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IAEPCIS Institutos de Altos Estudios en Psicología y Ciencias Sociales

Director: David Maldavsky

 

Investigación del concepto de objeto (instrumento, herramienta) en la teoría psicoanalítica
Marta María Caamaño

El motivo de esta ponencia es referirse al auto como objeto o herramienta para el desplazamiento, desde el rol del conductor. Nos apoyamos para este desarrollo en fuentes teóricas psicoanalíticas y en un estudio preliminar exploratorio mediante entrevistas semiestructuradas a conductores particulares expertos (Caamaño 2001, 2005).

La función de conducir autos (driving) es una actividad del individuo adulto que consiste en el despliegue de diversos mecanismos de percepción – acción sobre todos los recursos técnicos del auto, para lograr su desplazamiento, en forma adecuada al entorno vial. Este desplazamiento motorizado es una acción mediadora para que el sujeto disfrute o cumpla finalidades utilitarias. Desde lo social es una actividad regulada por normas y generadora de culturas y subculturas.

Históricamente el uso de autos se masificó en el siglo XX como consecuencia de avances tecnológicos. Esta innovación generó transformaciones en los hábitos de la vida cotidiana relacionados con las actividades de desplazamiento. La porción de ese universo que hoy nos interesa son las adaptaciones psicológicas inherentes a los individuos de conducen autos. Sostenemos la hipótesis de que en el driving normal, el auto posee una doble inscripción psíquica en el sujeto que conduce: por un lado es una prótesis incorporada a la representación corporal que conlleva adaptaciones en la motricidad de desplazamiento; por otro, es un objeto del mundo real que posee atribuciones de significado por sí y por la forma peculiar del desplazamiento que le proporciona al individuo.

En este sentido reviste interés reflexionar acerca de los objetos o “cosas” materiales, existentes en el mundo externo y que son útiles a los desempeños funcionales del individuo adulto. La vida psíquica se despliega en un universo simbólico compuesto por representaciones de objetos que cada ser humano percibe, utiliza, manipula, transforma y es transformado por ellos. En esta categoría incluimos tanto a las personas (madre, padre, semejantes), como a las “cosas del mundo”.

Tradicionalmente el psicoanálisis ha puesto mayor énfasis en las relaciones vinculares con las personas, y los objetos no humanos han tenido relevancia como derivados de las relaciones de objeto humanas (Tisseron 1998). Por ejemplo, como derivados de los objetos edípicos, un niño puede apreciar la ternura de su padre, o sus pasiones observando la forma en la que cuida sus objetos preferidos, situación en la que permuta los objetos de su padre por su propia persona. Solo por mencionar algunos casos, Freud (1917) alude frecuentemente a significados atribuidos a animales, objetos e incluso partes del propio cuerpo en diversos cuadros clínicos1. Winnicot nos remite a la intermediación que cumplen algunos objetos materiales (peluche) cuyo destino es el de elaboración o tránsito hacia una relación vincular.

En todos estos desarrollos el interés ha sido correlacionar aspectos de la clínica con la erotización de cosas, cuerpo, o fragmentos de ellos. Harold Searles (1960) en sus reflexiones acerca del “non human environment”, sostuvo que estos objetos no humanos inciden por sí mismos en el individuo, equiparándolos a las relaciones con personas, y mostrando cómo la naturaleza, los animales y los objetos cotidianos generan abundantes “transference feelings, projections and identifications”.

¿Qué podemos decir de aquellos objetos que han sido inventados para ser utilizados en actividades cotidianas? Ha tenido escaso desarrollo la investigación psicoanalítica sobre los desempeños funcionales del adulto, lo que sería de interés y aplicación en aspectos preventivos de la vida social.

Una primera cuestión es definir la función del auto. Entendemos que el auto (vehículo motorizado) está vinculado con las acciones de desplazamiento real. Podríamos hipotetizar que se inscribe en una serie derivada de objetos del mundo infantil, que han estado asociados con el desplazamiento, originariamente con el caminar paso a paso y el correr, actividades que persisten en la vida adulta.

El caminar es una actividad biológicamente determinada en la especie humana. Su desarrollo es correlativo con la estructura del erotismo sádico anal primario que se caracteriza por el “ejercicio de la musculatura aloplástica (…) sustituyéndose también la alteración interna por las acciones específicas.” (Maldavsky 2000). Al decir de Freud (1905) en esta fase “predomina la oposición entre activo y pasivo” (…) la pulsión de ver y la pulsión de saber despiertan con fuerza (…) las pulsiones parciales no carecen de objetos, pero estos no necesariamente coinciden en uno solo.”

El caminar requiere de una serie de coordinaciones sensorio motrices que implican la labor de las pulsiones de autoconservación acotando la búsqueda de placer de las pulsiones parciales (principio de constancia) y controlando el desenfreno de los desempeños motrices  (Hasson 2005).

Suponemos que el registro de los primeros elementos o cosas vinculados al desplazamiento se inicia en esa etapa. Además del sostén de las personas que crían al niño, podemos mencionar: el piso (o sustitutos), los elementos que son objeto de prensión manual, los soportes en los que se apoya el niño para ensayar la posición de pie y el equilibrio (barrotes de la cuna, sillas), el cálculo de distancias mediante el choque de objetos móviles, los acercamientos – alejamientos respecto de objetos fijos, etc. El registro de este tipo de objetos materiales, a partir de la experiencia, consiste en percepciones sensoriales de características y formas, y el reconocimiento como apoyos o auxiliares útiles a la función de desplazamiento de si mismo, así como del registro combinado del movimiento de dichos objetos.

Estos elementos adquieren carácter representacional secundario (o contextual) a la motricidad de desplazamiento. Estas representaciones de elementos consisten principalmente en huellas mnémicas (que primero son imágenes y luego palabras que los designan) integradas por la percepción de los mismos conjuntamente con acciones específicas de descarga pulsional, que en las diferentes fases son incorporadas por el infante mediante mecanismos de apoderamiento proyectivo derivados de experiencias de manipulación. El creciente conocimiento del mundo incrementará y estimulará los descubrimientos de más y mejores objetos que acompañan su desplazamiento (triciclo, bicicleta, etc.), sofisticarán su motricidad, en un proceso en el cual estos objetos tanto amplían cuanto limitan -en definitiva moldean- los movimientos posibles con ellos. Apuntamos aquí que esta relación objetos – niño se da en un doble sentido: él manipula al objeto (aloplastia), al mismo tiempo el objeto impone su mecánica y forma, produciendo adaptaciones (autoplastia) en los posicionamientos corporales y esquemas motrices de desplazamiento. Todo ello combinado con la adquisición del lenguaje que designará objetos, acciones y vivencias con ellos.

La etapa de latencia proporciona una plataforma facilitadora para el desarrollo de funciones y la incorporación de objetos materiales asociados a desempeños funcionales.

Estos objetos relacionados con el desplazarse (al igual que otros) posteriormente sufrirán retranscripciones y reordenamientos psíquicos de acuerdo a las lógicas predominantes, en forma progresiva, hasta alcanzar paulatinamente la categoría de objeto funcional para el desplazamiento y la motricidad adecuada a la función del driving en el adulto.

En el driving del adulto, el vehículo formará un complejo representacional específico, radicado en el Yo, en el que están implicados varios aspectos:

  • La representación corporal adaptada a la incorporación del auto.
  • Las investiduras significativas atribuidas al auto como objeto del mundo y al desplazarse con él
  • Las representaciones de utilidad, normas e ideales específicos a nivel del Super Yo.

Este complejo representacional está sostenido por defensas funcionales, que están al servicio del procesamiento psíquico de:

  • Los estímulos externos viales asociados a acciones específicas.
  • Los estímulos endógenos asociados a las significaciones (libidinales y superyoicas) atribuidas al auto y al desplazarse mediante este objeto.

Examinemos ahora algunas hipótesis necesarias para explicar una parte del complejo representacional del driving: la representación corporal adaptada a la incorporación del auto

Representación “yo-cuerpo-auto”

Desde lo observable conducir un vehículo motorizado consiste en una conjunción entre el conductor y la máquina en un movimiento de desplazamiento. Este tipo de desplazamiento reconoce como correlato el caminar, acción mediante la cual el ser humano utiliza su propia capacidad corporal.

Entre el caminar y el driving existen una serie de similitudes y diferencias, que se analizan más detalladamente en otro texto. Resumiendo: existen estructuras consolidadas en la representación corporal del caminar que persisten en el driving con adaptaciones que llamaríamos “menores” pues se apoyan en aspectos básicos de coordinación psicomotriz, mecanismos de cálculo de posicionamiento y distancia, utilización de los órganos de los sentidos, lateralidad. Pertenecen a esta categoría una parte importante de las actividades que debe desarrollar el conductor en el driving.

Una de las metas del aprendizaje para conducir es lograr la automatización de los movimientos para desplazarse con el auto, momento que los conductores reconocen que “dejaron de pensar qué había que hacer”, para poder observar el camino o contexto vial y desplazarse en consecuencia. Lograr la automatización de los movimientos necesarios a la conducción liberará energía atencional, que deberá estar disponible para la captación de información del ambiente vial.

En este aprendizaje, la máquina motorizada produce una serie de alteraciones anatómico funcionales en el desplazamiento humano cuya consecuencia será una modificación específica de la representación de cuerpo. Estos cambios son el resultado de la incorporación protésica del auto en la acción de desplazamiento del cuerpo propio, cuyo resultado es un cambio cualitativo. A diferencia de otras prótesis corporales parciales, el auto involucra el desplazamiento de la totalidad del cuerpo, a lo que debemos agregar que este objeto motorizado posee movimiento propio de desplazamiento, es una máquina. El conductor deriva en el auto, el contacto con el piso, los movimientos de avance y rotatorios son indirectos, su desplazamiento adquiere más potencia en velocidad, en la cantidad de metros/Km. que puede abarcar en menos tiempo, etc. En síntesis, el individuo logra alcanzar una potencia de desplazamiento cuanti y cualitativamente diferente a la que le proporciona su propio cuerpo en el paso a paso del caminar. Apuntemos aquí la intervención de la pulsion de apoderamiento y la idealización de la potencia del cuerpo propio, transformadas en el interés por tener y manejar un auto, y del placer de estar sentado al volante.

La automatización del driving es el efecto de la constitución de una representación “Yo-cuerpo-auto” en la que podríamos distinguir dos componentes:

  • La imagen del vehículo, que contiene elementos visuales, táctiles, auditivos, cenestésicos.
  • La imagen motriz de las acciones de desplazamiento, que contiene elementos kinestésicos.

Ambas imágenes se interrelacionan. La imagen motriz se construye a partir de la percepción de los movimientos aloplásticos requeridos para accionar el auto, y la percepción de que la máquina (luego prótesis) se desplaza según esos movimientos del cuerpo propio. En tanto que la percepción de las características del objeto-auto, de su fuerza motriz, de su estructura van a constituir la imagen del mismo cuyo efecto será el de moldear, autoplásticamente, la representación corporal hasta lograr su incorporación.

El uso del auto como herramienta para desplazarse podría considerarse relacionado con la tendencia a prolongar o potenciar el propio cuerpo mediante objetos, con esto afirmamos que el destino de una prótesis será el de funcionar como cuerpo propio. De ahí la importancia de describir el núcleo de esta representación psíquica y su proceso de construcción.

Una hipótesis posible es que la asimilación del auto sigue un camino similar al proceso de construcción de la representación de cuerpo. Según Maldavsky (2000) “el espacio psíquico corporal se despliega en sucesivas expansiones, de periferia interior a periferia exterior del cuerpo, regidas por mecanismos de proyección, hasta constituir la periferia exterior (…) Hay diferentes periferias interiores que en su origen fueron exteriores, desde la perspectiva de otro espacio. El Yo-cuerpo se constituye por un apoderamiento proyectivo, la superficie cutánea pasa a ser territorio propio, con lo cual se crea un nuevo dispositivo antiestímulo”.

Este proceso se realiza a través de mecanismos de asimilación y periferización del Yo. Respecto de la función asimiladora del Yo, Freud (1926) refiere al trabajo de asimilación de núcleos ajenos al Yo, como es el caso de los síntomas, y si bien se trata de un procesamiento de elementos endógenos, agrega que se trata de una “adaptación como la que el Yo suele llevar a cabo normalmente respecto del mundo exterior objetivo (real)”

Resumiendo, la incorporación del auto en la representación corporal produce una adaptación de ésta creando un “nuevo cuerpo” con la ahora prótesis, esta modificación define otro espacio exterior, una nueva periferia cuerpo-auto, y en consecuencia se genera una protección antiestímulo específica.

Podríamos sintetizar que el auto objeto del mundo, primero es percibido en el exterior, y se constituye luego como una nueva periferia interior. El conductor se desplaza "como si" fuera su propio cuerpo, el auto pasa a ser territorio propio. En entrevistas realizadas a conductores expertos, fue revelador el uso redundante de la primera persona singular en los relatos de escenas del driving. Ejemplos: Al relatar un accidente: “Mis dos ruedas se suben a la banquina.”. Una conductora, enojada dice: “Tengo un caño de escape que tengo que arreglar y no tengo tiempo”. Otro: “Una vez un auto me chocó, me llevó por delante, él se bajó a disculparse, yo bajé a ver cómo había quedado y tenía una cosita de nada, ¡no me había pasado nada!”

La fusión del objeto-auto con el Yo puede ser considerada una desestima funcional, en el sentido que se omite la existencia del objeto. Ahora bien, este mecanismo opera en forma parcial y es operativo a los procesos de automatización del driving. En la mencionada exploración, los conductores cambiaban la forma pronominal a la tercera persona cuando referían características del vehículo, con existencia real, en este caso era “el auto”, un objeto del mundo, otra cosa diferente a sí mismo. Concluimos que se trata entonces de una desmentida funcional al driving. Las vías asociativas pueden cambiar de curso, el objeto está fuera, el objeto es él mismo, la dinámica es reversible.

A partir de su constitución la representación “Yo-cuerpo-auto” se muestra relativamente constante, y consistente en su funcionamiento. Esta estabilidad puede observarse entre otras cosas porque el conductor puede hacer una adaptación relativamente rápida al driving con otros modelos y aun con otros tipos de vehículos motorizados que funcionan de manera similar.

Si bien no se ha desarrollado en esta ponencia la cuestión de la atribución de significados al driving, sostenemos que la representación “Yo-cuerpo-auto” se asocia con procesos de descarga pulsional, de deseos, como lo demuestra la exploración realizada en la que abundan y redundan las referencias de los conductores al “placer de manejar” y de “tener un auto”. Justamente uno de los fundamentos de la constancia representacional del driving es que atrae energía libidinal, mayormente sublimada, de acuerdo al predominio del lenguaje correspondiente a cada individuo. Para esto habrá que tomar en cuenta el equilibrio que logra el Yo en el conflicto entre instancias y con la realidad. No está claro cual es el tipo de conflicto que logra trastornar esta representación y en consecuencia producir una desadaptación al driving, entendido éste como desempeño funcional.

Es posible suponer que un accidente pueda provocar, mediante la ruptura de la barrera antiestímulo, rechazo al driving, durante un periodo o por tiempo prolongado, pero habría que probar si pasado el impacto traumático esta representación pueda quedar afectada. Algunas problemáticas que afectan el desempeño motriz, como trastornos anatómicos o neurológicos pueden ser de mayor importancia.

El aislamiento es una defensa que en este desempeño funcional reviste importancia. Por ejemplo, una representación del peligro, continúa en la conciencia pero separada del afecto correspondiente, lo que permite superar inhibiciones y dar un tratamiento racional y operativo a la angustia señal. Se podría vincular este mecanismo a un equilibrio adecuado en la percepción de riesgo. En la exploración todos los entrevistados expresaron tener fantasías horrorosas de accidentes, las que sin embargo no obstaculizaban su buen manejo del auto.

Otra defensa, la anulación funcional aparece en la decisión de considerar algo como "no sucedido", prescindiendo del suceso y de sus consecuencias, “eso ya fue, ya pasó”. Es una condición para el driving operar este tipo de técnicas para, por ejemplo, conservar la calma durante el trayecto en un entorno vial desordenado.

Otro capítulo es la erotización de la representación “Yo-cuerpo-auto”, en su conjunto o partes de ella. Por un lado podrán aparecer inhibiciones en esta función, tal como lo plantea S. Freud (Inhibición, síntoma y angustia) por conflictos con el Ello o con el Super Yo, afirmando que “Hemos obtenido esta intelección, de validez universal: la función yoica de un órgano se deteriora cuando aumenta su erogenidad, su significación sexual.”  Además de inhibiciones, puede haber distorsiones en el driving como producto de erotizaciones. La representación en su conjunto (traqueteo autocalmante, armadura omnipotente agresiva) o fragmentos de ella (volante, palanca de cambios, ruido del motor, acelerador, velocidad) podrían ser investidas con tendencias hetero o auto agresivas, quebrando así las defensas funcionales que sostienen el driving.

Al estilo de una “sobre” adaptación al driving se pueden mencionar aquellos conductores en los que el auto ha impregnado prácticamente todas sus acciones de desplazamiento, no pueden ir a ningún lado sin el auto, tienen desorientación geográfica si no van manejando ellos, etc. Pareciera en estos casos que la representación “Yo-cuerpo-auto” adquiere mayor expansión e impregna la motricidad de desplazamiento en general. Harold Searles (1960), describe el sentimiento por el cual un individuo considera parte de sí mismo a ciertos elementos, de modo tal que cuando éste lo pierde, siente que ha perdido parte de si (p 55)

Bibliografía

Caamaño Marta (2001) Exploración de la conducta de manejo de autos particulares en Buenos Aires, Ponencia libre en sesión temática, XXVIII Congreso Interamericano de Psicología, Santiago de Chile.

Caamaño Marta (2005) Prevención de accidentes de Tránsito, Ponencia Panel, XXX Congreso Interamericano de Psicología, 2005, Buenos Aires.

Freud Sigmund, Obras Completas, Ed. Amorrortu, Buenos Aires.
(1905) Tres ensayos de teoría sexual, Vol. VII.
(1917) 17ª Conferencia de Introducción al Psicoanálisis, El sentido de los síntomas, Vol. XVI.
(1926) Inhibición, síntoma y angustia, Vol. XX.

Hason Alicia (2005), Huellas mnémicas y pensamiento inconsciente, Material docente, Doctorado en Psicología UCES, Clase: 11/6/05.

Maldavsky David (2000), Lenguajes, pulsiones, defensas, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires.

Searles, Harold (1960) The Nonhuman Environment In Normal Development and in Schizophrenia. Madison, CT: International Universities Press. London

Tisseron Serge (1998) De l'inconscient aux objets, En Les Cahiers de médiologie n°6, 2e semestre 1998, Ed. Gallimard, Paris, http://www.mediologie.org/

1 Freud (1917) “La angustia de nuestra paciente se dirigía en particular a la posibilidad de ser turbada en su dormir por el tictac del reloj. El tictac del reloj ha de equipararse con el latir del clítoris en la excitación sexual. Y es el caso que, en efecto, repetidas veces la había despertado esta sensación penosa para ella.”


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