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IAEPCIS Institutos de Altos Estudios en Psicología y Ciencias Sociales

Director: David Maldavsky

 

“Una aproximación exploratoria a la manifestación de algunas ‘tareas evolutivas’ o ‘conflictos normales’ en adolescentes tardíos capitalinos, estudiantes avanzados o graduados universitarios a principios de siglo”.

Hacia una posible “triangulación” de fuentes primarias y secundarias

Abel Zanotto

El tema adolescencia ocupa un importante espacio dentro de la producción científica de las ciencias sociales en general y del psicoanálisis en particular. Si bien existen divergencias sutiles o pronunciadas entre los diferentes enfoques, “lo joven”  tiende a ser  ubicado dentro de límites definidos, a priori,  entre los 10 y 30 años de edad. Así, si bien el criterio “franja de edades” tiende a ser lo suficientemente exhaustivo, se recomienda complementarlo con los conceptos de “moratoria social” y “vital”.

Desde el psicoanálisis (S. Bleichmar, 1999, 2005; P. Bloss, 1962, 1981; F. Dolto, 1991; A. Hartmann, 2000; S. Quiroga, 1998, 2002 y R. Rodulfo, 1991, 2004; entre otros) tiende a pensarse que es un período  (o un “tiempo”, según algunos aportes) que está  definido por profundas transformaciones fundamentalmente psíquicas que,  partiendo del goce orgánico inicial,  intentan llegar al objeto externo y exogámico, meta alcanzada pero de una manera provisoria y en permanente construcción.

Un criterio cronológico, aunque  ampliado en tanto comprende los “trabajos psíquicos” respectivos,  divide a la adolescencia en tres etapas: temprana, media y tardía. Esta última,  “escenario” de la presente investigación, es también llamada de resolución de la adolescencia. Se ubica entre los 18 y  los 30 y 32 años de edad y puede ser dividida en tres períodos con las transformaciones psíquicas y manifestaciones conductuales respectivas.

De los 18 a los 21 años se caracteriza por una gran movilización, inquietud, desorden interno y sentimientos de soledad y de desamparo. La experiencia clínica con adolescentes de clase media urbana capitalina indica que, coincidiendo con la finalización de los estudios secundarios, puede producirse un sentimiento de depresión y confusión relacionado generalmente con la pérdida del sostén  institucional que es  la institución escolar, situación que tiende a agravarse en egresados de colegios secundarios confesionales o de tamaño reducido que intentan ingresar a una macro-institución como es la UBA.

De los 22 a los 24 años aparece el fenómeno visible del adolescente intentando insertarse en nuevos grupos sociales y de trabajo aunque con la permanente sensación de “transitoriedad”, movilidad y rotación constantes. Como se demuestra en testimonios recogidos,  los entrevistados que optan por estudios de postgrado  suelen vivir esa etapa de una manera un tanto distinta al resto pues  la inestabilidad laboral –que afecta a otros representantes- es compensada, relativamente neutralizada o demorada mediante la permanencia en el ámbito académico.

De los 25 hasta los últimos años de la etapa,  y a pesar de todas las vacilaciones o ingreso “tartamudeante”,  se opera el ingreso a la adultez, situación que puede visualizarse a través de algunos indicadores específicos, entre los cuales puede destacarse el referido a una cierta capacidad de frustración para aceptar la caída de los ilusorios característicos de la adolescencia media: el ideal de justicia, de verdad y de amor.
 
Trabajos psíquicos en adolescencia tardía

Durante este período se produce una serie de “tareas evolutivas” o “conflictos normales” –según la denominación psicoanalítica- o de “transiciones”  -de acuerdo con el enfoque sociológico o psicosocial-  que son la manifestación visible de profundas transformaciones ocurridas en las tres instancias psíquicas  y que pueden enumerarse de la siguiente manera: diferenciación subjetiva entre generaciones con el inevitable desasimiento de las figuras parentales; proyectos de vivir fuera de la familia de origen; deseos de una vida económica independiente; llevar una vida sentimental estable con una pareja determinada y concretar logros vocacionales y/o profesionales.

Es indudable que las actuales condiciones del mercado conspiran, en general, contra una rápida tramitación de estos conflictos, situación que, como se señaló, ha ido ampliando hacia edades cada vez mayores la denominada “moratoria psicosocial del adolescente”. Este panorama ha llevado a algunos autores a insinuar que estaríamos frente a una post-adolescencia generalizada; a preguntarse si la adolescencia no es interminable en la época actual y, bajo una postura más dilemática, si no la deberíamos considerar un estado de vida más que una etapa de la vida.

Bajo la perspectiva anterior, estaríamos en presencia de un fenómeno que por el momento tiene una conceptualización  sólo mediática y sin status epistemológico –la “adultescencia”- y que puede caracterizarse, entre otras variables, por la sedentarización de los jóvenes y por la “cohabitación familiar forzosa” y la “salida parcial” de la casa paterna.

Según testimonios recogidos en entrevistas en profundidad y focalizadas y de acuerdo con datos provenientes de sondeos fuentes secundarias, la principal “tarea evolutiva” percibida por los jóvenes es la realización vocacional y la inserción laboral: desde esta posición,  es interesante investigar qué puede estar sucediendo en algunos representantes de la adolescencia tardía de nuestro medio que, preparándose durante largos años para arribar al momento de pasaje a la adultez, encuentran que las actuales condiciones anulan o postergan parcial o totalmente sus esperanzas y posibilidades de cambio y tránsito  a una adultez consolidada.

Esta generalizada sensación de inseguridad es una de las  manifestaciones  de la subjetividad contemporánea definida por la crisis del estado de bienestar y su reemplazo por políticas neoliberales: la inestabilidad y la difundida  y concomitante precarización, la alta movilidad y la permanente rotación –situaciones muy palpables en algunas declaraciones- conspiran contra un proyecto de vida que tiende a la “permanencia” y “estabilidad”,  dos ideales todavía presentes en los ámbitos formadores de la subjetividad juvenil.

Hacia una delimitación de la metodología

Se trata de una investigación de tipo exploratorio que intenta triangular algunas fuentes de datos y que se enmarca dentro del paradigma cualitativo: desde un punto de vista fenomenológico se interesa por comprender la conducta dentro del propio marco de referencia; realiza una observación “naturalista” referida a una disposición ante el mundo como naturalmente se presenta y es subjetivo en tanto el investigador utiliza su propio recurso de “reflexibilidad”.

Al mismo tiempo, la perspectiva “emic” posibilita una aproximación “íntima” a los datos pero encuadra los hallazgos: si bien se trabaja con datos reales, profundos y densos, no son generalizables más allá de los datos propios. Como una ampliación debe mencionarse que esta postura prioriza comprender las significaciones que los actores sociales  otorgan a los hechos a partir de sus propias explicaciones. Esto supone un importante giro epistemológico: se va abandonando gradualmente “la identificación con los actores” partiendo de la idea de que las interpretaciones de los investigadores son de segundo o tercer grado en relación a las interpretaciones de primer orden, ofrecidas por las personas estudiadas. 

Dentro del repertorio de técnicas adecuadas dentro de este paradigma de investigación, se ha optado en la categoría fuentes  primarias  por  entrevistas en profundidad exploratorias y como orientación general en la tarea y entrevistas individuales focalizadas y de  un grupo focal para la recolección de los datos en sí.

En un intento de triangular los datos de estas fuentes con datos provenientes de fuentes secundarias se presentarán tres investigaciones cuanti/cualitativas realizadas durante 2005 en Capital Federal y otras zonas del país con adolescentes tardíos; se analizarán artículos periodísticos referidos a esta temática publicados en dos de los matutinos de mayor circulación local y nacional y la posible inclusión de publicidades gráficas y audiovisuales también relacionadas con la adolescencia tardía y algunas de las “tareas evolutivas” mencionadas anteriormente.

Las entrevistas suelen ser asociadas al método de “observación participante” en tanto suponen un encuentro personal con los entrevistados;  se formulan líneas directrices y se va avanzando de una manera flexible y reelaborativa. Se contempla, además, la posibilidad de acceder a través del relato a experiencias de los entrevistados a las que no se puede acceder de otro modo.

Las entrevistas focalizadas enfatizan la selección de personas que posean la  experiencia relativamente compartida de haber atravesado por un mismo problema o situación. Fueron realizadas con candidatos reclutados por el sistema de “bola de nieve” –altamente recomendado en los textos consultados- con un total de ocho sujetos dividido entre mujeres y hombres. Todas las personas reunían las características detalladas en el título: son adolescentes tardíos comprendidos en la franja de 24/30 años; son  estudiantes avanzados o flamantes egresados; viven en Capital Federal y pertenecen a la clase media aunque debe señalarse que esta última dimensión es de una aplicación “intuitiva” dada las dificultades teóricas y metodológicas que presenta.

Las conclusiones provisorias se desprenden de la aplicación del método “ilustrativo” que consiste, básicamente, en usar las citas de los entrevistados alrededor de ejes –en este caso “tareas evolutivas” - ordenadores  de los relatos. Como se adelantó en párrafos anteriores, para este grupo de entrevistados el principal “conflicto normal” a resolver es la posibilidad de “lograr la independencia económica”. Vivir en forma independiente y tener logros en lo vocacional y/o profesional serían derivados del primero mientras que el “desasimiento de las figuras parentales” y “la estabilidad en la pareja” figurarían como prioridades secundarias. Es posible que transformaciones ideológicas en el macro contexto social y en la interioridad de las familias hayan producido este estado de cosas.

La posible utilización de la técnica del  grupo focal no tendría la intención manifiesta de lograr información diferente –la obtenida a través de las entrevistas fue produciendo un efecto de saturación de la misma- sino de observar  cómo se van captando las conductas propias y ajenas en el marco de problemas similares. Como se sabe, esta técnica requiere de un estímulo iniciador de la experiencia: se ha pensado en la exhibición de publicidades de productos masivos destinados a la juventud aunque, dada la riqueza de estos documentos, se está evaluando  la inclusión de las mismas dentro de la categoría de “fuentes secundarias”.

La exploración cuantitativa y su interpretación cualitativa mediante el uso de técnicas estadísticas es un recurso muy adecuado para analizar tendencias y comportamientos de poblaciones extensas: a través de encuestas y/o sondeos de opinión, por ejemplo, es posible encontrar rasgos y conductas compartidas.

Al mismo tiempo se intenta establecer una posible “triangulación” de datos  definiéndose este concepto como el contraste entre puntos de vista distintos que permitiría obtener imágenes más complejas de un fenómeno. Así, el objeto inicial se va enriqueciendo, según los autores consultados, con el entrelazamiento de diferentes  perspectivas, técnicas y fuentes en un esfuerzo por integrar métodos cuantitativos y cualitativos.

En este sentido, Ch. Reihardt y T.D.Cook (1986)  indican que los métodos cuantitativos y los cualitativos tienen sus defensores y detractores y que está razonablemente difundida la idea de que, mientras que los primeros estarían desarrollados para verificar y/o confirmar teorías, los segundos se adaptarían a la tarea de descubrir y generar teorías.

Como una adecuada redefinición del debate, sostienen que un investigador no tiene por qué adherirse a uno de los paradigmas polarizados sino que puede elegir una mezcla de atributos para atender mejor al tema a investigar y enfatizan que emplear conjuntamente los dos tipos de conocimientos permite alcanzar una profundidad de percepción –o visión “binocular”, según la expresión original- que ninguno de los dos podría alcanzar por sí solo.

Las investigaciones seleccionadas hasta el momento son tres aunque es posible que esta cifra se modifique dada el permanente monitoreo del mundo juvenil por diferentes organizaciones.

Estas son  “Indice de la juventud” , “Hábitos, creencias y expectativas de los jóvenes”  y “Demandas y expectativas de las nuevas generaciones de jóvenes profesionales frente a las organizaciones” realizadas, respectivamente, por la “Fundación Odiseo”,   el “Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano” y la consultora “Susana Biset y Asociados”

La primera  indaga las dimensiones “expectativas y política”, “religión, aborto y droga”, “costumbres de los jóvenes” y “entretenimiento”. Se destaca el capítulo “tercero” porque investiga  la convivencia con la familia de origen y constituye una probable confirmación de las ya mencionadas “cohabitación forzosa” y “salida parcial”.

La segunda, por su parte, posee un ítem  que interroga a los jóvenes entrevistados en relación a la “mayor preocupación” y a la “principal expectativa o ambición”. La tercera, recién obtenida por el autor de estas líneas, ha sido analizada muy someramente pero puede señalarse que el mayor porcentaje prefiere la inclusión en “grandes empresas, multinacionales, maduras” que neutralizarían la sensación de “vértigo”, “vacío”, “caerse por el abismo” que a veces acompaña los momentos de inserción en el mercado de trabajo y según señalaron algunos participantes de las entrevistas en profundidad.

De las tres investigaciones se pueden extraer conclusiones muy valiosas y que, por el momento  tenderían a complementarse con los datos obtenidos de las fuentes primarias: la mayoría sufre de un mercado laboral que les ofrece mínimas condiciones de satisfacción económica y de progreso. Esta situación es visualizada como el principal escollo para conseguir algunos logros aunque en los testimonios presentados en los artículos periodísticos la permanencia en el hogar, por ejemplo, no se debería a limitaciones económicas sino a la comodidad de seguir viviendo con los padres.

Si bien están dadas las condiciones ideológicas familiares y personales para que el mayor porcentaje de los adolescentes esté autorizado a vivir  fuera del ámbito familiar y que se cohabite frecuentemente con la pareja dentro del propio hogar, la inestabilidad laboral y económica obstaculizan estas “tareas evolutivas”.

En relación a los artículos periodísticos giran alrededor de la sedentarización de la adolescencia tardía expresada en  vivir con los padres y viajar con la pareja aunque no estén casados. Debe mencionarse que se incluyen opiniones de diferentes especialistas de distintas disciplinas lo que produciría una divulgación masiva de conceptos científicos y un reforzamiento de la denominada “epistemología del sentido común”.

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