Los ausentes de la constelación familiar. Progenitores que desertan del desempeño de su rol parental
Lic. Irene Meler
En el contexto de una investigación del Programa de Estudios de Género y Subjetividad (IAEPCIS/UCES) sobre “Relaciones de género en familias ensambladas”, me propongo indagar acerca de aquellos actores ausentes del contexto familiar, o sea, de los progenitores que han perdido total o parcialmente el vínculo con sus hijos. El objeto del análisis será en realidad, la percepción que tienen los integrantes de la pareja conyugal que se hace cargo de la custodia de los hijos de uno, de otro o de ambos, acerca de el o de los ex cónyuges que han interrumpido el vínculo con los hijos de una primera unión.
I) Motivos por los que se rompió o discontinuó el vínculo con algún hijo.
Solo un padre (varón) participante del estudio, estaba al momento de la entrevista sin tener contacto con el hijo que tuvo en su primer matrimonio. De los ex cónyuges, que no participaron de modo directo de la investigación, se refirió que estaban en esa situación tres madres y tres padres. A estos se agrega un cuarto padre, ya fallecido. Si bien el número de varones es mayor que el de las mujeres que se encuentran en situación de des implicación total o parcial del vínculo, haber encontrado en un estudio de pocos casos, tres madres que no se han hecho cargo de la tenencia de sus hijos, sugiere la necesidad de una revisión acerca de los estereotipos de género que retratan a madres altruistas y devotas y a padres enfocados de modo prioritario sobre sus proyectos o deseos individuales.
1) Adicción a las drogas
Las dos madres y dos de los padres desvinculados de sus hijos han consumido o consumen drogas ilegales en la actualidad. Podemos inferir que en algunos casos el vínculo parental se corta o descontinúa de modo significativo debido a severos trastornos de personalidad de los progenitores implicados en esa situación. En los casos estudiados, estos trastornos son de la serie depresiva o de índole impulsiva y antisocial.
2) Bisexualidad
Uno de los padres ausentes ha presentado una alternancia en su elección de objeto, hetero u homosexual. No sugiero ninguna asociación significativa entre la aptitud parental y la orientación sexual. La oscilación bisexual que este hombre en particular ha presentado en su elección de pareja, aparece como parte de un trastorno temprano de su identidad que se asocia con dificultades para la mentalización y tendencias hacia la actuación impulsiva.
3) Transgresiones a la legalidad consensual
Uno de los padres que ha roto el vínculo paterno –filial, es descrito como trasgresor, tanto en su desempeño comercial como en la inducción realizada sobre los hijos para involucrarse en hurtos. Una de las madres que mantiene una relación escasa y esporádica con su hija, ha convivido con un ladrón y habita en casas usurpadas a sus propietarios.
Es posible suponer que existe algún nexo entre el rechazo a asumir responsabilidades adultas por su progenie y la trasgresión del imperativo del trabajo y del respeto por la propiedad de los otros.
4) Relaciones inestables de pareja y familia
En algunas personas, el ejercicio de la parentalidad se ve afectado de modo adverso por la tendencia a establecer relaciones de modo impulsivo y a deshacerlas debido a nuevos vínculos amorosos, que coexisten durante un tiempo con el matrimonio hasta que lo fracturan.
5) Violencia
En algunos casos se ha informado acerca de situaciones violentas producidas en los vínculos entre los padres y madres donde más tarde uno de ellos abandonó a sus hijos. No siempre el progenitor abandonante fue el actor de las situaciones violentas. Una madre que desertó posteriormente de su rol, fue víctima de actos violentos durante el matrimonio con el padre ahora custodio del hijo de ambos.
6) Traslados y cambios de residencia
La inestabilidad vital de algunos de estos progenitores implicó cambios de residencia. En uno de los casos, el padre se trasladó al sur del país para seguir a una mujer de la que estaba enamorado. Desde allí, llamaba a su hijo llorando porque lo extrañaba. La madre debió esclarecer al niño debido a la confusión inoculada por el padre. El hijo experimentaba sentimientos de culpabilidad ante el sufrimiento del padre abandonante. Esta inversión de la responsabilidad entre el adulto y el niño, es un recurso intersubjetivo de índole psicopática.
6) Ruptura del vínculo y nacimiento de otros hijos de uniones posteriores.
Los progenitores custodios y sus cónyuges refieren una estrecha asociación entre el nacimiento de otros hijos y el abandono de los hijos de la primera unión conyugal. Contrariamente a lo esperado, esta tendencia se observó tanto en mujeres como en varones.
7) Limitaciones de tiempo y recursos
Las carencias de tiempo y de dinero se relacionan con el desarrollo yoico de cada sujeto. Considero que forman parte integral de una situación donde el padre o la madre, ponen en evidencia sus dificultades para asumir el desempeño de roles sociales adultos. En estos casos existen trastornos de personalidad que afectan de modo desfavorable el desarrollo adaptativo de las funciones del Yo. También podemos suponer que los aspectos del Super Yo relacionados con la conciencia moral, han sufrido una degradación. En general, los aspectos deficitarios se relacionan con carencias identificatorias, lo que destaca la importancia de la transmisión transgeneracional. Los contextos sociales inestables y en crisis, tal como se presentan con frecuencia en nuestro país, afectan de modo más grave a estas subjetividades vulnerables.
II) La red intersubjetiva
Estas motivaciones han sido relevadas a partir del discurso de los cónyuges custodios de los hijos, y si bien contienen referencias a episodios significativos que ilustran cada situación, es necesario captar la forma en que la descripción de la conducta del progenitor abandonante se carga de elementos proyectivos por parte del ex cónyuge o de su actual pareja. En uno de los casos, el padre, actual custodio de su hijo, lo había abandonado anteriormente, e incluso migró por un tiempo al exterior, dejándolo al cuidado exclusivo de la madre. Otra pareja, que considera al padre de los hijos del primer matrimonio de la mujer como un personaje poco honesto, refiere la forma en que disfrutaron de la extensión de su tarjeta de crédito, realizando consumiciones en sus salidas, que cargaban a la cuenta del ex marido. Un padre refiere que cuando obtuvo la custodia de su hijo, experimentó “Una alegría infernal”. De modo que si bien los relatos son verosímiles, deben ser comprendidos en el contexto de la red familiar y de la historia de estas constelaciones, donde las depositaciones de aspectos rechazados o conflictivos avalan las escisiones familiares y dan legitimidad racional a la constitución de nuevas parejas.
III) Efectos de la ausencia de un progenitor sobre los hijos
1) Adolescentes transgresores
No es posible establecer correlaciones de tipo lineal, pero sí sugerir una fuerte asociación entre la aparición de patologías impulsivas en hijos adolescentes y el abandono del vínculo paterno filial realizado por sus padres. Ante la ausencia del padre, aparece la decisión inconsciente por parte de un hijo de asumir un papel semejante al que antes desempeñó su progenitor al interior de la familia recompuesta. A esto se suma la depositación realizada por la pareja conyugal sobre ese hijo, que ha sido designado como representante de la imagen paterna excluida y denigrada. Así se crea un circuito vincular que conduce a la patologización del adolescente y a su eventual exclusión del hogar, que repite el divorcio de sus padres.
En este proceso, es posible reconocer al menos dos procesos identificatorios: uno por parte de la nueva pareja y otro en el hijo que está en esa situación. Por parte del adolescente obedece a una identificación melancólica con un objeto perdido y desvalorizado. Desde la perspectiva de la actual pareja conyugal, la figura del primer marido de la madre que ha quedado excluido del hogar familiar, es posiblemente una imagen persecutoria, en tanto el cónyuge actual puede ser experimentado como un usurpador de su lugar. Esta percepción deriva de la persistencia en el imaginario colectivo de representaciones que aún consideran legítimo el matrimonio indisoluble y niegan reconocimiento a las segundas o terceras uniones conyugales. Planteo como hipótesis que los temores y reproches imaginarios acerca de una posible usurpación, son depositados en los adolescentes, sobre la base de las transgresiones que estos cometen efectivamente.
2) Hijos sobreadaptados
Aparecieron en casos en que la guarda está a cargo del padre varón. Si bien no avalo las representaciones teóricas acerca de una función paterna y una función materna, ya que prefiero el concepto de parentalidad, es posible observar la persistencia de subjetiva de los modelos parentales propios de la Modernidad. Por ese motivo, cuando un padre varón se hace cargo del cuidado de una criatura pequeña, tiende a imprimir al vínculo las características tradicionales esperadas para la función paterna, más ligada con la interdicción que con la narcisización trófica temprana. Por lo tanto, los hijos criados por sus padres suelen ser más adaptados a las normas consensuales que aquellos educados por madres solas, lo que no excluye la existencia de carencias emocionales. La confictividad suele ser menor, pero habría que estudiar si aparecen con una incidencia significativa, patologías de la afectividad o enfermedades médicas.
III) Consecuencias de la deserción de un progenitor sobre los adultos que integran la constelación familiar
1) Sobre los progenitores custodios
La consecuencia más evidente de la desvinculación de uno de los progenitores es la sobrecarga que padece el otro, ya que se ve en situación de dar cuenta de todas las necesidades económicas, emocionales, de contención y de disciplina de los hijos. Esta circunstancia aflige más a las mujeres, que en muchos casos no habían elaborado como parte de su proyecto de vida, posicionarse como proveedoras económicas del hogar. En muchos casos tampoco se han subjetivado para asumir lo que se ha denominado “función paterna” o sea la puesta de límites.
Pese a las desventajas manifiestas, es posible suponer que la exclusión del ex cónyuge presenta desde otro punto de vista, “ventajas” emocionales, en el sentido de garantizar un depositario para aspectos inaceptables del sí mismo, que al ser proyectados y aislados en la imagen del padre o de la madre abandonante, permiten sostener la estima de sí de los progenitores custodios, construirse como progenitores y como sujetos sociales confiables, y reasegurarse acerca de lo acertado del divorcio y de la nueva elección de pareja.
3) Efectos sobre los cónyuges no progenitores
La situación de deserción del ex esposo o de la ex mujer de sus compañeros actuales, afecta de diversos modos a los cónyuges que conviven con los hijos de su pareja. Por un lado, suele sobrecargarlos con tareas y responsabilidades que no habían previsto asumir. Es frecuente que quienes establecen una unión de segundas nupcias no reflexionen previamente acerca de los aspectos del vínculo que no se refieran a la relación de pareja en sí misma. El modelo tradicional acerca de cómo se forma una familia insiste desde lo imaginario, y podemos decir que la presencia de hijos ajenos es de algún modo desmentida. Cuando ocurre, como en la mayor parte de los casos, que no existe vocación para la adopción subjetiva de estos hijos, a los que se tolera pero no se desea, la desimplicación del progenitor no conviviente, aumenta lo que se experimenta como una carga indeseada. Los varones expresan su rechazo de un modo más franco e impiadoso que lo que suelen hacer las mujeres. Esto tiene que ver con que el imperativo de amar a los niños y jóvenes no es parte integral de la masculinidad social. Los celos y la posesividad con respecto de la pareja son más frecuentes e intensos entre los hombres.
El “beneficio” que procura la exclusión del padre o madre que no convive con los hijos, deriva del cese de las interferencias respecto de la educación de los menores. Estas interferencias ocurren con frecuencia en situaciones de divorcio, donde quien ha perdido la cotidianeidad con sus hijos se hace presente en el hogar a través de actitudes de sabotaje y de inducción de los hijos para desafiar y socavar la nueva pareja. Aún en los casos donde no existan actitudes de sabotaje de la autoridad de la nueva pareja, la existencia de dos sub culturas familiares entre las cuales el niño o joven debe circular, complica el establecimiento de una normativa al interior de la familia.
IV) Divorcio y nuevas parejas: el destino de la parentalidad
En las familias ensambladas se produce una superposición de roles, donde el progenitor no conviviente ejerce su maternidad o paternidad a la distancia, mientras que la mayor parte de la vida cotidiana de los hijos transcurre en la unidad doméstica donde conviven con el cónyuge custodio, que mayormente aunque no siempre, es la madre, y su nueva pareja. Esta es una situación difícil, y no existen todavía acuerdos colectivos inequívocos que definan la forma en que estos roles se comparten. En ese sentido, es pertinente recordar que la familia recompuesta ha sido definida como una institución incompleta. Para algunos sujetos la pérdida de la convivencia con los hijos es un factor depresógeno. En esos casos la deserción se debería principalmente al desánimo, y al temor a enfrentar una competencia, experimentada como peligrosa, con el/la nuevo/a cónyuge de la madre o del padre. Es posible construir la hipótesis de que el actual cónyuge de su ex pareja es percibido como un representante edípico, y que se reeditan en ese contexto sentimientos de minusvalía experimentados durante la infancia ante la asimetría de poder entre el adulto y el niño.
En otros casos, la deserción con respecto del vínculo adquiere un matiz más vindicativo. El sujeto abandona a sus hijos para no asumir las cargas económicas y el trabajo de crianza, y es posible que goce ante la imagen de la sobrecarga a la que somete a la ex mujer y/o a la nueva pareja.
Existen efectos diferenciales de esta situación según el género. El ideal maternal moderno está aún vigente en gran medida, por lo que la interrupción del ejercicio de la maternidad es potencialmente más depresógena para las mujeres. En general, se requieren circunstancias extremas para que las madres deserten del vínculo con sus hijos, cosa que no se observa en el caso de los padres.
Es necesario destacar la forma en que el ejercicio de los roles parentales se ha fragilizado en el contexto actual. La red familiar, que incluye a los abuelos, intenta paliar esta situación. Es importante no confundir esta precariedad con un proceso de modernización social.
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