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IAEPCIS Institutos de Altos Estudios en Psicología y Ciencias Sociales

Director: David Maldavsky

 

Género y Subjetividad: varones y mujeres en el desarrollo de sus carreras laborales
Por Dra. Mabel Burin

Hoy presentaré algunos hallazgos preliminares obtenidos de la Investigación que he dirigido llamada “Género,  trabajo y familia”, recientemente concluida. Esta investigación forma parte del Programa de Estudios de Género y Subjetividad, del IAEPCIS, en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES).

Este estudio comenzó en diciembre de 2000 con el diseño y aplicación de un cuestionario sobre temas de familia y trabajo,  respondido mediante el sistema de “múltiple choice”. La aplicación del cuestionario se realizó a cuarenta parejas convivientes, algunas en primeras nupcias y otras que integraban arreglos familiares post-divorcio, todas con hijos conviviendo en el hogar.

Luego realizamos 40 entrevistas en profundidad, a 20 parejas convivientes, 10 de ellas unidas en primeras nupcias y 10 unidas en segundas nupcias. 
Por último se procedió al análisis del material obtenido según varios ejes: trabajo – parentalidad- conyugalidad.  Para cada uno de estos ejes se determinaron categorías de análisis según se trata de posicionamiento en el género de manera Tradicional, Transicional o Innovador.  Esta presentación ofrece una parte de los hallazgos de la articulación entre los tres ejes mencionados.1

Las preguntas que orientaron inicialmente mI búsqueda en relación a las parejas de esta investigación se fundamentaban en estudios anteriores, en que se había hallado que, para las mujeres de sectores medios urbanos que habían iniciado sus carreras laborales alrededor de los 20 años, al llegar a la mediana edad se encontraban con el así llamado “Techo de Cristal”.  Se describe así a esa superficie superior, invisible, en la carrera laboral de las mujeres que les impide seguir avanzando.  En su construcción no hay leyes ni códigos visibles que impidan a las mujeres llegar en sus carreras laborales hasta los puestos más altos de responsabilidad, autoridad y poder. Entre la multiplicidad de rasgos que construyen el “techo de cristal”, algunos son objetivos, debido a la cultura de las  organizaciones laborales, diseñadas sobre modelos de trabajo tipificados como masculinos;  otros rasgos son subjetivos, construidos a lo largo de la historia de cada sujeto, en su singularidad.

En este estudio nos proponemos averiguar si las mujeres, que actualmente tienen entre 30 y 45 años, perciben la existencia de un techo de cristal en sus carreras laborales, y si no lo perciben, a qué se debe eso.  En caso que estén concientes de ese fenómeno deseamos saber qué recursos utilizarían para resquebrajar ese techo de cristal.  También interesa averiguar qué percepción tienen sus maridos de este fenómeno, y el grado de acercamiento que tengan a sus esposas para enfrentarlo, ya sea para su evitación o bien para su consolidación.  En algunos casos ni ellas ni ellos lo perciben como problema, pero desde nuestra perspectiva este techo está latente y en vías de construcción.

Hemos hallado algunas tendencias que llevan a las siguientes apreciaciones.

1) Todavía persisten entre las parejas estudiadas actitudes caracterizadas como tradicionales desde la perspectiva del género que indican que las mujeres siguen siendo las principales responsables del escenario doméstico y del cuidado de los niños, especialmente cuando son pequeños.  En la distribución de tiempos, aunque varias investigaciones realizadas en Argentina indican que las mujeres ya no abandonan sus puestos de trabajo cuando tienen hijos, sin embargo en las parejas estudiadas ellas disminuyen su dedicación al trabajo, a favor de la dedicación  a los niños, o bien, aunque conserven la misma dedicación horaria anterior al nacimiento de sus hijos, el horario post laboral sigue con una intensa energía psíquica de cuidados y atención de las necesidades de los niños, en tanto sus maridos habitualmente dedican esos tiempos a desarrollar alguna otra actividad laboral, o bien a hacer cursos de perfeccionamiento.  De modo que, en la pareja, mientras ellas avanzan en el desarrollo de la carrera maternal, ellos avanzan en el desarrollo de su carrera laboral

2) En lo referido a la capacitación de mujeres y varones dentro de la pareja, en tanto la actividad formativa de ellas se interrumpe con el nacimiento de su primer hijo, entre aquellas mujeres que optan por una maternidad más tradicional, para los varones el nacimiento de sus hijos no implica la detención de sus actividades de formación,  haciendo cursos de postgrado y otras actividades que les permiten mejores niveles de ascenso a sus carreras laborales, por ejemplo, por mayores oportunidades de contactos sociales, de adquisición de nuevas tecnologías, etc.  Bajo estas circunstancias, cuando se requiere hacer viajes de especialización o de otro tipo que mejore las oportunidades laborales, mientras las mujeres permanecen junto a sus niños y renuncian a tales oportunidades, considerando que será beneficioso para su familia,  sus maridos las aceptan considerando que será beneficioso para sí y para su familia.

3) Cuando las mujeres han logrado altas calificaciones en sus trabajos  gracias a estar sobre-calificadas profesionalmente,  por haber realizado actividades educativas que le permitieron obtener títulos y conocimientos avanzados,  anteriores al nacimiento de sus hijos, sin embargo cuando tienen niños estos niveles de sobre - calificación no son sostenidos como para ocupar puestos de trabajo de nivel superior, sino que renuncian a tales puestos de  trabajo porque pueden ser contrarios a la dedicación que requieren sus hijos pequeños.  Cuando igualmente intentan sostener tales posiciones laborales, el sentimiento de culpa y de frustración es de tal índole que  pueden llegar a desarrollar enfermedades psicosomáticas que dan cuenta del conflicto.  La tensión resultante de este tipo de conflicto es resuelta, a menudo, postergando sus carreras laborales y sus actividades de formación profesional, o bien reduciendo éstas a un mínimo. 

4) Un resultado de esta condición, en parte promovido  también por las escasas oportunidades laborales existentes en la actualidad en nuestro país y la disminución de los salarios, es que este grupo de mujeres a menudo se sienten desalentadas para seguir adelante con sus carreras laborales.  Sin embargo, aquellas que tienen hijos un poco más grandes, que no requieran tantos cuidados personales y que son atendidos por otras personas (padres, abuelos, etc.), mujeres que tienen además rasgos de personalidad que les permiten mantener actitudes de empuje, de iniciativa conservando su inserción laboral, desarrollan un tipo de deseos ambiciosos que las empujan a buscar nuevos recursos y /o mejorar los anteriores.  Cuando a esto se suma alguna situación de crisis vital (migraciones, divorcios, etc.) este tipo de deseos ambiciosos puede llegar a potenciarse, en desmedro de otras posiciones subjetivas que habrían desarrollado anteriormente. Algunas mujeres que en situaciones anteriores se habían afirmado sobre la base de una inserción laboral “sólo en un trabajo que me haga sentir bien”, luego de una crisis vital cambian a posiciones subjetivas que las lleven a buscar trabajos con otras inquietudes, por ejemplo, para tener logros económicos, para medir sus fuerzas en habilidades para la negociación de horarios, de salario, de actividades, apuntando a un desarrollo laboral que mejore sus perspectivas futuras, y no sólo que les ofrezca comodidad o placer en el presente.

Mientras ellas buscan tradicionalmente estilos laborales que preserven su calidad de vida, debido a su percepción todavía tradicional de su trabajo con ingresos secundarios a los de sus maridos, ellos por el contrario aceptan condiciones laborales más exigidas porque siguen considerándose el proveedor principal, orientados hacia la  remuneración y el ascenso laboral, aceptando a menudo climas laborales tóxicos. 
Los contextos laborales tóxicos son conceptos desarrollados a partir de la hipótesis freudiana acerca de la toxicidad pulsional   Lo tóxico de las pulsiones se produciría como consecuencia de la dificultad para procesar psíquicamente movimientos pulsionales desbordantes. El resultado es un estado de desvalimiento yoico ante tales movimientos pulsionales que terminan, por ejemplo, en estallidos de violencia.  Aplicamos este concepto a situaciones de contexto laboral, donde circulan los así llamados “afectos difíciles”: miedo, ira, dolor. Observamos contextos laborales que promueven magnitudes emocionales difíciles de tramitar psíquicamente, y que a menudo tienen como consecuencia conductas violentas, visibles o invisibles, y en otros casos manifestaciones psicosomáticas tales como úlceras, trastornos respiratorios, cuadros dermatológicos y otros.

Algunas conclusiones provisorias en el aspecto de la vida familiar y la inserción laboral de las mujeres:

a) Existe una separación entre los discursos que se enuncian, por un lado, y las prácticas familiares y laborales concretas, por otro.  Entre las familias de sectores medios urbanos observados, si bien los enunciados acerca de la igualdad de oportunidades educativas y laborales para las mujeres se sostienen vigorosamente, en las prácticas las parejas conservan  actitudes más tradicionales. En este sentido todavía las mujeres son las principales proveedoras  de cuidados tempranos a los hijos, y siguen postergando su avance laboral y su formación educativa en nombre de las necesidades específicas de los vínculos de apego.  Pero tales vínculos de apego no son igualitarios con los varones, no porque ellos no perciban estas necesidades, sino porque ellos  - y también ellas - todavía consideran que son las mujeres las principales sostenedoras de esos vínculos mientras los niños son pequeños, en tanto los padres podrán incorporarse a la crianza en momentos ulteriores del desarrollo; sólo en ocasiones límite se incorpora el padre, en forma puntual y para ocasiones específicas.

b) En este grupo de mujeres hemos podido observar también el esfuerzo por diferenciarse de sus madres.  Por una parte se refieren a madres que trabajaban sólo por un tipo de necesidades, las económicas, mientras que ellas trabajan por varios tipos de necesidades, las económicas y también las necesidades subjetivas de reconocimiento social y de prestigio, así como de  deseos de saber, de acuerdo con los niveles educativos más elevados que han podido lograr.

Otras mujeres, hijas de madres exitosas profesionalmente, perciben que no van a poder superarlas y en muchos casos ni siquiera asemejárseles, debido a la crisis de trabajo actual.  Este grupo de mujeres tiende a abandonar sus esfuerzos, desalentadas por esta dura realidad.
Entre estas mujeres también hallamos aquellas que comentan, decepcionadas, acerca del fracaso de antiguos valores como el del mérito (meritocracia), que les indicaba que si eran talentosas y se esforzaban suficientemente en su capacitación, lograrían una inserción laboral acorde con sus deseos. En términos de relaciones de poder entre los géneros y entre las generaciones, el problema que podría persistir es que este grupo de mujeres lleguen a la mediana edad padeciendo estados depresivos debido a la falta de ejercicio de otras áreas de poder, más allá del tradicional poder de los afectos en el ámbito familiar y doméstico
Desde el punto de vista del posicionamiento  subjetivo en el género, las mujeres con posiciones más tradicionales en sus articulaciones entre la maternidad, la conyugalidad y el trabajo revelan que el Techo de Cristal ya se está configurando antes de llegar  a la mediana edad.  En cambio el análisis de los datos obtenidos  indica que las mujeres con posicionamientos genéricos transicionales o innovadores están en mejores condiciones para lograr que este techo de cristal no se les imponga como obstáculo en sus carreras laborales.  Este grupo de mujeres está en mejores condiciones para cuestionarse los mecanismos subyacentes a la mayoría de las organizaciones laborales que constituye estas limitaciones para las mujeres y para analizar en su propia subjetividad con qué recursos cuentan para enfrentarlo.

c) Es posible que las actuales condiciones de trabajo contribuyan a este posicionamiento subjetivo de varones y mujeres, dado que la mayoría de las organizaciones laborales están diseñadas dentro de un universo de trabajo masculino y no contempla las necesidades específicas de las mujeres en tanto trabajadoras.  Contar con horarios flexibles, o la media jornada de trabajo, que parecerían ser condiciones laborales más acordes con las necesidades de crianza de niños pequeños, suelen ser propios de trabajos de baja calificación, mal pagados y sin perspectivas de futuro.   Las únicas posibilidades de igualación en el avance de la carrera laboral de las mujeres con los varones serían bajo condiciones de trabajo no full- time sino “full- life”, como decía una de las entrevistadas, y esas serían condiciones contrarias a la formación de las familias y de la crianza de los niños.  Sigue en pie el desafío de hacer compatible el desarrollo laboral y de crianza de los niños.

1 Un análisis más completo de esta investigación está publicada en la Revista Subjetividad y procesos cognitivos Nº 5, de la UCES.

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