Institutos
 

El Desvalimiento en la Clínica. 5° Jornada y Taller.

22 de abril de 2006

 
TALLER 4
TALLERES DE PRESENTACIÓN Y DISCUSIÓN DE MATERIAL CLÍNICO



DESVALIMIENTO  Y TRABAJO CARCELARIO.
Alicia Beatriz Iacuzzi

Acerca de la función clínica con sujetos encarcelados

Presentaré consideraciones acerca de la función clínica con sujetos encarcelados. Como psicóloga-psicoanalista hace veinte años vengo procurando explorarla desde el modelo de investigación empírica extraclínica institucional (Leuzinger-Bohleber).

La población carcelaria mayormente requiere ser pensada desde la exclusión, desde historias de necesidades múltiples como matriz misma de la existencia. Marginalidad, carencias, pérdidas, privaciones, desamparo, fracasos y déficits que se repiten dejando marcas tatuadas de precariedad de recursos personales en la lucha por salvaguardar la autoconservación. Excesos de realidad con efectos  tóxicos. Hablaríamos de las distintas máscaras de la violencia: las del apremio de la vida o Ananké y la de los traumas sociales. Consideraríamos la hipótesis de Green (1990): defusión de la pulsión de muerte instalando la función desobjetalizante en lo individual y en lo social. El Yo resulta precozmente dañado, con verdaderos agujeros psíquicos; huellas que irrumpen disruptivamente. Sujetos sujetados a pobrezas en sus investiduras libidinales. Seres con estados mentales poblados de objetos internos enloquecedores (García Badaracco, 1990) que apelando  a  conductas  de  rasgos  autárquicos (Chasseguet-Smirgel, 2001) paradojalmente intentan prescindir del otro humano. Con estas cicatrices psíquicas están al "borde" de todo, porque el exceso de cantidad no logra ser cualificado. La angustia es vivenciada como un dolor insostenible. Bollas (1992) en su ensayo acerca de los asesinos seriales plantea que actúan la maldad para sobrevivir a la propia muerte del self, especialmente la muerte psíquica en la temprana infancia.

La psicología del detenido enseña que al ingresar un sujeto a prisión se produce una desestabilización subjetiva al activarse un desorganizante temor a "esa" organización, reeditándose vivencias de desmantelamiento, violencia, locura, destrucción, fragilizándose mas su escaso caudal representacional, su desvalimiento, su precarización. La sobrevivencia en condiciones extremas que ofrece la prisión los va degradando, deteriorándolos más; adoctrinándolos para "trabajar de presos" como "defensa de supervivencia". Esto no es sin consecuencias en cuanto a los efectos sobre el funcionamiento psíquico. Colocados en el lugar de objetos abyectos; ante el despojo, la humillación, la desvalorización de sus vidas, para ser tenidos en cuenta, promueven "que al menos nos teman", "no teniendo mas nada que perder". Todas añadiduras con capacidad potencial de desligaduras, acrecentando los riesgos de disolución yoica si opera el fenómeno de telescopaje (Aulagnier, 1975).

En situación de encierro, toda vivencia adquiere inimaginable intensidad, produciéndose  hipercatexización del polo perceptual, viéndose alterada la sensorialidad (visual, auditiva, gustativa, olfativa, etc) y la afectividad con la consecuente distorsión témporo-espacial y alteración en la imagen corporal/personal.

La comprensión clínica de la patología del encarcelamiento dá una dimensión mas completa de  los traumas "agregados" que animan vivencias de fragmentación, alimentando circuitos "diabólicos"; esa perturbadora necesidad de aniquilar al otro. En una cárcel está abolida la diferencia entre el mundo público - privado - íntimo, quedando expuesta la inermidad del sujeto, su pauperización, con correlatos lesivos en el tejido narcisista. Estar detenido genera la pérdida de puntos de referencia con los que una persona estaba habituado a orientarse, con el consecuente "temor de derrumbe" (Winnicott, 1974), que en ocasiones es un concreto riesgo.

Asimismo la proximidad de recobrar la libertad porta su especificidad  aún cuando el sujeto no dé cuenta de ello. El tiempo en una cárcel es vivido como hostil de allí que se intente su capitalización aprovechando lo que que el sistema pudiere proveerle aún estando lejos de ser lo suficiente.

Acompañar a personas encarceladas en el padecimiento psíquico; escuchar otros códigos, reglas y significaciones provenientes de contextos "no tan familiares" torna difícil el recorrido, convocando creativamente a un  trabajo psíquico que anime el encuento con la subjetividad del objeto, respetando su alteridad.   (Re)instalar en el aparato la posibilidad de producir sentidos lleva tiempo porque el sujeto tiene que tener confianza en la propuesta, que no sea recepcionada portando dobles mensajes encubiertos.

En este escenario y en consonancia con la ley, se apuntó a  promover el rescate de aspectos tróficos, hacer viable  una  institución  penitenciaria  con  efectos  clínicos. Desde el paradigma de la vulnerabilidad era fundamental crear y sostener encuadres firmes como holding en el que la función clínica pudiera propiciarse para luego –desde allí- contextuar y trabajar los diversos emergentes (institucionales, grupales, personales).

Desde una concepción no solipsista de sujeto y por la índole multidimensional de la problemática se interviene a nivel de:

  • la dinámica institucional cotidiana (guardiacárceles, autoridades del penal, etc.)
  • los internos:

    • Individual: contensión, apoyatura psicológica, asistencia.
    • Grupal: talleres de reflexión y convivencia semanal en cada  pabellón.
    • Familiar: proyecto interdisciplinario con los Asistentes Sociales de la institución y con profesionales del Patronato de Liberados.

En este campo psicológico  -inconmensurable territorio del mal y del infortunio, de la miseria humana (psíquica y económica)- los interjuegos T-C adquieren alta intensidad gravitando a veces casi apocalípticamente sobre la pulsión epistemofílica que rige el deseo de ser analista. El trabajo con sujetos legalmente declarados delincuentes peticiona el anclaje en un encuadre interno (Alizade, 2002) que los albergue y le dé fisonomía humana El sostenimiento del trípode psicoanalítico es clave para edificar los basamentos éticos y deontológicos preservándonos de connivencias y colusiones.

Se intenta construir en la institución un clima transferencial hacia un espacio donde sea factible el "encuentro" a pesar de las semejanzas y las diferencias. También nos "encontramos" con discursos donde el trabajo no puede hacerse mas que en la dimensión de lo negativo, siendo Green (1993) quien mucho ha aportado acerca de esta capacidad del psiquismo  Mientras se espera el momento de la obtención de la libertad, también puede haber tiempo para reivindicar la singularidad, para salir(se) de automatismos iatrogénicos, la apatía y la resignación frustrada.

No se puede desconocer el poder de las circunstancias sociales, la  realidad material y objetiva, pero un psicoanalista trabaja con la realidad psíquica y como tal en cada quien tiene que ser considerada material de análisis. Escuchamos, vivenciamos y pensamos fenómenos psíquicos en su singularidad para que devengan intervenciones figurativas,  deconstrucciones, etc. con alcances clínicos. El trabajo terapéutico princep se enmarca en la constante consolidación de investiduras, validando el sufrimiento del sujeto; no con-validando las formas de expresarlo para intentar convertirlo en material pensable, simbolizable cuidando no enlazar reflexión con aristas del castigo. Labor nada sencilla, requiriendo adherir a una concepción de organización psíquica relativamente abierta a nuevas inscripciones, reinscripciones, como soportes de nuevos sentidos para mostrar otros caminos y realidades posibles. A través del pensar, sentir, expresar, cualificar su interioridad mediante la palabra ante una escucha subjetivante se daría la oportunidad de ligar pulsionalidades, sostiéndose la renuncia pulsional, la renuncia a ideales por identificaciones patógenas a cambio de 'ser humano' y acceder a la cultura. Se ofrecen propuestas que estimulen reparación, sublimación, adquiriendo otro sentido el hacer y aprender.

Se concibió la complejización progresiva del funcionamiento psíquico, su potencialidad de trans-formación y reorganización del funcionamiento del psiquismo desde el encuentro y la inter-relación con posibilidades organizativas de los recursos y potencialidades psicológicas hacia realizaciones mas elevadas de la mente respondientes a las pulsiones de autoconservación. García Badaracco (2005) habla de "virtualidad sana potencial"  existiendo siempre que se la sepa despertar.  Agrega que es necesario que el analista esté investido como alguien que -contando con él-  el Yo pueda desplegar recursos  propios que no tenía. Desde una concepción vital de campo transfero-contratransferencial portando causalidad pulsional al servicio de Eros, el analista asume una función mediadora temporal, provisional (Kancyper, 2005) creando lugares objetales. Se destacan las consideraciones que Kaes (1999) hace respecto a  la subjetividad del otro en estrecha conexión con la teoría del apuntalamiento en momentos de menoscabo de las constituciones subjetivas en el que se ha trans-figurado la condición de sujeto.

Reportarnos a aportes postfreudianos permite remitirnos a la praxis con remodelaciones respecto a los modos de pensar  el sufrimiento.  Ante la necesariedad de referentes teóricos que orienten la escucha en teorización flotante (Aulagnier, 1984) vienen al encuentro conceptualizaciones tales como la de apego a lo negativo (Anzieu);  los esclavos de la cantidad (M'Uzan);  los tres espacios-funciones: lo originario, primario y secundario (Aulagnier);  el trabajo de figurabilidad (Botella); lo sabido no pensado (Bollas); deprivación y delincuencia (Winnicott); huellas mnémicas ingobernables, zona psíquicas (Marucco); la clínica de lo abyecto (Levin de Said) y tantas otros que vienen dando continuidad a la teoría freudiana.

Para una mejor comprensión clínica de la patología del encarcelamiento no podemos conformarnos –mas allá de la intensidad que esta experiencia conlleve- con el paradigma del hombre pulsional sin escucharlo. No quedan por fuera preocupaciones relativas a la posibilidad de ejercer efectos nocivos en el sujeto con intervenciones vivenciadas como violencias al no ser tributarias a los intricados mandatos institucionales subrepticiamente patógenos (violencia legitimada, naturalizada y/o invisibilizada). La propuesta de abrir instancias terapéuticas en general es bien recepcionada por los internos al percibir que la motivación no está centrada en  historias criminológicas o en dirimir detectivescamente las veracidades o mendacidades exculpatorias de cada quien.

Fué motivo de desvelos articular esta gesta no convencional con voces discordantes sin producir cismas o atomizaciones. Sustraerse a este riesgo e iniciar una travesía esperanzada (Aulagnier, 1984) implicó asumir los embates desde el acopio libidinal del narcisismo trófico conjugado con las renuncias que inevitablemente sobrevendrían en el devenir del recorrido; renovando permanentemente la basculación mesura-desmesura del ideal (Green, 1983).

Es alentador que con el correr del tiempo en esta "tumba" (cárcel en la jerga carcelaria) haya vida, que este muro no cobije abismos, que no se aspire a sobrevivir en un medio selvático, en una horda de lobos; que las impávidas caras se transformen en rostros (que en ocasiones también sonrían) que buscan comunicación mas allá del argot carcelario con que expresan su marginalidad; que los días no desfilen implacablemente iguales; que los uniformados no canalicen imperturbablemente sus frustraciones arbitrariamente coaccionando al preso; que los profesionales logremos salir del mero ensimismamiento reflexivo-crítico y entramemos "hechos clínicos" que pondrían en evidencia la acción tran-sformadora y la eficacia nuestras herramientas. Dentro de este marco fué factible estimular nuevos contratos narcisistas (Aulagnier, 1975).  La potencialidad del sujeto para introducir elementos propios tiene convalidación clínica empírica. La experiencia sigue animando la convicción de que la inter-acción dialéctica de los universos objetivo <->subjetivo en la interioridad del ser humano puede ejercer efectos en la realidad psíquica.

Dentro de esta institución, el psicoanalista hoy es alguien confiable
.  Aunque inicialmente predomine la búsqueda de lo abreactivo, el abordaje psicológico es una decisión electiva de ellos mismos. Se vislumbra una práctica posible. Diariamente se recogen testimonios de clima transferencial hacia la tarea y respeto por el profesional en su función y en su persona. No podría hablarse de "curación" sino de sujetos que logren salir transformados (y no tras-tornados) por la experiencia a través de renovados pactos con la pulsión de vida, que amplíen el territorio de lo saludable por la activación de otras corrientes psíquicas.

Corolario: como una especie de oxímorom, emblemáticamente, en el año 2005, en esta penitenciaría fué posible poner en funcionamiento el Area de Salud Mental



EL DESVALIMIENTO EN LA CLINICA. AGRESIVIDAD EN LA NIÑEZ Y FIJACIONES ORALES
María Viviana Torres

Realizo mi trabajo de Tesis Doctoral sobre "Agresividad en la niñez". Analizo y comparo diez historias clínicas de niños entre 7 y 9 años; llegaron a consulta debido a que su comportamiento agresivo afectaba la relación con pares y adultos en la institución escolar y ponía en riesgo su promoción. El objetivo que me he propuesto es analizar la relación que la producción de las manifestaciones agresivas encuentra con la organización de la personalidad del menor. 

En este escrito me detendré solo en un aspecto, la coincidencia entre casos de la existencia de fijaciones orales y las manifestaciones afectivas relacionadas a las mismas, al comenzar el proceso diagnostico; para abrir el campo de las interrogaciones.

Si privilegiamos la observación, el estudio pormenorizado de la historia vital, escolar y familiar, es posible hacerse de elementos que contribuyen a la comprensión de las manifestaciones del menor. El vínculo que sostiene con el terapeuta –la modalidad de la transferencia-  y el análisis de las fijaciones prevalentes y defensas dominantes facilita la comprensión del camino de estructuración que lleva el niño, a la vez que permite un posicionamiento distinto del adulto en aras de auxiliarlo. Si quisiéramos con estas herramientas agruparlos para su estudio, nos encontramos con que en un mismo paciente coexisten diferentes rasgos combinados (histéricos, depresivos, obsesivos, etc.) y que su estructura esta en movimiento, no se encuentra consolidada; con lo cual tampoco es posible  agruparlos en relación a sus manifestaciones, conflictos, o defensas en forma definitiva, es por eso que inicio la pesquisa de fijaciones orales, anales y fálicas y sus correspondientes manifestaciones en forma separada, a la hora de hacer la correlación entre casos.

La fijación aparece en la obra Freudiana con dos valores: 1) genera orden y complejización pulsional y psíquica; 2) introduce y perpetúa el desorden, es desestructurante y conduce a la inercia psíquica y económica. Uno u otro carácter depende del tipo de vivencia al cual se dio la fijación: sea de placer, de satisfacción o de dolor. Freud refirió que cuando ocurre una vivencia de dolor es posible realizar una contrainvestidura como forma de neutralizar el trauma. La contrainvestidura puede o no ser exitosa. Resulta exitosa cuando el yo cuenta con residuos –huellas mnémicas- de vivencias placenteras.  Tomar en cuenta las vivencias y sus procesamientos implica considerar la mayor o menor riqueza de recursos yoicos para el procesamiento del trauma que el sujeto posee. Si bien en ninguno de los casos estudiados es posible determinar un destete traumático, tal vez la vivencia dolorosa puede haber resultado el hecho de requerir del asistente la palabra que abra el campo de utilización de otros recursos para alimentarse o calmarse y no encontrarlo.  La prolongación de la lactancia y de ausencia de interlocutor activo que calme y consuele; describe la situación de los menores en relación del maternaje, de la humanización de sus pulsiones y de la ausencia de un adulto que ofreciera los instrumentos necesarios para hacer el pasaje a la palabra como modo de abrir el camino para la construcción de un universo compartido.

Conocer la fijación libidinal implica tomar en consideración cada zona erógena, su goce específico, el mundo sensorial y motriz que la representa y las vivencias inherentes a las mismas. El vivenciar, a su vez, depende del reordenamiento del mundo a partir de procesos endopsíquicos y vinculares complejos. El esclarecimiento acerca de las fijaciones pulsional, viene de la mano de la pregunta por el entramado defensivo que la subtiende.

Las fijaciones libidinales se infieren de las escenas que un paciente relata o despliega al narrar, en tanto las defensas se detectan de la posición que asume el hablante en esas escenas. Como expresión de la erogeneidad las escenas eufóricas determinan el éxito en la defensa y las disfóricas el fracaso de las mismas. Las mismas escenas narradas o desplegadas frente al terapeuta permiten estudiar no solo la relación terapéutica en su dimensión subjetiva o Inter.-subjetiva sino el devenir del tratamiento. ("Systematic resarch on psiychoanalytic concepts and clinical practice: the David Liberman algorithm (D.L.A.)" UCES, Buenos Aires (2005).)

Niños

Oralidad

Manifestaciones afectivas


Brian 8 años 2do Año

Teta: no
Mamadera: cuatro años
Succion pulgar: seis años

Retracción, llanto, tristeza, letargo.

Luis 8 años 3er. Año

Teta: dos años
Mamadera: cuatro años y medio.

Retracción, inseguridad, letargo.

Matias 8 años 3er. Año

Teta: no
Mamadera: dos años
Succión pulgar: hasta la actualidad.

Impulsividad, abulia, retracción.

Jesús 8 años 3er. Año

Teta: cuatro años
Se come las uñas.

Rabia, culpa, tristeza, sentimiento de inferioridad.

Kevin 9 años 2do. año

 

Teta: no
Mamadera: cinco años
Se come las uñas

Ansiedad, inquietud, impulso de alimentarse o tener algo en su boca en forma permanente, retracción.

Maximiliano 9 años 4to. año

Teta: 5 meses
Mamadera: 4 años

Retracción, inquietud, ansiedad, sentimiento de inferioridad.

Germán 8 años 3er. Año

Teta: no
Mamadera: cinco años
Se come las uñas

Retracción, impulsividad, ansiedad.

Alan 7 años 2do. Año

Teta: tres años
Mamadera: cuatro años.

Retracción, rabia, celos, sentimiento de inferioridad

Pablo 9 años 4to. Año

Teta: no
Mamadera: dos años
Succión su lengua, lenguaje poco desarrollado.

Retracción, abulia, sentimiento de inferioridad.

Leonardo 8 años 3er. Año

Teta: ocho meses
Mamadera: tres años

Retracción, nostalgia, rabia, culpa, tristeza, letargo, sentimiento de inferioridad.

Comentarios

Cuando determinamos el predominio del erotismo oral nos interesa ocuparnos de cómo este goce se enlaza con lo anímico. Es entonces que observamos las manifestaciones motrices y verbales; la instrumentación defensiva normal y patógena y su ensambladura posterior con el complejo de castración y edipico.  La erogeneidad oral primaria centra el goce en el chupeteo, paladear y jugar con la comida, jugar con la lengua dentro de la boca y tragar. Son movimientos activos, la pasividad remite en este erotismo a la patología: anorexia, bulimia, adicción a la comida. La garganta es el órgano comprometido por tres funciones centrales: la respiración, la alimentación y la fonación. Son las pulsiones vinculadas a estados de necesidad orgánica las que invisten esa zona. Las incitaciones sensoriales intracorporales (dolor, replesión, equilibrio, las quinestésicas y cenestésicas) y las mixtas (gustativas, olfativas y táctiles) constituyen el mundo sensorial que se nutre de estímulos internos y externos y se rige entonces por el criterio de alteración interna, vinculada a la erogeneidad intrasomática y el de la acción específica relativa al apaciguamiento a través del mundo exterior.

Cuando la atención se dirige hacía el mundo y organiza las actividades sensoriales y motrices; de lo que percibimos, el aparato anímico discrimina frecuencias -cuantitativas- y cualidades. Los estados afectivos que caracterizan al erotismo oral primario remiten al dolor, la furia, la angustia producida por el terror y el pánico. El pánico corresponde a la angustia ligada a la fragmentación del cuerpo ante la perdida de cohesión.  Al estado de terror se corresponde la parálisis motriz. El desempeño motriz de esta etapa esta ligado a la actividad perceptiva y a la gesticularidad que hace aparecer o desaparecer objetos con la mirada, un movimiento de dedos, emitir sonidos, o mover los pies; soplar como modo de alejar o hacer desaparecer; a moverse para sacar conclusiones o girar la cabeza de derecha a izquierda como forma de comunicar su grado de inclusión en la interacción o indicar a alguien algo. La furia se expresa en el terreno del desempeño motriz que gobierna la percepción.

El chupeteo que en los casos analizados aparece hasta edades avanzadas: vinculado a la alimentación; o comprometiendo a la lengua (con fines autocalmentes y/o de retracción), los dedos, los objetos, el lápiz, el puño, la corbata del delantal en el jardín de infantes, la ropa en general; tanto  cuando suspende como cuando produce la ligazón vista / oído / tacto, caracterizan al predominio de la erogeneidad oral primaria. En el estadio oral el niño desplaza la oralidad a todas partes y precisamente, son las manos las que como una boca, agarran, sueltan, y hablan. (Dolto, 1987. Pag.25) Cuando la oralidad se encuentra transferida sobre objetos que son agredidos con los dientes: despedazar, tirar, desparramar, juntar, separar, romper; o desgarra con las manos tal como lo hace con la boca, nos encontramos frente al predominio de erótica oral secundaria. El juego, las expresiones gestuales y verbales que aluden al hecho de llenar y vaciar, remiten a la zona bucal, faringeo, laringeo y se asocian a las imágenes del vientre, a imágenes digestivas (Doltó, F. (1978) La Imagen Inconsciente del Cuerpo).

En tanto el erotismo oral secundario encuentra su manifestación en la combinación entre nostalgia, rabia, culpa y sentimientos de inferioridad. También en el tono de tristeza, la ausencia de fuerza para participar, el letargo y su expresión oral o actitudinal (refiere tristeza, dolor o soportar; estados como "estoy pensando"). En la combinatoria entre las fijaciones oral secundaria y anal primaria se van potenciando los sentimientos de injusticia con los sentimientos de desamor recíprocamente y eso crea una escalada muy difícil de procesar. En algunos casos remite a las primeras corrientes empáticas desarrolladas con su madre en las que probablemente, cuando reclamaban amor se encontraban con sentimientos de injusticia.

Cuando las pulsiones anales y orales no quedan simbolizadas, expresadas en palabras y juegos o en acciones creativas suelen aparecer como elementos y formas aisladas. Así, la tendencia a acumular, que lleva incluso para Doltó consonancias fetales de una ética vampirezca, las de aumentar la masa carnal, se relaciona con la expectación vigilante del niño que mira todo a su alrededor, con ojos inquietos, o con cierta expectativa angustiante producto del hecho de no poder apoderarse  del contexto o relacionarse con él. El lenguaje que denominamos de "acción" y "actuación" caracteriza a los niños que organizan sus prácticas privilegiando la satisfacción de su impulso destructivo, a quienes descarga en forma inmediata y directa. En general son niños que tienen dificultades para organizar su pensamiento y repiten una historia de decepción y voracidad que suele organizar incluso el espacio de la consulta.

Las escenas del lenguaje que caracterizan al erotismo oral primario enfatizan el pensar abstracto; si incluyen el pensar concreto adhieren una crítica burlona. Las frases son en clave o ambiguas. Utilizan verbos que aluden a estados, por ejemplo "estar", a cualidades de los objetos, a localizaciones espaciales o a funciones como los que aluden a desplazamientos espaciales (ir, venir, caer, subir) extractivos (sacar conclusiones, extraer líquidos) o a representaciones cognitivas.

Al re-construir la historia de vida de los niños vamos ligando los diferentes accidentes, los momentos de soledad o retracción de sus padres o aquellos en los que han estado preocupados u ocupados en resolver problemas laborales, económicos, financieros o de salud de ellos, de otros hijos o de sus progenitores. Sus problemas para percibir y discriminar estímulos mundanos y su modalidad de conexión con el mundo sensorial y afectivo. Dificultades que se suceden en simultáneo a la estructuración psíquica del niño; en un momento en que no puede discriminar si los rostros ajenos o doloridos de sus padres, tienen que ver con ellos o con otras cuestiones. Surgen también, las identificaciones cruzadas con familiares que no son respetados o queridos por los padres, o con aspectos de los padres que ellos no han asimilados para sí mismos.



EL MECANISMO DE LA DESMENTIDA Y LA ENFERMEDAD TERMINAL
Silvia Stifelman Katz

Usted, que está en la tercera década de la vida, ¿piensa de vez en cuando en su propia muerte?, ¿Piensa usted en ella tanto como sus padres o abuelos parecen pensar? ¿Qué haría si se estuviera sintiendo amenazado por un proceso incontrolable en su cuerpo como si, diariamente, despertara con un arma apuntada hacia su cabeza? ¿Cómo reaccionaría si estuviera empezando a concretar todos sus planes y sueños de vida y, de repente, sintiera que podría ser excluido de sus propias conquistas?

No hay una sola manera de encarar la proximidad de la muerte, y las actitudes de las personas con relación a ella reflejan su personalidad y experiencia de vida.

Recientemente acompañé, durante cinco años, a una joven mujer de 31 años, que un año después del nacimiento de su segundo hijo, descubrió que estaba enferma con un cáncer verdaderamente invasor y que luchó mucho para vivir hasta el fin, valiéndose, principalmente, de un mecanismo de defensa denominado desmentida.

Pretendo, con este trabajo, revisar el concepto de desmentida y exponer, a través de un caso clínico, cómo se utiliza este mecanismo a favor de la pulsión de vida.

La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross (1969, 1970) definió cinco etapas por las cuales pasan los enfermos terminales:

  1. negación,
  2. rabia,
  3. negociar por tiempo extra,
  4. depresión y
  5. aceptación. Dentro de esta clasificación, la desmentida correspondería a la primera etapa, que describe como negación, que en los diccionarios de psicoanálisis no son sinónimos.

Desmentida es un mecanismo utilizado por el yo ante una realidad que le resulta intolerable.

La desmentida no consigue ser absoluta, pues siempre la realidad, inclusive la que específicamente se quiere desmentir, es en parte percibida. Esto implica una escisión del yo preconsciente, por la cual una de las partes acepta una afirmación contradictoria con el juicio de la otra. Se trata de una escisión que, como efecto, organiza de modo peculiar el preconsciente y le da, a cada una de sus partes, destinos distintos. (Valls)

En la desmentida, el preconsciente queda al servicio de un yo-placer purificado que sufrió un trauma. Freud (1925h) (Maldavsky) sostiene que al yo-placer corresponde al juicio de atribución (que atribuye o no atribuye una propiedad: buena o mala, útil o perjudicial a una cosa). Para el yo-placer purificado, lo desagradable es no-yo, y por esto su destino es la no-existencia como consecuencia del odio, mientras que sólo lo investido como yo es entendido como ser.  En este caso, la realidad intolerable es desagradable y, por lo tanto, queda fuera del yo.
Como efecto, la desmentida pretende sostener al ser, al sentimiento de sí.

Freud (1927d, 1940a) (Maldavsky) afirmó que ante el registro de una percepción traumática, un mecanismo fundamental del yo para preservarse de la desorganización, es la desmentida. Clásicamente, destacó (1925j) (Maldavsky) su importancia tanto para el niño, durante su desarrollo emocional al registrar la falta de pene en la mujer en la fase fálica, como también para la niña, al registrar esta diferencia de sexos, aunque en este caso la desmentida no opera en relación con la percepción del objeto, sino en relación con la percepción del propio cuerpo. Por otro lado, sustentó que la desmentida puede ocurrir también ante la realidad de la muerte de un progenitor.

El montaje del mecanismo de desmentida incluye, pues, dos componentes, uno de ellos relacionado al rechazo de un juicio, y el otro, a la transformación de una supuesta realidad, de tal modo que corrobore la falsedad de la afirmación traumatizante.

En situaciones de enfermedad terminal, como la de la paciente que acompañé, muchas veces se observa que se usa la desmentida como una mejor forma de adaptación a la vida, siendo que en esos casos la consideramos como una desmentida funcional, que está relacionada a la pulsión de vida. En el caso clásico del fetichismo, la desmentida es patológica y está relacionada a la pulsión de muerte.

Camila, como llamaré a la paciente, buscó psicoterapia inmediatamente después de la cirugía que le extirpó el tumor, y antes de iniciar la quimioterapia. Estaba casada con su amor y compañero de la adolescencia, un joven profesional en pleno ascenso, tenían dos hijos pequeños y ella estaba iniciando un trabajo promisorio. A pesar de una ansiedad latente, desde el inicio mostró mucho coraje y gran esperanza en su recuperación; en los únicos momentos que se observaba alguna depresión era por el efecto colateral de la quimioterapia, sentimiento que hasta entonces ella desconocía y que yo se lo nombré. Continuó trabajando en su negocio, sólo interrumpiendo por cortos espacios de tiempo, en los días que se seguían a la aplicación de la quimioterapia.

Es importante destacar que en ningún momento, desde el inicio hasta el final, la paciente desconsideró la importancia del tratamiento oncológico y de la continuidad del acompañamiento; lo que ella desmentía era la gravedad de su enfermedad, cuya consciencia se quedaba a cargo de sus familiares.

Durante los dos primeros años, Camila presentó buenos resultados en sus exámenes, que eran esperados con mucha ansiedad y continuó llevando la misma vida de antes.

En ocasión de las evaluaciones del tercer año, aparecieron las primeras metástasis óseas. Cuando el oncólogo le comunicó la situación y el hecho de que tendría que someterse nuevamente a quimioterapia, la primera reacción que Camila tuvo fue preguntar si perdería el cabello, el médico respondió que posiblemente no con ese tratamiento, a lo que ella reaccionó con vibración en aquel momento, según su propio relato. Este fue un ejemplo claro de su escisión del yo, recurso que continuó usando siempre, desmintiendo el hecho de que la enfermedad estaba evolucionando e invadiendo otras áreas de su cuerpo.

A partir de este momento Camila dejó el trabajo y pasó a dedicar mucho de su tiempo para sí misma, ocupándose con varias especies de ayudas alternativas. Pero la convicción en su recuperación era inmensa y cada vez que los tratamientos oncológicos mostraban buenos resultados sintomáticos, su esperanza se incrementaba.

En una ocasión, habiendo ido a hacerse una revisión con el ginecólogo, el mismo le dio una “prescripción” que ella apreció y me mostró en la consulta, desmintiendo claramente el sentido de la misma. En ella estaba escrita la dirección de un restaurante en París. Al leer la “prescripción” yo sentí un malestar, pues fui capaz de leer entrelíneas de esa dirección: “no hay remedio para prescribir; aprovecha el poco tiempo de vida yendo un buen restaurante francés”.

De un modo general, en los intervalos de los tratamientos, Camila se sentía bien físicamente, le gustaba hacer cursos, gimnasia, masajes, divertirse, viajar, inclusive a lugares distantes. Organizó una gran fiesta de 35 años, a la cual se dedicó mucho y con la que se sintió muy feliz.

En los exámenes siguientes la metástasis ósea se había extendido significativamente, pero el oncólogo no le mintió, sin embargo le ocultó la extensión del problema, pues con ello conseguía transmitirle lo que ella quería o podía oír. La impresión que yo tenía, a través de lo que ella me contaba, es que el oncólogo le comunicaba lo que estaba ocurriendo sin invadirla con la verdad sin piedad, y ella se limitaba a entender lo que quería y a no cuestionar el futuro.

Pocos meses antes del fin, cuando Camila se preparaba para viajar e ir al encuentro de su marido que estaba haciendo un curso en el exterior por un mes, aparecieron síntomas neurológicos. En la consulta con el oncólogo, el médico en su presencia llamó a su marido para decirle que volviera a su casa. Camila se quedó muy ansiosa y a la salida del consultorio, acompañada de su madre, al cruzar una avenida cuenta lo que pensó: “porqué no me muero ahora  atropellada por un autobús, así acaba todo de una vez; mi marido podrá rehacer su vida, mis hijos con el tiempo, superarán el problema y yo no tengo que pasar por toda esta espera”. Ese, tal vez, fue uno de los pocos momentos en que el discurso de la paciente reveló un yo integrado y consciente de lo que estaba pasando. También se puede entender, a través de este fragmento, la necesidad de desmentir la realidad, pues ésta despertaba una ansiedad insoportable, la ansiedad de reconocer la proximidad de su muerte.

Los tratamientos continuaron aliviando su dolor físico, pero, en este momento, me di cuenta de que era hora de que yo supiera la realidad de su situación hablando con su oncólogo, y entonces, entré en contacto por primera vez con él, quien me informó: “es el inicio del fin”. Me dijo también: “es muy difícil lidiar con Camila, pues ella lo niega mucho.” Algunos profesionales de salud creen que fracasaron si no consiguen llevar al paciente al estado final de aceptación de la enfermedad. Hasta este momento, yo había preferido acompañar las ideas de la paciente sobre su evolución, y ser cómplice de su desmentida. Para ella, reforzar su defensa era cuestión fundamental para que se mantuviera más organizada para poder soportar psíquicamente su estado físico.

En sus últimos meses de vida, continuaba luchando bravamente, acompañada por la desmentida. Todavía conseguía mantenerse activa y vanidosa como siempre fue. Medicada, se mantuvo sin los síntomas neurológicos, lo que hizo que revivieran sus esperanzas. Un día se acordó de una vecina que un año antes se había muerto con metástasis al cerebro y se preocupó por unos instantes, pero enseguida se defendió: “ah, pero ella estaba infeliz, no se llevaba bien con su marido, su hija estaba lejos, en un país distante...”, encontrando siempre un argumento dónde agarrarse para justificar su esperanza.

Finalmente, sus últimos movimientos fueron de gran actividad con relación a la organización de su casa. Limpió todos los armarios, deshaciéndose de todo lo que no quería más. Un día apareció en mi consultorio con varios objetos dentro de una bolsa que le recordaban la enfermedad; quería mostrarmelos antes de donarlos a una institución, como si estuviera exorcizando la enfermedad de su casa. Había, entre otras cosas, una peluca que usó en ocasión de la quimioterapia, un bastón, una especie de “tabla” que usó una vez cuando se rompió una pierna esquiando. Como ya no podía conducir y por sugerencia de su oncólogo, seleccionó a un chofer de confianza para llevar a sus hijos, dejando todo organizado.

Morir, así como vivir, es una experiencia individual. Para algunas personas, la desmentida puede ser un modo más saludable de enfrentar la muerte que la calmada aceptación. Vivir la proximidad de la muerte puede ser un dolor insoportable de ser admitido cuando se está en el momento de construcción de una historia, en la línea ascendente de la vida y, en general, no se piensa con comprensión en la muerte. Y nosotros, los psicoanalistas, acostumbrados a ayudar a los pacientes a reflexionar sobre su realidad interna y externa, a conocer sus defensas y aprender a lidiar con las vicisitudes de su vida, podremos ser mucho más útiles si somos capaces de usar nuestro conocimiento para comprender que lo más terapéutico es ser continentes y aceptar que, en casos como este, la desmentida puede ayudar a un paciente terminal a vivir hasta la muerte.
           
Bibliografia:

  • Papalia, Diane E., Olds, Sally W. Desenvolvimento Humano: Artmed, Porto Alegre, 2000.

  • Maldavsky, David. El complejo de Edipo positivo: constitución y transformaciones, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1980.

  • Maldavsky, David. Estruturas Narcisistas, constituição e transformações: Imago Editora, Rio de Janeiro, 1992.

  • Valls, José Luis. Diccionario Freudiano, Julian Yebenes, S.A., Colección Continente/Contenido, dirigido por la Dra. Mercedes Velo.

* Silvia Stifelman Katz
Psiquiatra da Fundação Universitária Mario Martins – Porto Alegre – Brasil
Psicanalista da Sociedade Brasileira de Psicanálise de Porto Alegre – Brasil
Aluna da Maestria em Problemas y Patologias del Desvalimiento do Instituto de Altos Estúdios em Psicologia y Ciencias Sociais (UCES) em Porto Alegre – Brasil

e-mail:
skatz@terra.com.br



COMENTADORA: Ana María Britti

Desvalimiento y trabajo carcelario
El tema fue de sumo interés y originalidad. La propuesta sale de los cánones convencionales a los que estamos acostumbrados los analistas, pues se realizó la experiencia en un instituto carcelario.

El objetivo es lograr la mejor adaptación al medio, donde les toca estar por años, mediante el fortalecimiento del  yo respecto a si mismo y al entorno carcelario.Para ello la expositora utiliza en su experiencia diferentes instrumentos psicológicos, integrando a las familias y a los guardiacárceles. Se trabaja con el intercambio verbal y con talleres de diferente tipo desarrollando manualidades.
Como lo dijo la licenciada que expuso el tema,  el objetivo es que salgan trans-formados y no trans-tornados.

Para lograr el objetivo se trabajan distintas realidades de las que participa  el preso  (incluyendo  el vínculo con los guardiacárceles), los ritmos y trabajos que impone la institución, y la familia. Sobre estos tres pivotes la expositora intenta abordar la problemática.

Los colegas que asistieron al encuentro se mostraron muy interesados y debatieron sobre la posibilidad de extender la experiencias a otras instituciones similares.

El mecanismo de la Desmentida en una enfermedad terminal
El trabajo resultó muy esclarecedor de los problemas clínicos con los que nos encontramos a veces, en la clínica de pacientes terminales.

El objetivo del tratamiento era acompañar a una paciente jóven hasta su muerte. En este caso el uso de la Desmentida fue funcional y exitosa para el tratamiento y pudo ser  usada por la terapeuta  a los fines de lograr un tratamiento eficaz
Se hace notar que la terapeuta desde el inicio pudo captar esta necesidad de la paciente y el beneficio de la defensa en estos casos con la finalidad de que la paciente atraviese el período que la llevaría hacia la muerte.

Se constituyó un intercambio con los integrantes de la mesa que estuvieron de acuerdo con el plan terapéutico.

Las preguntas fueron dirigidas a la calidad de vida que la paciente pudo lograr tanto
orgánica como emocionalmente, dentro de los Iímites que impuso la enfermedad.

La agresividad en la niñez y las fijaciones orales
La expositora expuso con claridad los conceptos sobre erogeneidades prevalentes en los niños de 7 y 9 años con trastornos agresivos

Se centró más en fijaciones orales exponiendo que éstas cuando son patológicas se debe a la falta de empatía de los progenitores.

Fue un trabajo claro que despertó el debate en cuanto al abordaje clínico con estos niños.

La autora expresó que trabaja con los niños y  con su familia La escuela está presente también, intentando interrelacionar los espacios donde se mueve el niño. Aclaró la expositora que estaba en proceso de creación de instrumentos nuevos para este abordaje.

Las preguntas de los integrantes de la mesa fueron dirigidas al trabajo clínico  y a los objetivos terapéuticos con estos niños.


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