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La conferencia comenzó con una breve descripción, realizada por David Maldavsky, de cómo se gestó la reunión. Esta resultó de la convergencia entre la visita a Buenos Aires de Alberto Eiguer, actual presidente de la Asociación Internacional de Psicoanálisis de Pareja y Familia, para continuar con la tarea de promover el próximo congreso internacional sobre el tema, por realizarse en pocos meses en Buenos Aires, y las iniciativas de Liliana Bracchi, Eduardo Grinspon y David Maldavsky por darle cabida en la UCES. El grupo perteneciente a UCES contactó entonces a Eduardo Said, quien dio el apoyo de la carrera de psicología, y a José Fliguer, quien dio el apoyo de las carreras de posgrado del área de psicología. Tanto en la carrera de psicología como en las de posgrado se pone el énfasis en temas de pareja y familia, por lo cual un intercambio con el presidente de dicha asociación internacional sobre las temáticas del congreso por realizarse en Buenos Aires prometía ser fructífero para todos.
En lo que sigue se incluye lo central de lo expuesto por Alberto Eiguer durante la reunión, que fue coordinada por Liliana Bracchi.
Alberto Eiguer: Pensamos que podría exponer sobre las grandes líneas, los problemas del congreso. Todos podemos ponernos de acuerdo en el sentido que la familia y la pareja están viviendo momentos de mutaciones, que van a estar en el centro de los temas de discusión en el congreso. Al mismo tiempo notamos otra mutación en el psicoanálisis mismo, constituido por las transformaciones que se dan en su interior motivadas, en cierta medida por su dinámica interna y también por cuestionamientos que vienen del exterior. Yo pienso que una ciencia nunca está tan bien como cuando tiene muchas críticas del exterior y que puede sentirse en peligro. A una ciencia nunca le viene bien cuando tiene prosperidad. En los años 50, 60, en los Estados Unidos, la psicología del Yo fue una época de prosperidad que me parece que no fue beneficiosa para avanzar científicamente: había pacientes para todo el mundo, la inserción de los psicoanalistas era importante, pero los analizantes eran peor tratados. Los analistas de esa época se permitían ser distantes y majestuosos, y estaban contentos de ser así. Hoy las cosas son muy distintas, los psicoanalistas interrogan, entre otras cosas, sobre la relación, sobre el vínculo que establecen con los pacientes, en un nivel, que antes no lo hacían. Por ello pienso que vivimos una época de prosperidad conceptual y de creación y (no se entiende). En “La agonía del cristianismo” Unamuno dice algo similar: el cristianismo dio lo mejor de sí mismo cuando estaba cuestionado. Por eso pienso que con la cuestión de la terapia familiar y de pareja, el psicoanálisis está en un momento crucial en que se cruzan las teorías de la intersubjetividad, todo lo cual se combina con el psicoanálisis individual. Hablar de vínculo en un congreso como va a tener lugar en julio, es hablar justamente de cómo entender al otro sin sumergirse en él, respetándolo y respetándose. Existir como sujeto permitiendo que también el otro pueda existir como sujeto, o que emerja como sujeto.
Por supuesto vamos a trabajar la cuestión teórica de los vínculos. Una de las mesas redondas trata sobre distintas teorías de los vínculos, y otra sobre su aplicación en el caso de las familias y de las parejas. El vínculo no es una relación de dos personas, sino algo más que permiten estar en intersubjetividad, en interfuncionalidad y en reciprocidad psíquica. Lo que nos interesa no es tanto la psicología de cada uno de los sujetos, sino lo que pasa entre los dos. Llegamos a interpretar muchos de los síntomas de cada uno desde las familias, de los individuos como emergentes de esa vincularidad. Por eso hablamos de sufrimientos en los vínculos, que es un tema central del congreso, lo cual implica hablar de las disarmonías en los vínculos, de los disfuncionamientos. Para ser más precisos me parece interesante considerar qué se entiende por vínculo. Les hablé entonces de dos sujetos que están en intersubjetividad. Pienso que el vínculo es algo nuevo que se instala, una especie de tercero que existe entre los dos.Yo para aludir al vínculo hablo de las cuatro “R”: hablo de reciprocidad, de respeto, de responsabilidad (es decir que uno está profundamente concernido por lo que el otro vive, y en este sentido la historia de un miembro de una pareja y su familia y los nexos entre ellos implican profundamente también al otro miembro y a la descendencia de ambos), y por fin de reconocimiento (lo cual implica poder entender que el otro es, ante todo, diferente, lo cual conlleva una dialéctica interna, y una situación paradójica, ya que ese otro forma parte del propio universo, con la necesidad consiguiente de establecer los límites y encontrar similitudes, y no solo diferencias).
En los vínculos se mantienen distintos niveles de interfuncionalidad, que van de lo más superficial a lo más profundo, entre los cuales podemos distinguir varios. El primer nivel sería lo que llamamos mítico transgeneracional, que corresponde al hecho de que cada uno de los miembros de la relación vincular establece organizaciones míticas que le permiten existir. Otro nivel es el onírico, en el cual cada uno imagina o piensa realizar a través del otro, todo lo cual tiene que ver con el deseo inconsciente. Otro nivel, más arcaico, corresponde a los componentes más primitivos del funcionamiento, más sincréticos o narcisistas que hacen pensar en los cuales las individualidades quedan borradas. Respecto de este nivel más primitivo es conveniente recordar que en la familia hay funcionamientos y comportamientos táctiles, musculares, propioceptivos, que se expresan en acariciar al otro. Acariciarse no es solamente una manera de darse placer, sino de mostrar dónde está cada uno, ya que un padre no acaricia de la misma manera a un hijo que a la esposa, y viceversa. Una caricia está llena de mensajes, por ejemplo, en que el padre le dice al hijo qué es lo que piensa de él, qué es lo que espera de él, cuáles son las expectativas de la relación con él. Son una manera sublimada de transmitir lo sensual. Cuando el padre o la madre hace una caricia, transmitiendo igualmente algo que tiene que ver con la sexualidad, con la identidad del género, con la personalidad del otro, y sobre todo las expectativas inconscientes propias respecto del hijo. Entre paadres e hijos se da una asimetría radical en lo que respecta a los contenidos de la fantasía, en que la potencialidad erótica de los padres es enorme en comparación con la receptividad de los hijos, que se sienten sobrecargados con lo que los padres les transmiten. En este conexo se inserta el problema del enigma de la madre, qué es lo que ella quiere, una madre que excita al hijo y luego se aleja. De este enigma resulta el funcionamiento mental, la alucinación del pecho, la producción de la representación y el pensamiento.
Existe además una dialéctica permanente en la ternura que se expresa en familia, en la que no solamente uno acaricia al otro sino que ese otro responde de distintas maneras, y en la respuesta se va a constituir una reciprocidad funcional. Entre los elementos que componen esta reciprocidad, figura el hecho de que los chicos que son lindos, por ejemplo, reciben más amor y sostén narcisista que los que no lo son. Otro hecho importante posee además una base fisiológica: cuando la madre da de mamar a su hijo puede tener contracciones en el pezón, las cuales tienen componentes eróticos, e incluso a veces contracciones uterinas, que hacen pensar en una situación orgásmica. En consecuencia, al mismo tiempo un niño tiene una madre sostenedora, genera en ella una cierta cantidad de oxitocina en su cerebro que va a permitirle al niño, según los estudios realizados, tener mayor seguridad. Por el contrario, una madre insegura no produce estas sustancias y aparentemente las consecuencias sobre el niño son bastante irreversibles. De este modo terminó la exposición de Alberto Eiguer.
Luego de esta exposición se suscitó un animado intercambio en el que participaron Liliana Bracchi, Marta Caamaño, Eduardo Grinspon, David Maldavsky y Eduardo Said, con la coordinación de la nombrada en primer término.
Entre los temas destacados inicialmente en el intercambio, figuran los problemas de investigación, planteados por L. Bracchi, M. Caamaño y D. Maldavsky, la cuestión del sujeto escindido, del goce sublimatorio y de la oferta de un vacío al otro en el intercambio de pareja, planteados por E. Said, y la consideración de la intersubjetividad desde la perspectiva de la pulsión, propuesta por E. Grinspon. Luego de estas propuestas iniciales se suscitó un vivo y cordial intercambio entre todos, centrado en problemas de la relación entre la clínica y la investigación, en la cuestión del sacrificio, en los cambios que se obtienen en terapia de pareja y familia y en la comparación entre diferentes perspectivas teóricas y técnicas. |