Defensas operantes en la producción de caracteropatías neuróticas
Ariel Wainer
En esta presentación intento sintetizar el primer tramo del recorrido de mi proyecto de tesis de doctorado. El tema del proyecto es, por ahora, el mismo que el título de este trabajo. En este primer año, mi actividad se centró en una primera revisión de la bibliografía y en la elección de un método de investigación.
Mi interés por el tema tiene dos fuentes. Por un lado, la experiencia clínica, en la que el abordaje de las perturbaciones del carácter se presenta como uno de los problemas más arduos para un analista. Por el otro, la teoría, en la que podemos advertir una asimetría llamativa. En la obra de Freud, y quizás como efecto de ella en el psicoanálisis en general, los rasgos patológicos de carácter fueron ubicados en la primera línea dentro del campo de aplicación del psicoanálisis, pero recibieron una consideración a nivel conceptual poco acorde con su status clínico.
Estas dos cuestiones, dificultad clínica y menor desarrollo teórico, me resultaron una combinación interesante cuando elegí el tema para mi proyecto. Pienso que un mayor conocimiento de esta problemática posibilitará un mejor abordaje clínico de la misma. La decisión de tomar la perspectiva de las defensas se fundamentó en una posición que supone que una de las vías centrales para el cambio clínico pasa por una modificación en el entramado defensivo del paciente.
Como punto de partida de la revisión bibliográfica tomo la propuesta freudiana de separar las perturbaciones del carácter como un dominio específico dentro del campo del carácter en general. Algunos autores que estudiaron el tema no hicieron esta distinción, y aunque parezca poco importante, la falta de ella genera ciertas confusiones. Por ejemplo, luego de realizar consideraciones muy pertinentes esos autores pueden concluir que el análisis del carácter en un tratamiento podría ser inconveniente. El carácter es un elemento infaltable en la constitución yoica y en muchos casos no corresponde aspirar a su desmontaje. La clave aquí es, a mi criterio, distinguir entre el carácter y sus perturbaciones. El estudio del carácter ha enriquecido el conocimiento sobre la constitución y funcionamiento del aparato psíquico, el de las perturbaciones del carácter delimitó un objeto de interés clínico.
Freud utiliza diferentes denominaciones para referirse a la patología del carácter. Mas allá de la cuestión terminológica un elemento que la distingue es que constituye una fuente de padecimiento para el entorno (familiar, laboral, social) del sujeto. A diferencia de un síntoma, en el que predomina el conflicto intrapsíquico, en el rasgo patológico de carácter el conflicto se despliega en un espacio intersubjetivo y el padecimiento queda localizado en principio, fuera del sujeto.
Uno de los objetivos que guiaron mi revisión de la bibliografía fue ubicar los diferentes modos de producción de los rasgos patológicos de carácter. En la obra de Freud se puede encontrar un abanico de posibilidades bastante heterogéneo. Una de ellas es la que denomina “exacerbación de rasgos de carácter normales”. El término exacerbación puede dar la idea de un cambio cuantitativo, sin embargo la transformación que se da en estos casos es de naturaleza cualitativa.
Un ejemplo puede resultar ilustrativo. Cuando Freud estudia el carácter anal señala tres rasgos importantes. Uno de ellos es el orden que está en sintonía con los ideales derivados de la erogeneidad sádico anal secundaria. Por ello se constituye en una virtud para el sujeto. Este rasgo, por exacerbación, puede devenir en lo que Freud denomina “minuciosidad pedante”. Ambos son egosintónicos pero se diferencian en un punto importante. La minuciosidad pedante, en general, constituye un problema para quienes tienen algún vínculo de dependencia con el sujeto que posee este rasgo.
Un segundo modo de producción de un rasgo patológico de carácter se pude inferir de algunos ejemplos que ofrece Freud. En Moisés y la religión monoteísta (1939) describe el caso de un hombre que ha tenido una muy mala relación con su padre.
“Cuando, aquejado por estos síntomas e incapacidades (mencionó el insomnio y la impotencia sexual), halló por fin una mujer tras la muerte del padre, le salieron a relucir, como el núcleo de su ser, unos rasgos de carácter que volvían difícil su trato para todos sus allegados. Desarrolló una personalidad absolutamente egoísta, despótica y brutal, para quien era una evidente necesidad sofocar y mortificar a los demás. Era la copia fiel del padre tal como el retrato de este se había plasmado en su recuerdo. . . ” (págs. 76-77)
Freud menciona la participación de una identificación en la base de esta mutación del carácter. Maldavsky jerarquiza este mecanismo en las caracteropatías y lo especifica denominándolo “identificación con un objeto decepcionante”. Lo que se destaca de la misma es que toma los aspectos del objeto que implicaron un padecimiento para el sujeto. Este tipo de identificación se vincula con otra de las modalidades de producción que Freud propone más explícitamente. Me refiero a la conceptualización de ciertos rasgos de carácter como expresión de un trauma y como instrumento de la compulsión a la repetición. El punto de encuentro de ambas modalidades de producción es el siguiente: la identificación con un objeto decepcionante posibilita hacer activo ante otros el trauma sufrido pasivamente.
La relación entre carácter y trauma tiene para Freud dos aspectos. Por un lado, el rasgo de carácter se constituye como un intento de defensa ante un trauma y, por otro lado, resulta un medio por el cual acciona la compulsión a la repetición. Maldavsky, en sus estudios sobre las patologías tóxicas, realiza un análisis de un rasgo patológico de carácter desde esta perspectiva. Se trata de la abulia o apatía, tan frecuente en pacientes en los que predomina un fragmento tóxico. El trauma que encuentra expresión en este rasgo es un estado de muerte psíquica derivado de una vicisitud pulsional, la carencia de un mínimo de tensión vital. En la conformación de este rasgo participa una identificación con una realidad aniquilante, ubicable como un interlocutor que decreta la abolición del sujeto. Esta operación que intenta una ligadura, culmina en una tendencia disolvente de fragmentos vitales propios. Los rasgos patológicos de carácter pensados desde esta perspectiva adquieren un valor particular en el intercambio analítico, ya que nos dan elementos para la construcción del trauma al que puede estar fijado un paciente y que repite en diferentes ámbitos.
Freud, en Pegan a un niño (1919), señala otra alternativa para la producción de rasgos patológicos de carácter. Plantea que la fantasía masoquista de ser azotado por el padre está en la base de cuatro desenlaces diferentes: neurosis, perversión, formación de carácter y psicosis. En este contexto, me interesa la tercer posibilidad. Señala que en ciertas personas el predominio de dos rasgos, la susceptibilidad e irritabilidad hacia figuras que se pueden insertar en una serie paterna, promueven situaciones en las que se hacen afrentar por ellas consumando así la fantasía masoquista.
Hasta aquí un breve recorrido por algunas propuestas freudianas. Un problema que surge cuando revisamos la temática de las caracteropatías es la extensión de este término. Maldavsky, por ejemplo, ubica tres grandes grupos: las caracteropatías neuróticas, las narcisistas no psicóticas y las psicóticas. Algunos autores como J. Schust descartan esta categoría por su amplitud. En mi caso, me pregunté qué tienen en común configuraciones tan diversas para ser nombradas con un mismo término. En una primer tentativa de respuesta puedo señalar algunos elementos, operaciones y características que considero comunes a todas ellas.
En principio, las caracteropatías se pueden definir por la presencia de uno o más rasgos patológicos de carácter con los que el sujeto se encuentra identificado. Entonces, por un lado tenemos el proceso de constitución del rasgo, al cual se agrega una operación identificatoria en la que se sustenta la frase tan frecuente: “yo soy así”. Este entramado es el que sostiene una de las peculiaridades de las caracteropatías, la conflictividad con el entorno. La frase enunciada, que puede o no ser formulada explícitamente, puede completarse del siguiente modo: “yo soy así, que me aguanten”. Esta segunda parte, si se despliega en los hechos, supone como dice Maldavsky, el ejercicio de algún poder.
En mi proyecto inicial me planteo realizar una investigación dentro de un grupo específico, el de las caracteropatías neuróticas. Aún acotando el campo, este sigue siendo bastante amplio y diverso. Por ello, me volví a plantear el mismo interrogante, es decir, qué es, más allá de sus diferencias, lo común a todas estas caracteropatías. En ellas, los rasgos patológicos también se pueden constituir por diversos caminos. En algunos casos, un síntoma o una inhibición, si el sujeto se identifica con ellas pueden adquirir el status de un rasgo de carácter. En otros casos, como plantea Maldavsky, el rasgo deriva de la hipertrofia de una virtud o de su contrario, lo que podría considerarse un vicio. Por ej., en una caracteropatía histérica puede exacerbarse el rasgo de la belleza, o su contrario, en cuyo caso el sujeto se vuelve el portador de lo desagradable. En este terreno bastante heterogéneo, Maldavsky señala que a la represión como defensa estructurante se agrega una desmentida secundaria. Este proceso suele ir acompañado de una regresión yoica y/o pulsional con una sobreinvestidura de la fantasía que tiene más bien el carácter de una retracción narcisista.
Hasta aquí lo más importante sobre defensas y caracteropatías. La revisión bibliográfica abarcó otros autores, como Winnicott, W. Reich, Nicolini, Schust, Braier, Gurman, entre otros, que por cuestiones de espacio no puedo citar. En este momento estoy evaluando algunos materiales clínicos para comenzar a investigar. El método que voy a utilizar es el ADL. Los motivos de la elección de este instrumento fueron básicamente dos: mi afinidad con los fundamentos teóricos y la sensibilidad del método para la investigación de las defensas. Para finalizar, entonces, quisiera realizar algunos comentarios sobre el ADL y el análisis de las defensas en las caracteropatías.
En primer lugar, el ADL categoriza las defensas en dos grandes grupos: las centrales y las complementarias. Las primeras son las que determinan el tipo de estructura clínica (represión, desmentida, desestimación de la realidad y la instancia paterna y desestimación del afecto) y las segundas constituyen un grupo abierto (identificación, proyección, formación reactiva, etc). Las defensas complementarias pueden tener dos funciones: reforzar la defensa central o dar paso al retorno de lo sofocado. El estudio de las defensas específicas operantes en las caracteropatías se va a enfocar en este segundo grupo. Si la caracteropatía es neurótica, la organizadora del conjunto será la represión y lo que le dará la especificidad será el entramado de las defensas complementarias.
Dentro del campo de las caracteropatías neuróticas señalé la importancia de las desmentidas secundarias a la represión. En este punto, el ADL ha sistematizado un modo de detectar la presencia de esta desmentida. Tomando como nivel de análisis el del relato, la posición del relator que indica la presencia de esta defensa es la de quien consuma un deseo a costa de otros a quienes coloca como ayudantes no reconocidos. De acuerdo a que el relator se ubique en uno u otro lugar pondrá en evidencia el éxito o fracaso de la defensa. También en el nivel del relato, pero ya en un enfoque sintáctico, es decir el que toma en cuenta una secuencia en la que se consideran los avances o no del narrador a partir de su deseo, la presencia de la desmentida secundaria puede inferirse en dos posiciones del narrador: cuando este hipertrofia su avance a costa de quienes lo rodean, o cuando interfiere el avance no solo en si mismo (sería sólo represión patógena) sino en otros.
Así como indicaba que el terreno de investigación se iba a desarrollar en el grupo de las defensas complementarias, en lo que hace a los niveles de análisis supongo que el nivel privilegiado será el de las frases. En él, los mecanismos complementarios a la represión se figuran a través de ciertos recursos retóricos. Por ejemplo, en la histeria las dramatizaciones y exageraciones ponen en evidencia identificaciones. Como mi interés se centrará en la constitución de rasgos patológicos de carácter, a priori imagino tres proyectos posibles:
- Determinar las formas en que se figuran en el discurso algunas defensas ya estudiadas que participan en el montaje de las caracteropatías neuróticas. Por ej. las identificaciones con objetos decepcionantes.
- Investigar la participación de defensas no postuladas ya a través de un análisis micro y
- Analizar las relaciones entre las defensas que participan en el entramado de las caracteropatías.
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