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    ACTAS del FORO -  Jornadas del 3-10 y 12-12-05
 

Se realizaron dos Jornadas internas de las que participaron los miembros del Foro. En la primera  se discutió acerca de lo que denominamos “espacio terapéutico no escindido”, la segunda se centró en el tema de “el secreto”.

Jornadas Foro - 03/10/05

El eje de la discusión en estas jornadas giró alrededor de una propuesta de trabajo con pacientes y familias en las que predomina el clivaje familiar de incestualidad y la defensa perversa narcisista, a la que se denominó “espacio terapéutico no escindido”. Se estableció que es un concepto que está en plena construcción, y que se hace necesario definir claramente  los diagnósticos que llevan a indicar este tipo de encuadre para abordar ciertas patologías y la manera de llevarlo a nuestra práctica clínica.

Se piensa en una espacialidad terapéutica ampliada, en donde hay un equipo de trabajo, y un contrato pactado en el que se establece la necesariedad y la  posibilidad de intercambio de información entre los distintos terapeutas (en individual, familiar, de pareja, etc.) Es un equipo el que encara el tratamiento, no se preserva el material de uno y otro espacio, sino que los analistas administran el mismo, viendo la conveniencia de incluir en cada momento determinada información o modalidad de trabajo. En perversiones  la derivación e inclusión de otros analistas opera  como contención,  el trabajo conjunto hace las veces de  un yo piel familiar que no llegó a construirse; estamos en presencia de un déficit del continente el cual es necesario en problemas de estructuración del narcisismo.

A partir de estos conceptos surgen diversos temas a reflexionar:

1 - Definir un  diagnóstico


En familia y en parejas, en las que los mecanismos de clivaje y las escisiones son una marca, predominando lo no dicho, el secreto y lo oculto, el espacio terapéutico no escindido sería una indicación.

En familias  donde predominan situaciones de desbordes y pactos perversos, damos importancia al registro de los efectos contratransferenciales para efectuar el diagnóstico que nos lleva a indicar este encuadre. La vivencia del analista, "solo no puedo", pasa a ser un elemento orientador, reflejo de lo que pasa en la familia; es el registro del desvalimiento familiar, que pide un encuadre soporte. Apelar a otro es desarmar la ilusión narcisista, buscar al otro y encontrar al otro del analista en el lugar de intercambio es un rasgo de este encuadre.

2 - La cuestión del encuadre con el paciente

¿De qué modo se propone el encuadre para que tenga un efecto significante en el psiquismo de nuestros pacientes?

Se trabaja sobre un caso de una pareja en la que predomina  un pacto de muerte, donde uno va a morir, él o ella o un hijo. Se piensa acerca de la decisión del analista de pareja de realizar la derivación a individual de la paciente, comunicándose telefónicamente con la analista a la que se realiza dicha derivación en presencia de ambos, para que quede claro ante ellos que los analistas iban a  estar en comunicación. Esa explicitación implica que los analistas apuntan a deconstruir el pacto perverso,

El espacio terapéutico no escindido debe ser aclarado previamente con el paciente, en caso contrario se crea una situación que linda con lo perverso
, funcionando la misma indiscriminación en el encuadre entre los terapeutas que la que opera en el tipo de vínculo que se establece en estas familias.

3 - El encuadre para los terapeutas

Al tomar un paciente con otro/s analistas  queda planteada una espacialidad intersubjetiva entre los terapeutas discretamente abierta. Hay un borde en cuanto a los intercambios, debe haber un criterio que los rija, para evitar que se creen contradicciones y vías pervertidamente abiertas entre los miembros del equipo. Entendiendo lo pervertido como aquello que surge cuando no hubo un espacio habilitante que nos lo permita.

Por lo tanto se sugiere la necesidad de  habilitar un espacio específico en el que se realicen esos intercambios entre terapeutas, para evaluar las diferencias de opinión y de perspectiva, y despejar cierta intranquilidad que pueda generar este tipo de modalidad. Un encuadre claro de trabajo entre los terapeutas del equipo permitiría salvar este peligro en el que estamos inmersos, siendo que  por el tipo de pacientes que estamos tratando y el mismo esquema de trabajo que estamos proponiendo queda muy puesto en juego la propia subjetividad y narcisismo de los analistas.

Surgen nuevos interrogantes: ¿Cómo se construye un paciente para los dos o para los tres terapeutas? Se crea un nuevo espacio, una nueva escenificación y una nueva base fantasmática y simbólica ¿Quién es el paciente en esta consulta? ¿De quien es el paciente?

¿Cómo hacemos para que los espacios intersubjetivos no entren en un circuito pervertido hasta un nuevo pacto perverso? Cuando hay un sentimiento de posesión respecto del paciente(“el paciente es mío”) ¿será perverso o en realidad lo que aparece es un maternaje ahí donde no lo hay? Se sugiere que el  hecho de que un analista pueda pensar “es mi paciente” tiene que ver con un tipo de disponibilidad narcisista del analista, que lo lleva a ubicar a su paciente en un lugar que le permite escuchar su particular modo de pedir, acorralado por su defensa perversa en la reedición de su conducta.

Se propone pensar diferentes espacios que se van integrando en relación a los tratamientos: hay un espacio de vínculo individual  y hay otro espacio familiar o de pareja, habrá que ver como se entretejen los diferentes planos.

Es una  situación compleja y exigente para nosotros mismos. Se puede pensar que no es que uno tiene un paciente, sino que el paciente transita su viaje de análisis con otro que es su analista. Que se presta a esa intersubjetividad.

Cuando un analista  propone a otro analista para una derivación, le ofrece “su” analista al paciente, que sabe que es  alguien que conoce la perversión de ellos pero puede imaginarlos de otro modo. Para los pacientes esa nueva figura incorporada al equipo está referida al derivador, pasando a conformar un espacio interfantasmático.
 
4 - Respecto del contenido, por donde pasa el límite de la información que se comparte.

Aportar cierta información para que no queden desmentidas u ocultas ciertas acciones ( por ej. actos delictivos) es una forma de no avalar la conducta perversa de un paciente. Pero hay que ser muy cuidadoso en cómo incluirlo. No es lo mismo manejar cierto material que viene directamente del paciente que cuando los datos provienen de la comunicación entre los analistas. Se plantea entonces que no se trata tanto de ver que hacer con los datos, porque es posible que esos actos sean sabidos por todos, sino de evaluar como se delimita, se gradúa o se administra teniendo en cuenta las escisiones y mecanismos presentes en estas estructuras, viendo artesanalmente en qué momento es significante dar el dato y para qué.

Jornadas Foro - 3/12/05

La práctica clínica nos confronta con secretos en terapias individuales, de pareja, de familia y grupos tanto como en abordajes institucionales. Se propone reflexionar acerca del "secreto”; en particular en el campo de las perversiones.

Los intercambios iniciales pueden ser ordenados en las siguientes preguntas:
¿Qué es un secreto? ¿Hay más de un tipo de secretos? ¿Cuál es el contenido de un secreto? ¿Cuáles son sus efectos en el encuadre psicoanalítico? ¿Cuáles son sus efectos en la subjetividad del analista?

Se dedujo que el secreto supone un procesamiento anímico particular tanto inter-subjetivo como tran-subjetivo. Se destacó el carácter de “mecanismo psíquico”.
Asimismo se reparó en diferenciar: secretos que son conocidos (algunos compartidos otros no) y  los secretos efectivamente denunciados de aquellos otros que son padecidos en forma inconciente por algún miembro de la familia o varios de ellos.

Al respecto se planteó la distinción entre: lo que es concientemente “apartado”, “segregado” del discurso y aquellos otros secretos que permanecen: ¿escindidos?, ¿reprimidos? ¿desestimados? ; una problemática que convocó planteos de orden metapsicológico.

Se sugirió la importancia de tener en cuenta el tipo de ley que rige en cada individuo y/o flia/pareja, el proceso de formación de los secretos; incluso su construcción psíquica transgeneracional.

Las reflexiones a partir tres viñetas clínicas agregaron nuevos temas a los ya mencionados:  los efectos mortíferos de ciertos secretos familiares, la interferencia de posibles tendencias moralizantes del analista, las implicaciones éticas para el analista, entre otros. También fueron trabajados los conceptos de escisión y de trauma en relación al secreto y su mecanismo de producción.

A veces el secreto parece funcionar al modo de una contrainvestidura en la cual en vez de poner, saca. En tanto contrainvestidura, en algunas situaciones puede ser relativa a traumas transgeneracionales. En ese contexto se destacó el carácter de “acto” que supone una referencia a otros, o ante otros.

El grupo trabajó con los aportes de Racamier vinculados a lo que el autor llama “trabajo del secreto”( al modo del “trabajo en negativo”) como también el secreto como un decir acerca del origen y la diferencia entre secretos libidinales y secretos antilibidinales.

Los casos clínicos comentados en el Foro mostraron cómo el acto de revelar un secreto puede ser expresión de manipulaciones narcisistas que decantan bajo la forma de un producto degradado (sustituto de la posición sujeto) que lleva la marca de ese secreto

Se advirtió que la recuperación subjetiva de aquel que representa dicho lugar (objeto / fusionante / obturante) necesario a la estructura puede provenir de los interrogantes del analista quien acompaña tanto a pensar “una revelación propia” como a interrogarse acerca de escenas previas a lo oculto. Asimismo se mencionó el valor que adquiere el relato mismo en sesión, el ser narrado a otro  que en posición-sujeto no está implicado en un contexto de violencia narcisista
Se adjudicó la eficacia orientadora de las vivencias de malestar del analista. En efecto, su malestar puede contener contenidos escindidos del paciente y adquirir su precaria representación en la mente del analista.  También se afirmó la importancia de la disponibilidad del terapeuta para “mantener la escuha”  y “aguantar” el tiempo suficiente hasta que se constituyen los interrogantes del paciente y en el paciente.

Se destacó también que, en estas problemáticas clínicas, el clivaje se presenta como estrategia narcisista de sobrevida y el secreto parecería cumplir la función de sostener el equilibrio logrado. Motivo por el cual se advirtió sobre la necesaria prudencia en el modo y timing de abordaje clínico de los secretos.

Retomando el tema de la Jornada anterior, otra vertiente que fue trabajada es la referida a los problemas vinculados al manejo de la información entre colegas. Se propusieron estrategias específicas, en particular, cuando el trabajo clínico pide la atención combinada de terapias individuales y de familia o de pareja e individuales y otras variantes. Se compartieron situaciones relativas tanto al momento de la derivación como a los intercambios entre analistas durante el transcurso de los procesos: ¿Qué implicancias tiene el conocimiento de datos aportados por el derivador previos al encuentro con el paciente? ¿Cómo incide en el imaginario del terapeuta la revelación de ciertos secretos familiares por parte de su colega?. ¿Qué es lo compartible?. Se reflexionó acerca de la conveniencia de realizar las derivaciones en presencia de los pacientes. Se compartieron algunas experiencias de derivaciones realizadas por teléfono en sesión en presencia de los pacientes. 
 

 


 
 
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