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IAEPCIS Institutos de Altos Estudios en Psicología y Ciencias Sociales

Director: David Maldavsky

 

IAEPCIS - 4° Jornada y Taller - El Desvalimiento en la Clínica

ESPACIO TERAPÉUTICO NO ESCINDIDO: POSIBILIDAD DE RESUBJETIVACION DE LO CLIVADO O  DE LO AUN NO SUBJETIVADO

Eduardo Grinspon

Efecto de la intervención a partir de la complementariedad interfantasmatica y la subjetividad transferencial.

Si como terapeuta tengo presente  los clivajes en la subjetividad y sus efectos, así como nos pasa con la  incestualidad o la perversión narcisista, las posiciones terapéuticas a asumir son diferenciadas. Es diferente encontrarnos ante un paciente en quien opera la represión, que ante alguien en quien se sostienen sectores clivados de la subjetividad o la presencia de lo aun no subjetivado. Es diferente si pensamos en un estado de desorganización que si nos ubicamos frente a un estado de inorganización, de lo aun no organizado.

Es diferente pensar el retorno de lo que se sostiene clivado en la pareja parental de un paciente, quienes han hecho un pacto denegativo (comunidad de desmentida sosteniendo un secreto familiar inconfesable) que aquellos restos aun no subjetivados en el grupo familiar que  van a insistir buscando la inscripción subjetiva.

Renee Roussillon define a los sufrimientos identitarios narcisistas como una patología narcisista relacionada con una dificultad en la función subjetivante del Yo. Se sostiene una organización defensiva contra los efectos de un traumatismo primario clivado y la amenaza de que su huella, al estar sometida al automatismo de repetición, pueda afectar a la organización del aparato psíquico y de la subjetividad.  Estas experiencias presubjetivas, preontológicas y atópicas afectan al narcisismo,  impactan en su constitución y, por supuesto a lo que habitualmente, si estuviéramos frente a pacientes neuróticos, llamaríamos el registro de la falta. Son pacientes en los que más que la carencia en ser están caracterizados por una carencia en el ser.

Ciertos sectores de la vida psíquica no son reprimibles pues no han sido representados, es decir, no han podido ser  integrados en la subjetividad por medio de la función subjetivante del yo. Para poder describir su situación tópica podemos referir al concepto de clivaje.

Es  a partir de nuestro malestar y  desorientación como analistas, que podemos reconocer estar frente a estas problemáticas del sufrimiento narcisista identitario (estados límites de la subjetvidad y de la subjetivación). Puede corresponder a la actualización en el analizando de una forma de desesperanza (desespoir) existencial  ligado a un fondo traumático y vivencias agónicas clivadas de la organización psíquica manifiesta. Este fondo traumático primario proviene de la discordancia originaria precoz entre la economía pulsional y el mundo externo necesario. R. ROUSSILLON define a la transferencia por retorno, como  característica en problemáticas narcisistas identitarias, siendo la desesperanza del analista (desespoir del analista ) padecida desde la subjetividad transferencial, la  consecuencia del clima paradojal intersubjetivo. En paralelo con la transferencia en la que se juegan los desplazamientos sobre el analista de antiguas modalidades relacionales jugadas en su historia y de un modo clivado, otro proceso transferencial viene a doblar, en paralelo al primero, sin antagonismo manifiesto y en el cual el analista está puesto en el lugar y posición en que estuvo el analizando, frente a sus objetos y singularmente frente a aquellos y a aquello que debió repudiar de él mismo para mantener la relación narcisista con ellos o para el sostenimiento de su continuidad narcisista.
Esta afirmación diferencia los sectores clivados, ya sea el clivaje en la subjetividad o clivaje subjetivo, efecto de  mecanismos como  la desmentida y la desestimación, utilizados como estrategia de sobrevida, de los restos aun no subjetivados por ser marcas presubjetivas, preontológicas y atópicas. A veces el analista resiste a esta otra transferencia y las teorías vienen a llenar el vacío dejado por una ausencia de representación precisa de la historia del paciente, siendo  la percepción actual el modo posible para el retorno de la trama de situaciones registradas en el origen de la construcción de sus identificaciones narcisistas u objetales, pero no vivenciadas subjetivamente. Es importante diferenciar el retorno de lo clivado en la subjetivaidad de lo aún no subjetivado, esto último se hace presente infiltrando la percepción actual mediante la reminiscencia alucinatoria.

Cuando la realidad histórica material evocada en sesión tiende a ser cuestionada por el analista, cuando parecen oponerse realidad y realidad psíquica, cuando en la escucha el registro entre la realidad externa e interna se destransicionaliza y la capacidad de reverie  deja de funcionar, un malestar aparece que puede amenazar las condiciones de una escucha que permita la recomposición del tiempo y espacio clivado. Este malestar contiene el conjunto de trazos contratransferenciales que revela la manera insidiosa en la cual algo de lo no subjetivado del paciente retorna, infiltrando el espacio intersubjetivo transferencial. 

TRANSFERENCIA PARADOJAL

Teniendo presente el concepto de clivaje en la subjetividad, nos acercamos a la transferencia paradojal. Es un tipo de transferencia, en la que se presenta una forma paradojal de dialéctica intersubjetiva. El paciente demanda al analista  ser el espejo del negativo de sí mismo, es decir, de aquello que no ha  podido ser subjetivado.

Se impone un clima en el cual  la paradoja  tiende a sustituir al conflicto psíquico subjetivamente percibido. La necesidad principal de estos pacientes, por medio de la transferencia paradojal, es poder apropiarse de su historia subjetiva clivada, aquello que no ha podido acceder a la figurabilidad y a la palabra.

Nos encontramos en un mundo mucho más dominado por la compulsión a la repetición  que por las lógicas de la elección y lo que se presenta, más que la problemática de la pérdida, es lo aún no advenido de si mismo. Estos pacientes se sostienen en un clima de desvalimiento, desesperanza o retracción  y el universo subjetivo transferencial está referido más a las problemáticas de la negatividad, apego al negativo como estrategia de sobrevida, que a aquellas emergentes de la integración del vínculo. Debemos pensar, más que en transferencia negativa, en la presencia de lo negativo en la transferencia y en el modo singular como cada sujeto estructuró la corriente del apego.

Lo no advenido de sí mismo, aquello que no pudo ser simbolizado  e integrado en el Yo sujeto, resta en estado potencial pidiendo, en un tipo particular de repetición, un sujeto en el cual habitar. La compulsión a la repetición es enunciada por Roussillon como un tercer principio que, junto al de placer y al de realidad, implica la compulsión a la subjetivación por medio de la cual, lo aun no subjetivado tiende a un camino o proceso para lograr un status de subjetivación. Estas huellas presubjetivas y atópicas  están más allá del principio del placer y sometidas a la compulsión a la repetición, tienden a ser alucinatoriamente reinvestidas pidiendo nacer en un espacio subjetivo.

Entendemos este tipo de repetición como un modo de re-pedir la posibilidad, partiendo del dolor y su convalidación en la subjetividad transferencial, de acceder a la apropiación subjetiva. Si como analistas soportamos nuestro malestar y resistimos a la tendencia a explicar a partir de lo ya conocido, nos podremos conectar con la percepción y quizás dotarlo de su matiz, del dolor que habita en desesperanza en nuestro paciente. Es nuestra capacidad de imaginar o de reverie la que sosteniendo un holding intersubjetivo va a habilitar el tránsito que, partiendo del dolor en desesperanza ( desespoir) y su convalidación intersubjetiva dentro de la complementariedad interimaginaria, permita la resubjetivación historizante.

CLIVAJE DE LA SUBJETIVIDAD

Estos pacientes estuvieron enfrentados con el narcisismo de los objetos referenciales a los cuales  han debido plegar su identidad y sus tentativas de subjetivación, habiendo sido muchas veces objeto de manipulación narcisista de un perverso narcisista dentro de la pareja parental y su pacto incestual.

Para sobrevivir el sujeto desubjetivándose se retira  de la experiencia traumática primaria. El aspecto  paradojal de esta defensa extrema es que el Yo queda clivado de una experiencia registrada y no constituida subjetivamente, sobrevivió mutilando un sector de la vida psíquica.
Es un clivaje hacia el Yo  no un clivaje del Yo. Es un clivaje de la subjetividad y la parte no representada es, sin embargo, psíquica, presubjetiva, preontológica y atópica (lo aun no subjetivado) y deberá pertenecer al Yo. Lo clivado tiende siempre a retornar y,  en la medida en que no es de naturaleza representativa, el retorno es en acto y actual sosteniendo el estado traumático mismo .

Estas huellas, al ser reinvestidas, amenazan a la subjetividad y al yo de un retorno a la experiencia traumática en un dolor en desesperanza, dándose un volver a para evitar el volver de la experiencia traumática, este tipo particular de transformación pasivo activa puede tornarse incesante. Debemos recordar que un modo habitual de retorno posible es a través de la percepción actual .

Una indicación posible en situaciones donde impera el clivaje de la subjetividad es el espacio terapéutico no escindido (ya sea individual y/ o familiar). Una espacialidad interimaginaria donde este resto presubjetivo, preontológico y atópico, resto de dolor sin conciencia y sostenido como marca de la descarga somática del afecto, en lugar de ser desvitalizado, desestimado y descargado en el circuito incesante antes mencionado, pueda ser  transformado en recuerdo, a partir de la subjetividad transferencial. El despliegue se da  dentro del espacio interimaginario tanto  en sesión, así como en  las diferentes espacialidades no escindidas.
Estos estados traumáticos producen un impasse subjetivo, provocan un desespoir existencial, una vergüenza de ser que amenazan la existencia misma de la subjetividad, dentro de una culpabilidad primaria que es lo que le posibilita tornar subjetivamente coherente un guión respecto del desamor producto del desencuentro primario.

El tratamiento cara a cara posibilita lo que Roussillon llama “la cuestión del sentir la contratransferencia”, es decir, nuestra efectiva respuesta afectiva en la transferencia mas allá de toda posición técnica de neutralidad. Es muy raro o difícil a nuestros cuerpos mentir u ocultar nuestros estados internos sin que dejen trazos. No es  mi intervención verbal lo
importante sino mi intervención subjetiva en la complementariedad interimaginaria. Se da la necesidad de apoyos perceptivos, ya que al retornar en lo actual, impera la  tendencia a la descarga y es la posición del terapeuta la que va a poder transformar lo que retorna en  resto subjetivo.

 SUBJETIVIDAD TRANSFERENCIAL

La subjetividad transferencial como  criterio orientador habilita la posibilidad del nacimiento subjetivo de sectores aún no nacidos de un paciente o de una familia.

Esta posición apunta al encuentro interalucinatorio entre la posibilidad del paciente y la del analista, al acceso al imaginario y la figurabilidad. Es decir, se genera una alianza, una armonía o una sintonía, convocando la disposición a la figurabilidad del otro en consonancia con la propia. Sería más preciso denominarla intertransferencial y a partir de esta complementariedad es posible reanimar ciertos sectores de la vida psíquica del paciente. Existe un (etayage) apoyatura mutua de narcisismos que da la formación de un espacio psíquico común y compartido..

Lo no subjetivado retorna siempre y lo que intentamos es sostener una espacialidad intersubjetiva e interimaginaria, donde las formaciones mas encriptadas puedan ser subjetivamente integradas. El espacio interpsíquico es un espacio imaginario común y compartido en. Un vínculo  terapéutico, si este se establece, “no es sin el otro”, es un modo de presencia del otro en la psiquis del paciente, una fantasía común es compartida o en situaciones más regresivas, un producto psíquico común es producido, cuando cada sujeto activa en esta puesta en fantasía un posicionamiento correlativo al posicionamiento de otro (o de muchos otros), a los cuales se liga en una escena inconciente compartida y en la cual se distribuyen de manera complementaria o invertida estos posicionamientos psíquicos.  Este mecanismo es pervertido en la posición provocante / convocante por medio del cual se convoca lo peor del otro para el sostenimiento estático y omnipresente de un núcleo tenso Este ejemplo nos marca la diferencia entre un circuito de complicidades perversas de la complementariedad interimaginaria como posibildad terapéutica.

La inclusión de le la psique del infans en la de la madre y su conjunto puede ser  la de un objeto mortífero incapaz de ser soñado o imaginado. Este infans puede representar un resto sostenido en el medio familiar a través de generaciones .

Existen en éste caso también, partes comunes , pero son las del trauma compartido que se presentan de un modo sincrónico, en una estasis temporo espacial y tendiendo a la descarga. Es aquí donde la complementariedad interimaginaria puede sostener una brecha, la espacialidad posible para el retorno de aquellas  huellas de la experiencia originaria  aún no subjetivadas.

El grupo familiar y el transferencial es un espacio de inscripción, fuera de la psique,  individual, de estas huellas no sometidas al efecto de la represión, siendo el clivage, la desmentida, la forclusion o el repudio ( rejet) las defensas habituales en estas situaciones.Podemos imaginar que lo expulsado fuera de la psique individual, puede sostenerse en un ESPACIO

EXTRATOPICO, PLURIPSIQUICO

La familia y el vinculo transferencial, son lugares en los  cuales lo que ha sido sometido al destino antes descrito, puede ser transformado, gracias a la complementariedad interimaginaria .Esto implica una puesta en suspenso, tendiendo a la disolución de aquellas  alianzas o pactos denegativos que aseguraban la eficacia de  la defensa.

La inclusión del terapeuta dentro de la complementariedad interimaginaria , abre la posibilidad de recuperar la transicionalidad y transformacionalidad del espacio familiar. Esto conlleva a que puedan circular intersubjetivamente aquellos sectores que yacen en latencia, y que los afectos dejen de estar resomatizados en un cuerpo común, para en un tránsito somatopsíquico ir habitando un sujeto con nombre propio y palabra dentro del circuito intersubjetivo. Incluir la subjetividad transferencial del terapeuta permite un tipo de interacción interimaginaria, a veces difícil de sostener, pero que permite que emerja un resto diferente. Ese resto sería un representante de lo nuevo, de aquello aún no nacido subjetivamente.

El resto al que refiero es  aquello significable que va a la búsqueda del significante dentro de la compulsión a la subjetivación  y que en lugar de ser una cantidad (objeto en bruto) expulsado en un circuito corto, va quedando como un dato histórico que se integra en la estructura como tesoro de significantes grupal.  Estos datos históricos circulando en palabras son productos intersubjetivos. La eficacia transindividual al tomar al otro como parte de una escena estática, genera núcleos tóxicos y crípticos expresados como un tipo de violencia altamente tóxica. Desde mi subjetividad transferencial en estas escenas de violencia detecto una tendencia supresora hacia mi posición, y a partir de mi malestar la necesidad de resistir, muchas veces  dentro de algún tipo de alianza, por ejemplo con  un hijo.

Se da la articulación de un tipo de resistencia intraestructural, eficacia de la defensa transindividual y un tipo de resistencia del analista (endurance) que  recupera un masoquismo guardián de la vida que permite soportar el conflicto el tiempo necesario hasta obtener el camino adecuado para que pueda darse un resto La inclusión del terapeuta sólo puede hacerse incluyéndose y resistiendo dentro del clima paradojal de complicidades.

 

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