gestión actual, que transita por
caminos opuestos. Si este gobierno se parece a algún otro es al de Arturo
Illia, que anuló los contratos petroleros firmados por Frondizi y que salió
de la recesión de 1962 aplicando una política basada en la recuperación de
la capacidad ociosa instalada. No es por casualidad que Kirchner recibe el
apoyo del partido radical y de su numen, Alfonsín, más afín a Illia que a
Frondizi. La experiencia de Kirchner, a diferencia de aquel gobierno
radical, cuenta con una coyuntura internacional favorable. Mal que les pese
a los progresistas con nostalgias desarrollistas tardías, lo más parecido a
la política de Frondizi fue el gobierno de Menem.
.
-Su comparación entre Kirchner e Illia, ¿puede, acaso, hacernos pensar que
Kirchner terminará igual que Illia en 1966?
.
-A lo mejor el presidente Kirchner tiene alguna baraja que desconozco. En
algún momento la Argentina tendrá que decidir cómo se reintegra en el mundo.
Si no se reintegra y no soluciona problemas como el de la deuda y el de las
tarifas, en algún momento se pagarán los costos. Cuando se acabe la
capacidad ociosa instalada y empiece la necesidad de nuevas inversiones,¿cómo se resolverán los problemas?
.
-Illia fue víctima de las presiones de corporaciones. ¿Usted cree que se
puede repetir un escenario parecido?
.
-Las corporaciones no son las mismas. Pero recordemos que no hace mucho la
alianza de sectores empresariales que querían licuar sus deudas con grupos
políticos determinaron la caída de De la Rúa. No nos olvidemos de que el
peronismo tiró a dos presidentes, uno radical y otro peronista (Héctor
Cámpora). ¿Qué certeza hay de que no vaya a tirar a un tercero? No obstante,
no quiero exagerar, por eso hago referencia a la botella medio vacía y medio
llena.
.
-No pocos analistas califican al gobierno de Kirchner como izquierdista.
¿Comparte esa calificación?
.
-Creo que tiene una retórica izquierdista, pero no creo que tenga una
ideología izquierdista, más allá del pasado de izquierda de muchos de los
miembros del kirchnerismo. Kirchner no tiene un partido de izquierda detrás.
Los mismos políticos que estaban con Menem están con Kirchner. Esta es una
extraña mezcla de ex montoneros con ex menemistas.
.
-¿Podría precisar esa definición?
.
-El secretario de Derechos Humanos (Eduardo Luis Duhalde) ha sido un
importante inspirador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), una
agrupación terrorista. El Presidente tiene a Horacio Verbitsky y a Miguel
Bonasso como asesores... Incluso la política de derechos humanos de este
Gobierno, con la anulación de las llamadas leyes de impunidad, apunta a todo
lo hecho durante el malhadado proceso militar, pero nadie dice nada de los
novecientos desaparecidos durante el gobierno de Isabel Perón. ¡Como si esos
novecientos desaparecidos no fuesen desaparecidos y como si no hubieran
existido órdenes con la firma de la presidenta y de los ministros!
Evidentemente, se busca un chivo emisario.
.
-Pero, ¿esto tiene que ver más con la retórica, como usted dice, o con una
ideología?
.
-Esto tiene que ver con una estrategia política para reconciliar a los
peronistas. Es una versión incruenta de los 70 en el plano simbólico y
popular: la alianza del movimiento popular con los sectores progresistas. Si
se quiere, el kirchnerismo es una versión incruenta del camporismo, que
recoge también las banderas alfonsinistas. Como usted recordará, en el
"Bolero" de Ravel distintos instrumentos tocan por separado la misma melodía
y, en el final, convergen todos. La biotecnología progresista nos ha
regalado, como en el "Bolero" de Ravel, la melodía del tercer movimiento
histórico con distintos instrumentos: el camporista, el alfonsinista y el
kirchnerista. Lo curioso es que este modelo parte de un piso que es la
transferencia de ingresos más grande que se ha hecho en la historia
económica nacional en favor de los grupos corporativos y de la clase
política. Y, salvo contadas excepciones, los intelectuales progresistas,
marxistas y populistas de todo cuño y pelaje, que han hecho de la crítica a
las transferencias de ingresos del pasado una de las verdades canónicas del
discurso políticamente correcto, se han llamado a silencio frente a las
actuales.
.
-Kirchner ha descalificado la década del 90. ¿Se puede romper fácilmente con
todas las implicaciones, culturales incluso, de ese modelo?
.
-El intento de Menem fue, como el de Frondizi, una modernización fallida. A
Frondizi también se lo demonizó por los contratos petroleros, por la
supuesta corrupción, por las connotaciones que tenía el frigerismo... En el
caso de Menem, los hechos demuestran que ha habido casos flagrantes de
corrupción, pero en algunos aspectos el país se modernizó; basta recordar
cómo estábamos antes de los 90. A fin de año van a transcurrir cinco años
desde el alejamiento de Menem del poder. Me pregunto si cinco años después
vamos a seguir demonizándolo.
.
-Para usted, ¿descalificar esa década es tomar a la ciudadanía por tonta?
.
-Sí, es tomarla por tonta. No fue un modelo impuesto: fue ratificado por el
voto.
.
-¿Y cómo explica el elevadísimo nivel de imagen positiva de Kirchner en la
opinión pública?
.
-Por sus características personales. Kirchner es una persona trabajadora a
quien la gente ve imbuida de su cargo y su responsabilidad. Está en una fase
ascendente del ciclo económico, después de la recesión y de la devaluación.
.
-¿Cómo percibe la tendencia de algunos funcionarios del actual gobierno a
polemizar con altos funcionarios de otros países, como Roger Noriega y Jorge
Batlle?
.
-Creo que es parte de una política exterior totalmente errática. Me
sorprende que nuestro embajador en Cuba diga que no le consta que se violan
los derechos humanos en ese país. Eso implica reconocer que tampoco le
consta que se respeten. Volvemos a los 60, a la famosa polémica entre
marxistas y liberales. Estos últimos decían que en la Unión Soviética no se
respetaban las libertades y los marxistas les contestaban que no se
respetaban las libertades formales, pero sí las libertades reales.
.
-¿Qué hay detrás de esta condescendencia del Gobierno con el régimen cubano?
.
-El oportunismo es un rasgo no sólo del Gobierno, sino de la sociedad
argentina. Hay encuestas en las que se ve que la mayoría de la población se
manifiesta en contra de condenar al gobierno de Cuba en la OEA. Esto ya lo
instaló Alfonsín, la idea de que uno puede ser democrático y marxista a la
vez, moderado y extremista al mismo tiempo, cuando agregó a los símbolos
históricos del partido radical, Alem e Yrigoyen, a Fidel Castro, al Che
Guevara y al sandinismo. Nadie puede decir que Alfonsín no es democrático,
pero fue él quien nos impuso este paradigma.
.
-Una encuesta de Gallup International menciona al pueblo argentino entre los
diez más optimistas del mundo. ¿Cómo explica este fenómeno?
.
-Es parte de la habilidad comunicacional del Gobierno, además de la
reactivación económica después de cuatro años de recesión y de la crisis
devaluatoria. Sólo frente a eso se entiende que haya tanto optimismo, porque
en términos históricos estamos viviendo un fracaso. Estamos en la Argentina,
donde llamamos éxito al fracaso. Para decirlo como los franceses, en nuestro
país no hay nada que tenga tanto éxito como el fracaso. Fíjese qué curioso:
hemos cumplido veinte años de vida democrática y la memoria colectiva
registra y celebra un golpe de Estado vergonzante, como fue la caída de De
la Rúa, mientras que pasa inadvertido el 10 de diciembre de 1983,
aniversario del retorno a la Constitución.
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-¿Cómo evalúa el escenario latinoamericano?
.
-Preferiría concentrarme en Chile y Brasil, que son los países que se han
deslatinoamericanizado. Chile, en un tiempo, tenía la tercera parte del PBI
argentino y ahora tiene las dos terceras partes; es un país que ha logrado,
a partir del hoy denostado paradigma neoliberal, tasas altas de crecimiento,
con baja inflación y un importante nivel de inclusión social, con una tasa
de desocupación de un dígito. Sin embargo, muy pocos hacen referencia al
caso chileno, que es una experiencia neoliberal exitosa. En Chile hay una
democracia de acuerdos: la centroizquierda aceptó las reformas económicas de
los 80 y la derecha aceptó en la primera mitad de los 90 propuestas en
materia impositiva y laboral hechas por la concertación de izquierda.
Incluso en cuestiones de derechos humanos Chile ha progresado, con casos
emblemáticos, como el juicio al general Contreras, jefe de la DINA, el
organismo represor de Pinochet, que fue juzgado y purga su condena.
Comparado con el resto de la región, Chile es lo que se decía de Venecia en
la era de las turbulencias que vivían las repúblicas italianas del
Renacimiento: es la Serenísima. Y gobierna una coalición de centroizquierda
que, curiosamente, no provoca ningún interés entre nuestros políticos e
intelectuales de centroizquierda. Es raro, pero los únicos que se interesan
por Chile son Ricardo López Murphy y Patricia Bullrich.
.
-¿Y cómo lo ve a Lula?
.
-Creo que Lula es un caso parecido al chileno. Es el Lagos brasileño, porque
ha logrado producir dos reformas fundamentales, la previsional y la fiscal,
ha estabilizado las variables económicas y ha honrado la deuda.
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-¿Qué futuro cree que tendrá el sistema argentino de partidos?
.
-La Argentina tuvo, en las décadas de 1920 y 1930, un sistema más europeo,
con el radicalismo en el centro, el conservadurismo en la derecha y los
partidos socialistas en la izquierda. El surgimiento del peronismo terminó
con ese sistema. Hoy el peronismo percibe hacia dónde se inclina el elector
mediano. Si éste se ha desplazado hacia la derecha, el peronismo lo tiene a
Menem; si, en cambio, se desplaza hacia la izquierda, lo tiene a Kirchner.
No ocurre lo mismo con el radicalismo, que, al ser un partido controlado por
los militantes, enfrenta este dilema: ¿debe competir por sus votantes o debe
maximizar su popularidad entre sus militantes? En ese sentido, nuestro
sistema político es curioso. En cambio, Chile demuestra que no importa tanto
el formato de un sistema como la existencia de un consenso en torno de las
reglas. Esta es la democracia de acuerdos.
.
-¿Cómo ve el futuro del peronismo?
.
-Más allá de que la ley de neolemas es un expediente provisional, la
renuncia de Duhalde a ser elegido presidente ofrece un margen para la
reinstitucionalización del peronismo. Si esto ocurre y el peronismo no se
divide, no sería improbable que Duhalde pasara a la historia como el Calles
del peronismo. Fundador del PRI, Calles institucionalizó en México, en 1929,
la no reelección y manejó al PRI entre bambalinas algunos años más. Me
parece que el tema del paso al costado de Duhalde tiene una importancia que
ha sido pasada por alto. En este punto, Duhalde, más allá de su historia
pasada como gobernador, ha actuado con espíritu republicano. Salvando las
distancias, su posición dentro del peronismo me hacer acordar al general
Aramburu en el Ejército después de 1958. Al cumplir su promesa de entregar
el poder, a pesar de que Frondizi no era un candidato de su agrado, Aramburu
consolidó su papel como jefe político de su fuerza. En ese sentido, creo que
Duhalde fue políticamente más sabio que Menem. Porque Menem quiso repetir la
historia del partido de líder, donde la carrera política se define, como con
Perón, en función de la adhesión a un liderazgo.
.
-¿Diría que, a pesar de todo, es optimista sobre los tiempos por venir?
.
-No me gusta hacer predicciones, pero me pregunto qué pasará si el precio de
la soja vuelve a bajar dentro de un año y si no se acuerda con los
acreedores. No veo un impulso autosostenido que nos permita hacer un
proyecto de mediano plazo. Por otro lado, la Argentina es un país
institucionalmente débil, un país donde se festeja la caída de un
presidente. Volviendo a Tocqueville, hay dos elementos que juegan un papel
importante en la conformación de las instituciones de la democracia: las
leyes y las costumbres, los hábitos que hoy llamaríamos la cultura política.
La Argentina es un país en el que las costumbres van en contra de las leyes.
.
Por Fernando Laborda
De la Redacción de LA NACION
.<< Comienzo de la nota"Creo que Kirchner se parece mucho más a Arturo Illia
que a Arturo Frondizi", afirma el politicólogo Eugenio Kvaternik, para quien
el actual gobierno nacional "es una extraña mezcla de ex menemistas y ex
montoneros".
.
Kvaternik tiene 61 años y nació en Croacia. Desde muy pequeño, se trasladó a
la Argentina junto a su familia de exiliados políticos. Descendiente de
militares y de funcionarios públicos, su fantasía de joven era imitarlos.
Como no podía ser ninguna de las dos cosas por ser extranjero, optó por la
cultura: estudió Ciencia Política en la Universidad del Salvador -donde fue
compañero de Dante Caputo y de Julio Bárbaro- y realizó posgrados en las
universidades de Lovaina (Bélgica) y Johns Hopkins. Desde entonces alternó
la docencia universitaria con la investigación y con frecuentes viajes a
Europa; en uno de ellos conoció a su actual esposa, de nacionalidad alemana.
.
Se define como un socialcristiano liberal, aunque no milita políticamente.
En la actualidad es docente investigador en la UBA y en la Universidad del
Salvador, y hasta 2000 fue investigador del Conicet y presidente de la
Sociedad Argentina de Análisis Político. Habla seis idiomas y, entre otras
obras, ha publicado los libros "Crisis sin salvataje: la crisis
político-militar de 1962/63" y "El péndulo cívico-militar: la caída de
Illia".
.
-¿Cómo evalúa la marcha de la democracia argentina?
.
-Según cómo la veamos, podemos hablar de una botella medio llena o medio
vacía. Yo considero que la caída del gobierno de Fernando de la Rúa
constituyó un semigolpe de Estado, que reitera la historia argentina de los
últimos treinta años, en los que un golpe coincide con una gran devaluación,
con la diferencia de que en esta ocasión no estuvieron involucrados los
militares. Sí hubo una alianza entre grupos económicos que buscaban la
licuación de sus deudas y la corporación política.
.
-¿Es éste un proceso que caracteriza a buena parte de América latina?
.
-Efectivamente. La caída de Bucaram en Ecuador y la de Sánchez de Lozada en
Bolivia, junto al débil apoyo que tienen sus sucesores, Gutiérrez y Meza, la
precariedad de Toledo en Perú y la institucionalización de la crisis en
Venezuela nos dicen que estamos ante algo que podemos denominar
neoinestabilidad. Estamos, entonces, frente a democracias by default, es
decir, experiencias en las que la democracia funciona a los tumbos, sin ser
interrumpida. No sabemos exactamente cuánto de esto se debe en parte a su
legitimidad intrínseca y cuánto a la ilegitimidad de cualquier solución de
facto.
.
-¿En qué consistiría la visión de la botella medio llena?
.
-En que, al cabo, muchas democracias que con el tiempo se han consolidado,
como Italia en los años 60, no han escapado a problemas análogos. Italia
resistió intentos de grupos militares o de inteligencia basados en la
llamada estrategia de la tensión, consistente en polarizar más a la sociedad
italiana en contra de la izquierda. En términos de Tocqueville, podemos
decir que tenemos democracias imbuidas de espíritu revolucionario, es decir,
de esa mezcla de violencia, ilegalidad y desprecio por los derechos que
caracterizaba a la democracia francesa luego de la Revolución y que él
contrastaba con el reino tranquilo de la mayoría, de la democracia
americana. Siguiendo ese argumento, únicamente en Chile, y quizás en Brasil,
tenemos un imperio tranquilo de la mayoría, en tanto que en el resto de
nuestras democracias todavía impera el espíritu revolucionario. Este
espíritu no es del todo inexplicable, por la fuerte desigualdad y la
exclusión social.
.
-¿Sería ésta la renguera de la democracia de la que habló Raúl Alfonsín?
.
-Algo que caracteriza a la democracia es esa tendencia a la igualdad que
Tocqueville percibió en su viaje a los Estados Unidos. A diferencia del caso
chileno, donde a mi entender hallamos una democracia más igualitaria y con
un mayor grado de inclusión social, encontramos en América latina esas
democracias rengas, caracterizadas por una gran desigualdad.
.
-Algunos autores han coincidido en que, en la Argentina, el populismo fue un
gran obstáculo para el proyecto liberal. Pero para otros la historia
reciente de los años 90 parece indicar que populismo y liberalismo se
fundieron en un proyecto político y económico.
.
-Estoy de acuerdo con la segunda observación. Pero no se trata sólo de un
fenómeno de la Argentina. Una comparación entre el peronismo y el Partido
Revolucionario Institucional de México (PRI) resultaría válida en ese
sentido. Muchos análisis actuales indican que Kirchner representa el regreso
al verdadero peronismo, un peronismo de centroizquierda, que, pervertido por
el neoliberalismo de Menem, resucita como Lázaro de la mano de Duhalde y del
actual Presidente. No me parece una interpretación correcta. El propio
Perón, en su segundo período, reorientó su política económica a través de
una apertura al capital extranjero. Este debate acerca de si Menem pervierte
al peronismo y Kirchner lo hace volver a sus fuentes es un seudodebate que
no hace más que confirmar que, al igual que el PRI mexicano, el peronismo es
una esfinge cuyos dichos, de significados ambiguos, adquieren claridad por
obra y gracia del intérprete de turno, sea Menem o Kirchner. Para usar un
eslogan del PRI, el peronismo no es de izquierda ni de derecha, sino todo lo
contrario.
.
-¿En qué se diferencian el peronismo y el PRI, entonces?
.
-Se diferencian en torno del problema de la sucesión. Es sabido que el
partido mexicano logró resolver los conflictos sucesorios impidiendo la
reelección presidencial. No así el peronismo, como se vio recientemente con
los intentos reeleccionistas de Menem. El peronismo, si me permite la
boutade, es un PRI imperfecto. Curiosamente, y sin que esto signifique
aprobar el procedimiento, la ley de neolemas inventada por Duhalde fue una
suerte de sucedáneo a falta de algo mejor para regular e institucionalizar
el conflicto sucesorio.
.
-Es decir que trasladó al Estado los conflictos partidarios y usó como ley
nacional un procedimiento para resolver disputas internas.
.
-Tiene razón. Pero podemos poner el argumento al revés. En un país con un
partido que abarca a más del 60 por ciento del electorado, las cuestiones
partidarias son casi inevitablemente cuestiones de Estado, a pesar de que
esto no nos guste ni a usted ni a mí.
.
-¿Cómo ubica el proyecto de Kirchner?
.
-En esta misma serie de entrevistas, algunos intelectuales con mayores
pergaminos que yo han comparado el proyecto de Kirchner con la experiencia
desarrollista de Frondizi. Yo discrepo. No veo similitud alguna entre la
experiencia desarrollista, basada en la inversión extranjera y en la
recuperación del crédito interno, y la gestión actual, que transita por
caminos opuestos. Si este gobierno se parece a algún otro es al de Arturo
Illia, que anuló los contratos petroleros firmados por Frondizi y que salió
de la recesión de 1962 aplicando una política basada en la recuperación de
la capacidad ociosa instalada. No es por casualidad que Kirchner recibe el
apoyo del partido radical y de su numen, Alfonsín, más afín a Illia que a
Frondizi. La experiencia de Kirchner, a diferencia de aquel gobierno
radical, cuenta con una coyuntura internacional favorable. Mal que les pese
a los progresistas con nostalgias desarrollistas tardías, lo más parecido a
la política de Frondizi fue el gobierno de Menem.
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-Su comparación entre Kirchner e Illia, ¿puede, acaso, hacernos pensar que
Kirchner terminará igual que Illia en 1966?
.
-A lo mejor el presidente Kirchner tiene alguna baraja que desconozco. En
algún momento la Argentina tendrá que decidir cómo se reintegra en el mundo.
Si no se reintegra y no soluciona problemas como el de la deuda y el de las
tarifas, en algún momento se pagarán los costos. Cuando se acabe la
capacidad ociosa instalada y empiece la necesidad de nuevas inversiones,
¿cómo se resolverán los problemas?
.
-Illia fue víctima de las presiones de corporaciones. ¿Usted cree que se
puede repetir un escenario parecido?
.
-Las corporaciones no son las mismas. Pero recordemos que no hace mucho la
alianza de sectores empresariales que querían licuar sus deudas con grupos
políticos determinaron la caída de De la Rúa. No nos olvidemos de que el
peronismo tiró a dos presidentes, uno radical y otro peronista (Héctor
Cámpora). ¿Qué certeza hay de que no vaya a tirar a un tercero? No obstante,
no quiero exagerar, por eso hago referencia a la botella medio vacía y medio
llena.
.
-No pocos analistas califican al gobierno de Kirchner como izquierdista.
¿Comparte esa calificación?
.
-Creo que tiene una retórica izquierdista, pero no creo que tenga una
ideología izquierdista, más allá del pasado de izquierda de muchos de los
miembros del kirchnerismo. Kirchner no tiene un partido de izquierda detrás.
Los mismos políticos que estaban con Menem están con Kirchner. Esta es una
extraña mezcla de ex montoneros con ex menemistas.
.
-¿Podría precisar esa definición?
.
-El secretario de Derechos Humanos (Eduardo Luis Duhalde) ha sido un
importante inspirador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), una
agrupación terrorista. El Presidente tiene a Horacio Verbitsky y a Miguel
Bonasso como asesores... Incluso la política de derechos humanos de este
Gobierno, con la anulación de las llamadas leyes de impunidad, apunta a todo
lo hecho durante el malhadado proceso militar, pero nadie dice nada de los
novecientos desaparecidos durante el gobierno de Isabel Perón. ¡Como si esos
novecientos desaparecidos no fuesen desaparecidos y como si no hubieran
existido órdenes con la firma de la presidenta y de los ministros!
Evidentemente, se busca un chivo emisario.
.
-Pero, ¿esto tiene que ver más con la retórica, como usted dice, o con una
ideología?
.
-Esto tiene que ver con una estrategia política para reconciliar a los
peronistas. Es una versión incruenta de los 70 en el plano simbólico y
popular: la alianza del movimiento popular con los sectores progresistas. Si
se quiere, el kirchnerismo es una versión incruenta del camporismo, que
recoge también las banderas alfonsinistas. Como usted recordará, en el
"Bolero" de Ravel distintos instrumentos tocan por separado la misma melodía
y, en el final, convergen todos. La biotecnología progresista nos ha
regalado, como en el "Bolero" de Ravel, la melodía del tercer movimiento
histórico con distintos instrumentos: el camporista, el alfonsinista y el
kirchnerista. Lo curioso es que este modelo parte de un piso que es la
transferencia de ingresos más grande que se ha hecho en la historia
económica nacional en favor de los grupos corporativos y de la clase
política. Y, salvo contadas excepciones, los intelectuales progresistas,
marxistas y populistas de todo cuño y pelaje, que han hecho de la crítica a
las transferencias de ingresos del pasado una de las verdades canónicas del
discurso políticamente correcto, se han llamado a silencio frente a las
actuales.
.
-Kirchner ha descalificado la década del 90. ¿Se puede romper fácilmente con
todas las implicaciones, culturales incluso, de ese modelo?
.
-El intento de Menem fue, como el de Frondizi, una modernización fallida. A
Frondizi también se lo demonizó por los contratos petroleros, por la
supuesta corrupción, por las connotaciones que tenía el frigerismo... En el
caso de Menem, los hechos demuestran que ha habido casos flagrantes de
corrupción, pero en algunos aspectos el país se modernizó; basta recordar
cómo estábamos antes de los 90. A fin de año van a transcurrir cinco años
desde el alejamiento de Menem del poder. Me pregunto si cinco años después
vamos a seguir demonizándolo.
.
-Para usted, ¿descalificar esa década es tomar a la ciudadanía por tonta?
.
-Sí, es tomarla por tonta. No fue un modelo impuesto: fue ratificado por el
voto.
.
-¿Y cómo explica el elevadísimo nivel de imagen positiva de Kirchner en la
opinión pública?
.
-Por sus características personales. Kirchner es una persona trabajadora a
quien la gente ve imbuida de su cargo y su responsabilidad. Está en una fase
ascendente del ciclo económico, después de la recesión y de la devaluación.
.
-¿Cómo percibe la tendencia de algunos funcionarios del actual gobierno a
polemizar con altos funcionarios de otros países, como Roger Noriega y Jorge
Batlle?
.
-Creo que es parte de una política exterior totalmente errática. Me
sorprende que nuestro embajador en Cuba diga que no le consta que se violan
los derechos humanos en ese país. Eso implica reconocer que tampoco le
consta que se respeten. Volvemos a los 60, a la famosa polémica entre
marxistas y liberales. Estos últimos decían que en la Unión Soviética no se
respetaban las libertades y los marxistas les contestaban que no se
respetaban las libertades formales, pero sí las libertades reales.
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-¿Qué hay detrás de esta condescendencia del Gobierno con el régimen cubano?
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-El oportunismo es un rasgo no sólo del Gobierno, sino de la sociedad
argentina. Hay encuestas en las que se ve que la mayoría de la población se
manifiesta en contra de condenar al gobierno de Cuba en la OEA. Esto ya lo
instaló Alfonsín, la idea de que uno puede ser democrático y marxista a la
vez, moderado y extremista al mismo tiempo, cuando agregó a los símbolos
históricos del partido radical, Alem e Yrigoyen, a Fidel Castro, al Che
Guevara y al sandinismo. Nadie puede decir que Alfonsín no es democrático,
pero fue él quien nos impuso este paradigma.
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-Una encuesta de Gallup International menciona al pueblo argentino entre los
diez más optimistas del mundo. ¿Cómo explica este fenómeno?
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-Es parte de la habilidad comunicacional del Gobierno, además de la
reactivación económica después de cuatro años de recesión y de la crisis
devaluatoria. Sólo frente a eso se entiende que haya tanto optimismo, porque
en términos históricos estamos viviendo un fracaso. Estamos en la Argentina,
donde llamamos éxito al fracaso. Para decirlo como los franceses, en nuestro
país no hay nada que tenga tanto éxito como el fracaso. Fíjese qué curioso:
hemos cumplido veinte años de vida democrática y la memoria colectiva
registra y celebra un golpe de Estado vergonzante, como fue la caída de De
la Rúa, mientras que pasa inadvertido el 10 de diciembre de 1983,
aniversario del retorno a la Constitución.
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-¿Cómo evalúa el escenario latinoamericano?
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-Preferiría concentrarme en Chile y Brasil, que son los países que se han
deslatinoamericanizado. Chile, en un tiempo, tenía la tercera parte del PBI
argentino y ahora tiene las dos terceras partes; es un país que ha logrado,
a partir del hoy denostado paradigma neoliberal, tasas altas de crecimiento,
con baja inflación y un importante nivel de inclusión social, con una tasa
de desocupación de un dígito. Sin embargo, muy pocos hacen referencia al
caso chileno, que es una experiencia neoliberal exitosa. En Chile hay una
democracia de acuerdos: la centroizquierda aceptó las reformas económicas de
los 80 y la derecha aceptó en la primera mitad de los 90 propuestas en
materia impositiva y laboral hechas por la concertación de izquierda.
Incluso en cuestiones de derechos humanos Chile ha progresado, con casos
emblemáticos, como el juicio al general Contreras, jefe de la DINA, el
organismo represor de Pinochet, que fue juzgado y purga su condena.
Comparado con el resto de la región, Chile es lo que se decía de Venecia en
la era de las turbulencias que vivían las repúblicas italianas del
Renacimiento: es la Serenísima. Y gobierna una coalición de centroizquierda
que, curiosamente, no provoca ningún interés entre nuestros políticos e
intelectuales de centroizquierda. Es raro, pero los únicos que se interesan
por Chile son Ricardo López Murphy y Patricia Bullrich.
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-¿Y cómo lo ve a Lula?
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-Creo que Lula es un caso parecido al chileno. Es el Lagos brasileño, porque
ha logrado producir dos reformas fundamentales, la previsional y la fiscal,
ha estabilizado las variables económicas y ha honrado la deuda.
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-¿Qué futuro cree que tendrá el sistema argentino de partidos?
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-La Argentina tuvo, en las décadas de 1920 y 1930, un sistema más europeo,
con el radicalismo en el centro, el conservadurismo en la derecha y los
partidos socialistas en la izquierda. El surgimiento del peronismo terminó
con ese sistema. Hoy el peronismo percibe hacia dónde se inclina el elector
mediano. Si éste se ha desplazado hacia la derecha, el peronismo lo tiene a
Menem; si, en cambio, se desplaza hacia la izquierda, lo tiene a Kirchner.
No ocurre lo mismo con el radicalismo, que, al ser un partido controlado por
los militantes, enfrenta este dilema: ¿debe competir por sus votantes o debe
maximizar su popularidad entre sus militantes? En ese sentido, nuestro
sistema político es curioso. En cambio, Chile demuestra que no importa tanto
el formato de un sistema como la existencia de un consenso en torno de las
reglas. Esta es la democracia de acuerdos.
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-¿Cómo ve el futuro del peronismo?
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-Más allá de que la ley de neolemas es un expediente provisional, la
renuncia de Duhalde a ser elegido presidente ofrece un margen para la
reinstitucionalización del peronismo. Si esto ocurre y el peronismo no se
divide, no sería improbable que Duhalde pasara a la historia como el Calles
del peronismo. Fundador del PRI, Calles institucionalizó en México, en 1929,
la no reelección y manejó al PRI entre bambalinas algunos años más. Me
parece que el tema del paso al costado de Duhalde tiene una importancia que
ha sido pasada por alto. En este punto, Duhalde, más allá de su historia
pasada como gobernador, ha actuado con espíritu republicano. Salvando las
distancias, su posición dentro del peronismo me hacer acordar al general
Aramburu en el Ejército después de 1958. Al cumplir su promesa de entregar
el poder, a pesar de que Frondizi no era un candidato de su agrado, Aramburu
consolidó su papel como jefe político de su fuerza. En ese sentido, creo que
Duhalde fue políticamente más sabio que Menem. Porque Menem quiso repetir la
historia del partido de líder, donde la carrera política se define, como con
Perón, en función de la adhesión a un liderazgo.
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-¿Diría que, a pesar de todo, es optimista sobre los tiempos por venir?
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-No me gusta hacer predicciones, pero me pregunto qué pasará si el precio de
la soja vuelve a bajar dentro de un año y si no se acuerda con los
acreedores. No veo un impulso autosostenido que nos permita hacer un
proyecto de mediano plazo. Por otro lado, la Argentina es un país
institucionalmente débil, un país donde se festeja la caída de un
presidente. Volviendo a Tocqueville, hay dos elementos que juegan un papel
importante en la conformación de las instituciones de la democracia: las
leyes y las costumbres, los hábitos que hoy llamaríamos la cultura política.
La Argentina es un país en el que las costumbres van en contra de las leyes.
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Por Fernando Laborda
De la Redacción de LA NACION
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