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    Acta Junio - Agosto 2005
 

Se revisa material bibliográfico de Paul Denis y se discuten cuestiones técnicas y teóricas relacionadas al mismo, que son transcriptas en este acta, intercaladas con el material revisado.

Paul Denis rescata, además de fuente, empuje, fin y objeto, los medios de la pulsión por los cuales ésta alcanza su objeto que para él puede ser en dominio o en satisfacción , con una diferencia cualitativa. La libido dispone de dos clases de vías, a través de las cuales puede investir o investirse: en dominio o en satisfacción. Hay pacientes como lo que vamos a plantear, que sabemos que sólo pueden investir en dominio. Y que la experiencia de satisfacción aún no habida, está en acecho. La inscripción de la representación es posible sólo si hay anudamiento de los dos investimientos en el objeto (del investimiento en dominio articulado con el investimiento en satisfacción). En cambio si no, queda en la repetición incesante de más de lo mismo en términos imaginarios, tal como podemos observar en situaciones graves de nuestra práctica clínica.

La pulsión, nos dice Denis, es un movimiento libidinal que congrega una combinación de investimientos libidinales complementarios. La ligazón de las experiencias investidas en dominio y en satisfacción, deja como resultado la experiencia de satisfacción Ya no es pura descarga. Retoma también la posibilidad de la desunión de distintos componentes, abre la posibilidad de desligarse, de desunirse, lo que nos permite pensar si un paciente tiene clivado el investimiento del dominio y de la satisfacción. La posibilidad de pensar que hay dos movimientos diferenciados, uno del investimiento en dominio, y otro movimiento en satisfacción, genera variadas aperturas clínicas.

Desde Winnicott debe haber la presencia objetiva de la madre como singularidad; también siguiendo a Roussillon me enfrento con la subjetividad del otro, que me permite inscribir una experiencia de satisfacción, siendo la experiencia de satisfacción compartida. Está remarcando la necesidad de que haya una respuesta efectiva y afectiva del objeto en persona, involucrando la subjetividad del objeto; entendemos, cuando vamos a ver situaciones muy primarias que estas no son ajenas a una experiencia primaria en la cual no estuvo presente la subjetividad del objeto.

A partir de la observación de situaciones graves de nuestra práctica clínica podemos inferir una experiencia primaria en la que la subjetividad del objeto no estuvo presente, interfiriendo el acceso a una experiencia de satisfacción. En algunos cuadros graves es común encontrarse con una madre cuya presencia física objetiva estuvo asegurada, no así su presencia psíquica

Caso clínico- (A) Paciente que vive un tipo de vertiginosidad, en estado permanente de acelere, sin registro del tiempo, pertenece al mundo corporativo, vive en muchos países y es una persona que inmediatamente le encuentra la solución a los problemas del otro, se anticipa, no puede evitar estar en sintonía telepática con el otro, porque eso lo hace ser de alguna manera. Él está construyendo al objeto todo el tiempo. Está permanentemente pendiente de qué es lo que necesita el otro para ir y ofrecérselo, al mismo tiempo que lo manipula. No puede dejar de hacer porque el investimiento en dominio es lo que le permite sobrevivir. Tiene el orgullo narcisista de un sobreviviente y existe a través del otro.

Según Roussillon, muchos pacientes como estos llegan al principio de placer pero no a la experiencia de satisfacción, y si pensamos que la compulsión a la repetición lo toma como un tercer principio del retorno de lo aún no subjetivado, lo que está a la búsqueda es la experiencia de satisfacción aún no habida .

El componente de dominio es básicamente activo, y según P Denis es al momento pasivo propio de la satisfacción al que no pueden acceder.

Pacientes como el que describimos no podemos imaginarlos pasivos porque es aterrador para ellos, no pueden parar la motricidad. Como técnica con estos pacientes, propone E. Grinspon trabajar permanentemente a partir de la subjetividad tansferencial, sobre los propios recuerdos, vivencias, y preocupaciones. Un paciente cuando habla, lo hace en un contexto, ante alguien y en un vínculo. Uno sabe que está imperando el dominio, que él no puede más que eso; en el caso relatado es un manipulador, que hace un uso pervertido de los vínculos, hay cierto triunfo en la aprehensión del objeto

La estrategia de sobrevida es una estrategia que permite sostener al único objeto necesario que es el yo, es decir, tener la posibilidad de la continuidad narcisista. Son sobrevivientes que usan al analista para, al argumentar con el otro, mantener a ese yo vivo. A partir de esa historia tratamos de ver en qué quiebre registrado desde la subjetividad transferencial podemos inferir algún tipo de pedido donde poder incluirse y ver algo de la experiencia de satisfacción en acecho aún no habido.

Hay un objeto que sabemos que él no puede negociar, que es su existencia narcisista, por eso Roussillon las define como “patologías identitarias narcisistas”.

Paul Denis diferencia dos puntos de fijación : uno dinámico , cuando habita la experiencia de satisfacción; otro depresivo , en el que predomina sólo el investimiento en domino, que tiende al agotamiento, en un clima donde impera la calma, (diferenciando calma de satisfacción) y correspondería a lo que Rousillon y Anzieu llamaron apego al negativo del objeto ,

Recordamos que Roussillon sostiene que para llegar a inscribir la experiencia de satisfacción debe haber un encuentro con la subjetividad del objeto, experiencia que deja un resto y permite su inscripción.

El planteo freudiano, a través de la lectura de D.Maldavsky sostiene que existiría la necesidad de articular las pulsiones de autoconservación y las pulsiones sexuales. Las pulsiones sexuales por sí mismas, sabemos que pueden fácilmente quedar a merced de la pulsión de muerte, pasar más allá. En cambio, cuando se intrincan con pulsiones de autoconservación eso les permite mantenerse mucho más ligadas a Eros; entonces hay pulsiones que son las que están vinculadas con la percepción y la motricidad, la pulsión de ver, la de aferrar, que resulten muy importantes en este camino de ligar libido y autoconservación, porque el interés propio de la investidura de la pulsión de autoconservación está totalmente vinculado con la percepción y la motricidad. Cuando no hay vivencia de satisfacción, o sea, no se alcanza la vivencia de placer adecuadamente, lo que queda es la vivencia de dolor. Se sustituye la falta de contenido aportado con la vivencia de placer por una actividad del yo, motriz o perceptiva , entonces el hacer resulta una formación sustitutiva frente al dolor, a la ausencia.

En estos casos pulsiones de autoconservación y pulsiones sexuales están desarticuladas. Las pulsiones sexuales encuentran su objeto pero fácilmente caen en el goce; lo que las mantiene en el rango de placer son las pulsiones de autoconservación que exigen la prueba de realidad. No se contentan, en el caso por ej de las pulsiones orales, con “chupar en el vacío”, exigen que haya un objeto concreto y real, el pecho materno, por eso la pulsión se construye, porque tiene que encontrar sus objetos y sus metas. El ej. más sencillo es el del chico cuando se chupa un dedo. Lo hace para obtener placer y en un momento dado tiene que dejar de chuparlo para obtener el objeto para las pulsiones de autoconservación, pero si sigue chupándose el dedo porque el objeto para autoconservación no aparece, ese placer deja de serlo. Es un dominio que está como desgajado del placer, es una inscripción permanente de la vivencia de dolor. No del dolor, sino de la vivencia de dolor, porque si hubiera dolor no habría ni siquiera esta contrainvestidura que es el dominio.

Hay una posibilidad de hacerse dueño de la vivencia de satisfacción que tiene que ver con verse en los ojos de la madre y la madre tiene que darse a ver en posición pasiva, dejarse ver por la mirada activa del bebé. Si la mamá le impone su propia actividad, su propio dominio entra dentro del bebé, desarticulando la fuente pulsional.

Recortamos algunos conceptos que surgen de la lectura del texto de Paul Denis:
Retoma de Freud los conceptos de imitación e identificación. Introducir la doble constitución de la pulsión en el examen del mecanismo de identificación, conduce a considerar dos polos en la identificación: uno introyectivo y el otro imitante. El polo introyectivo está ligado al registro de la satisfacción. El polo imitativo al funcionamiento en dominio del aparato psíquico.

Asigna a la imitación un rol en la constitución del yo. Considera la existencia de imitaciones primarias , de la misma manera que se habla de identificaciones prim arias . Originalmente la imitación aparece unida a la percepción en lo que la percepción primitiva es físicamente imitativa. En efecto, percibiría más las modificaciones de su cuerpo que responde al estímulo que al estímulo mismo y habría una comunidad de la percepción física y de la imitación que conduce a la percepción imitativa, es decir, a la provocación del chico mismo de percepciones reproduciendo un estímulo buscado. El ejercicio de esta autoestimulación a la búsqueda de una percepción idéntica a aquella producida por la presencia del objeto y que constituye la imitación, está implícita en Freud pero ella sin embargo es englobada y ha desaparecido en el conjunto de los autoerotismos. El brillo de la búsqueda del placer ha escamoteado la actividad de dominio que sostiene.

Estos conceptos nos permiten pensar que hay pacientes que funcionan solo en el registro del dominio del polo imitativo, que no tienen acceso ni a la experiencia de satisfacción ni a una identificación posible, pero que están en un vínculo transferencial y que a partir de eso que es lo máximo que pueden, podemos lograr construir la experiencia de satisfacción aun no habida, desde el dolor, la vivencia de dolor, y desde ahí vemos como se puede acceder a algo del orden de la identificación.

Continuamos con P Denis: Estamos en búsqueda del objeto, en ese primer movimiento subjetivo, invistiéndose de vida. El aparato receptor de domino no es pasivo sino que activamente busca ser enunciador de la satisfacción. Hay una promesa de satisfacción del movimiento pulsional. Las actividades de autodominio, las percepciones imitativas conducen a actividades autoeróticas propiamente dichas. El autoerotismo es lo logrado. Si predomina un régimen de frustración se tiende a reforzar y hacer durar más tiempo de lo que deberían estas percepciones imitativas. Se produce la transformación de este modelo: imitar para percibir en imitar para ser, imitar a fines de ser. Es útil recordar que no se instaura en presencia del objeto sino en su ausencia y, a causa de esta ausencia su meta parece ser el restablecimiento de manera mágica y todopoderosa de esta fusión del yo y del objeto.

A partir de esta lectura se plantea la importancia de la imitación de las líneas melódicas como el comienzo de la posibilidad de imitar los sonidos emitidos por la madre, contemporáneo de las identificaciones primarias. Esto nos permite ubicar en los pacientes a partir de las líneas melódicas algo que responde a una forma muy primaria de demanda del objeto. Analizar lo sonoro en el discurso de los pacientes, nos permite conectarnos con algo muy primario que no ha logrado articulación sintáctica

Queda pues una forma de autoestimulación, medio de lucha contra la despersonalización, manera de tener en sí una imagen del objeto, construido con ciertas de sus características perceptivas, pero mantenidas en un estado de exterioridad respecto a un sistema representativo mantenido también exterior. La imitación está del lado del acto, la identificación del lado de la representación. Esto es claro, se trata de reproducir el dominio, el objeto, para tenerlo consigo, y guardar así el sentimiento de existir.

Planteo clínico: Qué sucede con estos pacientes que no llegan a la experiencia de satisfacción, que quedan registrando sólo el dominio y viven sobreviviendo, como en el ej. clínico planteado, del paciente que vive en acción y no puede parar de actuar?

El trabajo del análisis debería apostar a intervenir para poder interferir en esa acción tendiente a la descarga. ¿Cuál es la eficacia de la palabra en esos sujetos? Necesariamente no tendrá el mismo impacto que actos del analista. Al mirarlos, percibirlos, sentirlos, e intentar generar un espacio transicional: si lo que está al acecho es la experiencia de satisfacción, en el vínculo transferencial el sostener el holding le permitirá al paciente que algo de esa experiencia quede inscripta, respecto a un sentir. Es el analista quien mantiene el ritmo, no se olvida de lo producido juntos, le va prestando temperatura, sonido… y es el propio cuerpo del analista el que está en juego absolutamente.

Se plantea la posibilidad de trabajar con técnicas expresivas y con técnicas psicodramáticas. En ambos casos se rescata el producto transferencial , ya sea psicodramático o artístico, lo que tiene un valor es que es un producto, que no es singular sino que nació en un espacio común y es testimonio de un encuentro, de un nacimiento; algo de esos sectores presubjetivos, que están en latencia tomó figurabilidad. Sin embargo en el primer caso hay un producto material concreto ( un dibujo, una escultura, etc) Surge el interrogante de si marcará alguna diferencia, especialmente en pacientes tan graves en los que todo es tan efímero, todo el tiempo a punto de deconstituirse, que exista un testimonio objetivo al cual se puede volver, recreándose el encuentro. El efecto será, menos trascendente en pacientes menos graves, porque se puede apelar al recurso de la palabra.

Seguimos a P. Denis: “El aparato corporal de apoderamiento reúne la piel y el tocar, todo lo que tiene un valor de superficie sensible y de órgano efector. El yo es una mano psíquica, tanto como una piel psíquica. Los mecanismos del yo, los medios del pensamiento, son la transposición de operaciones elaboradas en el sistema de apoderamiento, la abstracción de operaciones de apoderamiento; la pulsión de saber es en el fondo un rechazo sublimado, intelectualizado de la pulsión de apoderamiento o de dominio ( Freud, 1913).

El investimiento en dominio apunta a un objeto perdido y el investimiento en satisfacción apunta a un objeto de satisfacción construido a partir del encuentro efectivo y con el otro donde está incluida la subjetividad del otro.

El fracaso y la caída de la satisfacción alucinatoria implica la pérdida del objeto de la alucinación. Cuando cae, lo que va a ir a la búsqueda del objeto es la pulsión de domino. El dominio es el primer elemento que funda el principio de realidad”.

-Observamos en nuestra clínica otros pacientes en los que falla la agresividad , no pueden poner en juego la agresividad necesaria para ir a la búsqueda del objeto necesario: podemos pensar que son pacientes en los que no se ha desarrollado este componente de dominio . En el dominio busco aprehender al objeto, y del encuentro con el objeto surgirá la experiencia de satisfacción, que en dichos pacientes no se logra. Está dificultado el acceder a la motricidad.

Ejemplo clínico (B): Es un paciente que a los seis meses estuvo en terapia intensiva. Un paciente con un mundo desplegado en términos imaginarios, que imagina una relación afectiva con una mujer situando al analista en posición de testigo de un relato de un vínculo que en la realidad nunca se concretaba, provocándole un profundo sufrimiento. Sin embargo lo que aparentemente era sufrimiento, era la convalidación de una escena que lo mantiene vivo, es la concreción de la puesta en juego de una estrategia de sobrevida. Son pacientes que sobreviven en un alto nivel de retracción .

Otro caso(C): paciente deprimido, desvitalizado, que por mandato familiar no debería casarse ni trabajar, más allá de administrar la herencia familiar. Durante un tiempo realiza un proceso de búsqueda de trabajo. Pero luego el proceso se detiene y comienza a deprimirse, lo que genera preocupación en el analista por el grado de retracción en el que se instala.

Por alguna razón, pudo iniciar un movimiento de búsqueda en una posición más activa, pero algo se inhibe y se transforma en otra cosa., no sale al mundo como acción y se desvitaliza.

El analista recuerda las cosas que habían ido construyendo juntos, ya que el paciente no las recuerda y las dejó caer. Le pregunta qué pasaba con esas cosas mostrando como lo que tendría que haber sido acción queda en deuda . Esa acumulación de deuda muestra como sostiene un nivel de deuda necesaria para mantenerse en cierto lugar. Hay un estancamiento libidinal, una acumulación que es tóxica.

Es desde la subjetividad transferencial el modo que el analista integra desde lo propio los sectores no subjetivados del paciente y puede ir a su encuentro.

Lo que debería ser una acción en búsqueda de una experiencia de satisfacción se transforma en una estrategia masoquista donde la acción se inscribe en deuda y el yo débil mantiene en el padecer el recurso no habido. En la transferencia el analista siente y le pasa lo mismo que al paciente, pero puede apelar a otras defensas buscando otros recursos. Y desde su subjetividad intenta recuperar los sectores no desplegados del paciente viendo como poner la acción en marcha. Lo que queda perdido para el paciente, en el camino a la forclusión o la desestimación, en el analista estaba como en acecho, en latencia, y le permite preguntar por aquellos proyectos olvidados y lo trae a ese espacio que es de ambos, el paciente lo reconoce, y puede comenzar a intercambiar subjetivamente.

Desde Paul Denis hablamos de una dificultad para evocar representaciones que permitirían dirigir esa libido hacia algún lugar. Queda en deuda o queda estancada porque se han roto las representaciones. Si la pulsión de dominio está activa se puede poner en juego el criterio de realidad, renunciar a la satisfacción alucinatoria, e ir a la búsqueda del objeto en la realidad exterior, llegando a un encuentro que produce la experiencia de satisfacción y el proceso de introyección que permite la construcción del tejido de representaciones.

Paul Denis habla de la destrucción de las representaciones por desinvestidura. Pero también hay otra forma que es la destrucción por sobreinvestidura. Dice “Alguien que quisiera encontrar en un libro sin saber leer, algo que le aporte una representación podría obstinarse sobre las páginas del libro hasta destruirlo. Sobreinvestidura disociada del registro de la representación cuando toda la economía psíquica se compromete en la sobreinvestidura de dominio que se expresa a través de actos. El movimiento puede llegar hasta la destrucción radical del objeto y precisamente de aquello de lo cual el sujeto tiene necesidad”.

Creemos que se refiere a la contrainvestidura de dominio que se ejerce sobre el vacío creado por la desinvestidura de la vivencia de placer. Eso no sólo no constituye sino que además destruye los restos de la vivencia de placer. Entonces el proceso de desinvestidura es mucho más radical. No pueden parar ; cualquier movimiento tiene que tener un límite . Es una sobreinvestidura del dominio, es un exceso que además lo que logra es terminar de destruir la representación de la vivencia de placer. Si se desinviste puede haber una reinvestidura, pero cuando la defensa es la exacerbación del dominio, entonces eso borra lo anterior. Es como si se transformara la pulsión de dominio en pulsión de muerte pura, porque barre toda posibilidad.

Ahora bien, ¿cuál es el tipo de fijación en este caso?

Conocemos la fijación a la vivencia de placer que es la que determina los cuadros neuróticos. Frente a cada vivencia de satisfacción queda un resto que es eso que no puede ser satisfecho, nunca se puede volver a la primera vivencia de satisfacción, cuando la hubo. Luego se sobreinviste de tal manera que aquello nunca más puede volver a ser encontrado, entonces hay un resto, que va a activar las fantasías. Son las fantasías de los neuróticos.

En el otro extremo estaría la fijación al dolor , el trauma, lo que barre con el sistema de representaciones. Pero entre medio existe un tipo especial de fijación que es la vivencia de dolor , no es el dolor arrasante, tampoco placer, sino un dolor permanentemente en amago, donde podemos suponer una vivencia de satisfacción incompletamente inscripta. Hubo experiencia pero no hubo vivencia suficiente. Entonces, hay una fijación a la motricidad que fue acompañando esta vivencia y que viene a reemplazar el objeto de satisfacción real. Si lo pensamos en el momento constitutivo , el bebé busca la satisfacción, el objeto o es insuficiente o viene a destiempo, no le aporta la vivencia que necesita y entonces exacerba el recurso motriz , el chupeteo por ej, para generar una vivencia alucinatoria, porque el objeto no aparece. Si la frustración continúa, aumenta el chupeteo hasta algo que Freud llama frenesí de terror y pánico, o sea, que es una actividad motriz que se sostiene en el borde de una alucinación que se ha vuelto crecientemente más terrorífica. Se pierde la vivencia de placer pero además hay un exceso de motricidad y el yo queda fijado a esa motricidad, o sea, queda fijado a sí mismo, a un yo que sostiene esa situación, por eso es una defensa y por eso marca la manera en que sobrevivió.

Palabras clave: formantes de la pulsiòn, investimiento en dominio y en satisfacción, imitaciones primarias, punto de fijación dinámico y depresivo, desinvestidura- sobreinvestidura.

 


 
 
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