El Algoritmo David Liberman y la investigación conceptual
Nilda Neves
El Algoritmo David Liberman se ha desarrollado en el marco de los debates epistemológicos actuales en psicoanálisis.
En este terreno controversial se destacan, dos líneas de producción intelectual que representan respectivamente el pensamiento predominante de las instituciones psicoanalíticas.
Por un lado la visión de los países francoparlantes que adhiere como paradigma de investigación fundamental al modelo tradicional a través del estudio clínico comparativo de similitudes y diferencias entre casos, y rechaza toda posibilidad de ingerencia de los criterios de cientificidad de las llamadas ciencias duras.
Por otro lado la visión anglosajona entiende que el estudio de caso si bien es altamente informativo, resulta insuficiente como método de investigación, y requiere ser complementado por otros procedimientos confirmatorios.
Una posición reivindica el enlace con la metapsicología, y el trabajo caso a caso, la otra privilegia el uso de instrumentos sistemáticos confiables.
Las críticas recíprocas enfatizan respectivamente la importancia de la validez o la confiabilidad en las investigaciones.
Consideramos que la validez de un método es una exigencia de mayor peso aún que su confiabilidad ya que un instrumento puede evidenciarse como sumamente confiable, pero no ser pertinente desde el punto de vista teórico, de las metas y/o del objeto estudiado.
En el terreno del Psicoanálisis, los hechos comprendidos en el campo de investigación no son de observación simple, sino que están determinados por la teoría que los sustenta, por esta razón, el trabajo sobre la validez del ADL, consiste en explicitar si la relación que hay entre el ADL y la metapsicología de la pulsión por un lado y con la defensa por el otro es adecuada y si está justificada. En ese sentido por tratarse de un método deductivo, no inductivo, requiere de una argumentación de tipo conceptual.
La validación realizada a partir del enlace con la teoría hace necesario tomar en cuenta otro nivel de análisis más abarcativo, que es el de la teoría misma. La consideración del mismo impone la realización de una investigación de tipo conceptual.
Así como en una investigación concreta se pone en juego la validez del método; en una investigación conceptual, de lo que se trata es de examinar es la teoría misma.
Esta exigencia implica el interrogante acerca de si en la teoría psicoanalítica, las variables representadas por las categorías metapsicológicas mantienen su vigencia.
La pregunta a formular es si para el psicoanálisis actual sigue siendo válido el concepto de pulsión. Para abordar este tema es necesario destacar que en el terreno de las investigaciones especulativas y conceptuales es necesario tener en cuenta tres aspectos centrales:
1) el enlace entre la investigación conceptual y las concretas a través del establecimiento de nexos entre los conceptos más abstractos y las manifestaciones e investigaciones concretas.
2) la consideración de los desarrollos novedosos en terrenos afines que deben ser incluidos en los avances de la argumentación propia
3) el debate interno. Lo que lleva a que la exposición tenga un tono polémico ya que en gran medida, la argumentación se ordena en torno de la revisión de las ideas precedentes, su rectificación parcial o total, las discusiones con otros autores y las propuestas autocríticas.
La investigación de la pulsión
Toda investigación que pretenda tomar a la erogeneidad como punto central de su indagación, debe responder a estas dos críticas: 1) que el concepto de pulsión no tiene validez y 2) que no puede ser operacionalizado.
Los argumentos para sostener esta posición consisten en cuestionar algunos sectores de la teoría freudiana de la pulsión tomando en cuenta desarrollos de la física, la biología y otras áreas. En la mayoría de los casos, estas críticas demuestran una lectura poco sólida y fragmentaria de los textos de Freud, ya que no parecen advertir hasta que punto los argumentos expuestos pueden ensamblarse con las propuestas metapsicológicas del creador del psicoanálisis.
Críticas de los autores americanos
La crítica que los autores americanos han hecho al psicoanálisis freudiano sigue dos orientaciones opuestas aunque ambas cuestionan fundamentalmente los conceptos metapsicológicos y en sus casos extremos, conduce a proponer la eliminación de la metapsicología. Los argumentos para sostener una de estas orientaciones consisten en cuestionar los fundamentos energéticos de la teoría de la pulsión desde la perspectiva de las llamadas ciencias dura, sobre todo de la física en sus concepciones más clásicas. En el otro extremo se encuentran aquellos que desechan todo interés del psicoanálisis por los sustratos fisiológicos de los procesos mentales.
La investigadora norteamericana Wilma Bucci retoma en 1997 las opiniones de sus colegas expresadas décadas atrás y dice que: Rapaport, Holt, y Klein intentaron sistematizar y aclarar conceptos de la metapsicología freudiana buscando formular proposiciones coherentes que pudieran ser comprobadas empíricamente que fracasaron en tales intentos según la documentación presentada por Gill, Tagle, Holt y Thomae y Kaechele. Sostiene que la conclusión general luego de años de tales esfuerzos fue que ni la organización estructural ni los principios dinámicos de la metapsicología se pueden sostener científicamente.
Estos autores aseveran que las premisas de la teoría energética como un modelo físico aplicable a los sistemas vivos ha sido fuertemente cuestionada en investigaciones biológicas y psicobiológicas, pero que sin embargo, en la práctica de los psicoanalistas en la actualidad aparece una ambivalencia generalizada ya que consideran la metapsicología como irrelevante para su trabajo pero se da la aceptación implícita de conceptos que sólo cobran significado en ese contexto.
Tales conceptos serían: a noción de inconciente, de represión, defensa, conflicto, proceso primario y secundario que están definidos dentro del marco energético de la metapsicología.
Peterfreund y Schuartz por su parte, desde la perspectiva de las ciencias duras hacen una duro cuestionamiento a la metapsicología freudiana en el que plantean que el psicoanálisis no ha dado el paso fundamental de considerar la mente del hombre dentro de un contexto biológico y evolutivo más amplio por lo cual se ha alejado cada vez más del terreno científico.
Dicen que la teoría psicoanalítica considera la mente desde un punto de vista psicológico y es esencialmente antropocéntrica
Agregan que cualquier estudio de la mente que se empeñe en atenerse al terreno de lo psicológico exclusivo, se ha de limitar a si mismo en el grado de generalidad o abstracción alcanzable.
Los autores analizan en detalle el concepto de energía y su importancia en la ciencia y enfatizan la dificultad para relacionarlo con el término psicoanalítico de energía psíquica y la amplia gama de conceptos asociados con este.
En su opinión conceptos tales como energía, fuerza, estructura, función, canales, aunque se empleen, no tiene el sentido aceptado en el mundo de la ciencia.
Desde una perspectiva totalmente opuesta, George Klein y otros autores desestiman la importancia de la metapsicología en la práctica del psicoanálisis postulando que la misma no fue el descubrimiento básico de Freud, sino la expresión de su filosofía de la ciencia. Consideran que el psicoanálisis es una disciplina delimitada en torno a un objeto de estudio y a una metodología de investigación que no requiere ni aportes ni validación desde el exterior. Sostienen que el punto de vista económico y el modelo de aparato psíquico es sólo una extensión encubierta de una tendencia fisiologizante presente desde el proyecto. Dicen que no se trata de reemplazar el modelo metapsicológico basado en el supuesto energético por algún otro (basados en la neuroquímica o la teoría de la información) ya que sus términos (investidura, ligadura) no poseen significado psicológico alguno ni expresan el esfuerzo del psicoanálisis tendiente a revelar significados. Aseveran también que los términos de la teoría clínica no tienen una jerarquía menor que una teoría psicológica general ni menor nivel de abstracción que los metapsicológicos.
Finalmente, estos autores, proponen que lo esencial de la situación analítica consiste en tomar en cuenta el desarrollo de esquemas interpersonales a traves de las tendencias dinámicas del encuentro, el conflicto, el choque, la impasse y la resolución. Para ellos el dilema de los desarrollos futuros en psicoanálisis se plantea entre estas dos vertientes excluyentes:
1) la primera, a la que adhieren propone limitar el esfuerzo teórico a la tarea de descifrar significados. Entendiendo que formular el significado o el propósito de la conducta es establecer un nivel de coherencia distinto al del fisiológico.
En la década de los cuarenta, Ronald D. Fairbaim, decía, que la “clásica teoría de la libido, debería ser transformada en una teoría del desarrollo, basada esencialmente en las relaciones de objeto.”
Harry Guntrip, se sitúa en la continuación directa del pensamiento de Fairbaim al señalar el aspecto “biologizante” de la teoría pulsional freudiana.
También Daniel Widlöcher piensa que el concepto de pulsión “viene a ocultar ciertos problemas fundamentales aportándoles una solución puramente verbal. La teoría de la pulsión, postula la existencia de una energía psíquica que vendría a animar la representación y que le sería exterior”. Sería un juego de fuerzas hipotéticas que no tienen ninguna relación con sus representantes psíquicos.
2) Según la opinión de estos autores, la segunda vertiente, supondría el desarrollo de una teoría del aparato mental mediante principios cuasi-termodinámicos incluyendo las analogías físicas contemporáneas más plausibles en ese sentido.
Esta segunda posición estaría representada por aquellos investigadores que a partir de la década del sesenta, trataron vincular las categorías freudianas con los desarrollos neurofisiológicos y bioquìmicos entre otros Charles Fischer, Ernest Rapaport, Max Shur, John Eccles y Samuel Ritvo.
Pese a estas críticas, en los últimos años, en esta misma línea se realizaron importantes desarrollos por parte de investigadores que participan de una cosmovisión científica actualizada a partir de la revolución planteada en la ciencia por los descubrimientos de la física cuántíca y posteriormente (a fines de los años sesenta) con las teorías de Prigogine el premio Nobel de química quien plantea la desaparición de la linealidad, de las relaciones causa-efecto en fenómenos básicos.
Prigogine enfatizaba la necesidad de disponer de un tipo de ciencia que dé cuenta tanto de la estabilidad como del cambio.
Esta forma de pensar resulta necesaria para un pensamiento abierto que pueda considerar los sistemas que contienen clausuras y aperturas, potenciales puntos de fuga y líneas de variación.
Prigogine destacó la importancia de encontrar una zona más delimitada y alguna zona más oscura sobre los límites de cada indagación; el decía que eso es justamente lo que muestra el trabajo de una investigación en marcha.
El movimiento actual en la biología, la fisiología, la medicina incluye hoy una perspectiva ligada más al pensamiento complejo que al lineal.
La teoría de la complejidad se refiere a una concepción de pluralidad de intervención y de interacción de principios y elementos. Propone rectificar el modo en que la ciencia clásicamente trató de describir y entender los fenómenos naturales, como hechos lineales predecibles, desconocíendo las propiedades emergentes de los sistemas biológicos que son complejos no lineales.
En este sentido resultan valiosos los trabajos que intentan elaborar un marco conceptual en el cual se puedan estudiar las articulaciones, las formas de interacción entre los sistemas de significación del psiquismo y los circuitos neurofisiológicos.
Muchos autores sostienen que los hallazgos recientes de la neurociencia lejos de entrar en contradicción con las principales tesis psicoanalíticas ofrecen un sólido apoyo a las mismas.
Las preguntas que orientan esta línea de pensamiento apuntan a investigar de que modo, lo psíquico, lo representacional, las inscripciones que resultan de los intercambios intersubjetivos provocan modificaciones en los circuitos neurofisiológicos, y cómo la estructura y funcionamiento de éstos, junto a los niveles hormonales, repercuten sobre el mundo representacional.
Neurocientíficos de la talla de LeDoux, Damasio, Bechara, Cahill, Gazzaniga, entre otros, aportan pruebas de la importancia de los procesos inconscientes.
Muchos de ellos dicen que el grado de superposición entre el modelo freudiano y las perspectivas de la neurociencia contemporánea en este punto es extraordinario.
La superposición parece extenderse incluso a los mecanismos centrales de descarga afectiva que Freud dedujo intuitivamente en su “Proyecto para una Psicología Científica”
Jaak Panksepp en 1998, plantea que “es seguro que existe algo como la ‘pulsión’ en el cerebro”, y que “las ‘pulsiones’ en su sentido más amplio pueden gobernar toda la actividad cerebral y psicológica”.
Yorke, por su parte, critica la desafortunada ecuación que equipara el empiricismo. basado únicamente en la observación y la experimentación, con los métodos de investigación que impliquen cuantificación, elemento que puede o no formar parte del proceso.
En este sentido, las limitaciones de la cuantificación en psicología son obvias para Yorke, especialmente cuando se intenta medir lo inmedible.
Propone que los neurocientíficos y los psicoanalistas, al explorar los puntos de encuentro entre ambas disciplinas, deben respetar el abordaje que parece mejor para una tarea dada, y recordar que ambos métodos aparentemente antagónicos son empíricos.
Estos intentos de articulación resultan muy resistidos por los psicoanalístas de habla francesa, tema que corresponde a otro capítulo de la investigación y a un informe posterior.
Bibliografía
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