“Las violaciones masivas de derechos humanos suponen “el mal absoluto” o lo que Kant denominó “el mal radical”. Son ofensas contra la dignidad humana tan extendidas, persistentes y organizadas, que el sentido moral normal resulta inapropiado. Si alguien enfrentando a Adolf Hitler le hubiera dicho que lo que hizo fue “incorrecto” hubiera sonado casi risible. “Incorrecto” parece un adjetivo demasiado débil para calificar acciones que consecuentemente provocaron la muerte de más de 20 millones de personas, y sufrimientos inimaginables en muchos millones más. Otras palabras de condena moral, como “atroz”, o “aberrante”, expresan meramente nuestra repulsa moral en forma más intensa, pero no brindan mayor claridad en su contenido descriptivo. Así, nuestro discurso moral parece alcanzar su límite externo cuando intenta manejar hechos de esta naturaleza.
Hanna Arendt afirma que “es muy poco lo que sabemos de la naturaleza del mal radical. Así, señala que somos incapaces de perdonar aquello que no podemos castigar, e incapaces de castigar a aquello que se ha vuelto imperdonable”. En su concepción, el mal radical no puede ser castigado ni perdonado, y por lo tanto trasciende el reino de lo “humano” y destruye nuestras potencialidades.
Esta imagen de impotencia frente al mal radical, puede parecer, a primera vista, una imagen literaria, una forma de expresar la inadecuación de la evaluación social, de la justicia humana y de nuestra capacidad de castigar. Pero sustancialmente muestra la dificultad de responder al mal radical con las medidas ordinarias que aplicamos a los criminales comunes.”
“Juicio al mal absoluto” Carlos S. Nino
“Hay catástrofe psíquica cuando desde el punto de vista del narcisismo, siempre fundamentalmente puesto en peligro en dichas situaciones, el sujeto ha sido dañado en el doble sentido que Freud le reconoce: en tanto es a sí mismo, su propio fin, y en tanto miembro de una cadena del conjunto a la cual debe conformar.”
“Rupturas catastróficas y realidad psíquica” Rene Käes
Trataré, en esta comunicación, de conectar dos perspectivas de análisis: por un lado el sugerente texto literario del escritor español después de 50 años de sucedidos, sus registros y rememoraciones de brutales experiencias que el ubica dentro de lo que llama “El mal absoluto”, referidas a su cautiverio en Buchenwald.
Desde otra perspectiva, teorías y modelos psicoanalíticos acerca de las situaciones traumáticas extremas que pueda padecer un ser humano, por un lado, y algunos trabajos que han estudiado los aspectos psíquicos de los sufrimientos extremos en situaciones límite, a la manera del holocausto, del terrorismo de estado o el genocidio armenio.
En cuanto a los supuestos es que se basa esta comunicación, destacaré:
- Definiré muy someramente el contexto en que uso el concepto “trauma”, primero a través de lo que señalan Moisés Kijac y Silvio Funtowicz, que consideran que la constelación de situaciones traumáticas en que fue sometida la casi totalidad de los internados de los campos de exterminio es única por su intensidad y sobre todo por su calidad , distinta de toda otra vivencia traumática, concepto que creo que puede extenderse a las otras dos alternativas mencionadas. También incluyo en la conceptualización reflexiones de MotiBen Jackar cuando señala que “cuando un evento es vivido por el aparato psíquico sin poder relacionar las relaciones entre lo psíquico, social, temporal y espacial, se estará frente a una amenaza catastrófica” , la vivencia catastrófica será la resultante del encuentro de una situación catastrófica y el sujeto que la padece, con la desorganización estructural consecuente.
- Lo que intento proponer es una conexión laxa, no absoluta entre conceptos provenientes de distintos campos. Así, a partir de la noción de “Mal absoluto” que desarrollan algunos pensadores del campo filosófico y ético- jurídico, intentaré señalar algún tipo de analogía conceptual con lo propuesto, siguiendo también autores psicoanalíticos que mencionan “traumas extremos”, referidos a las situaciones de genocidios, ejemplificables por las situaciones mencionadas, aun reconociendo que estas situaciones han sido analizadas como presentando diferencias entre sí, pero que el aspecto común tendría que ver con la planificación de la matanza, con la desaparición de categorías relacionales múltiples en su desarrollo y con lo que se consideran “situaciones de máxima inermidad de los seres que la padecen”.
- Un tercer concepto que intento articular y que constituye uno de los ejes de estas reflexiones, se refiere a que en algunas situaciones, existe una modalidad muy particular de la memoria, que llamaré “memoria traumática”, que es la que se buscará ilustrar con el texto literario. En este sentido, lo específico de las reflexiones en cuestión aluden a que se acentúa mucho en los distintos trabajos presentados sobre estas cuestiones, en cuanto a las consecuencias psíquicas de las situaciones de violencia máxima (o de Mal absoluto), o a los proyectos de exterminio humano; los que se registran, sobre todo, son los aspectos destructivos en el sentido de “carencia” o de “liquidación de estructuras”, como pueden ser las representaciones y los vacíos psíquicos, la capacidad simbólica y otros. Pero también se mencionan la aparición de estructuras interferentes y alienantes, con funcionamientos violentos, persecutorios que pueden surgir también en el psiquismo.
Se trata de una memoria, que si bien funciona como un registro adecuado, pierde su cualidad de capacidad procesal para transformarse durante un largo período, en fuente de dolor insoportable.
En esta dirección, solamente quisiera agregar que todo un sector del texto nos puede funcionar como una referencia a lo que señalaban Kijac y Funtowicz cuando describían síndromes de sobrevivientes de situaciones extremas. Planteaban que en el psiquismo del sobreviviente, tras su liberación, se opera una modificación profunda implicando la coexistencia simultánea de dos aspectos yoicos: una parte yoica que continúa viviendo en el campo, y la otra, adaptada a una nueva realidad, que funciona “como si” pudiera seguir amando, odiando, luchando, trabajando, haciendo proyectos o enfermándose.
Pero dejemos que “hable el texto”.
Los registros iniciales (la “interioridad” en Jorge Semprún, tras la liberación)
“En todas las memorias de los hombres hay chimeneas que humean. Rurales ocasionalmente, domésticas: humos de los dioses lares.
Pero de este humo de aquí, no obstante, nada saben. Y nunca sabrán nada de verdad”.
“Pues no era la realidad de la muerte, repentinamente recordaba, lo que resultaba angustiante. Era el sueño de la vida, incluso apacible, incluso lleno de pequeñas alegrías. Era el hecho de estar vivo, aun en sueños, lo que era angustiante.”
Los dos “yo” se encuentran
Me desperté sobresaltado a las dos de la madrugada.
“Desperté” tampoco es el término más adecuado, aunque sea exacto. Pues efectivamente salí, de un sobresalto, de la realidad del sueño, pero tan solo para sumirme en el sueño de la realidad: la pesadilla, mejor dicho.
“Krematorium, ausmachen!”, decía la voz alemana. “Crematorio, apaguen!” Una voz sorda, irritada, imperativa, que resonaba en mi sueño y que, curiosamente, en vez de hacerme comprender que estaba soñando, como suele ocurrir en los casos semejantes, me hacía creer que por fin me había despertado, otra vez –o todavía, o para siempre- en la realidad de Buchenwald: que jamás había salido de allí, a pesar de las apariencias, que jamás saldría de allí, a pesar de los simulacros melindres de la existencia.
“Pero no, Odile dormía a mi lado, apaciblemente.”
El título de este apartado referido a “los dos yo” se conecta con la propuesta de Kijac y Funtowicz mencionada anteriormente.
En la misma dirección, una observación de Vicente Galli cuando señala que “en la clínica psicoanalítica apareció un observable que es visible en otras producciones sociales: el temor a perder el terror, el temor a perder el terror como silencio enajenante del pensamiento, temor a su aparición como vivencia actual, originando representaciones y sufrimientos nuevos. Por supuesto, promoviendo también esperanzas y creatividades de vidas”.
La posibilidad de narrar e historizar ¿cómo conectar ambos “yo”?
“¿Sabe usted cuál fue el último libro que leí antes que me detuvieran en Joigny? Miche me lo había dado... La traducción de La religión dentro de los límites de la mera razón, de Kant... 1973, ¿lo recuerda? La teoría del Mal radical, das radikal Böse...”
“Pues no pretendo un mero testimonio. De entrada, quiero evitarlo, evitarme la enumeración de los sufrimientos y de los horrores. De todos modos, siempre habrá alguno que lo intente...”
“Necesito pues un “yo” de la narración que se haya alimentado de mi vivencia pero que la supere, capaz de insertar en ella lo imaginario, la ficción... Una ficción que sería tan ilustrativa como la verdad, por supuesto. Que contribuiría a que la realidad pareciera real, a que la verdad fuera verosímil.”
“También entonces, el 8 de Marzo de 1992, en la plaza de Buchenwald, me recité el final de este poema.
Volvía allí por primera vez, cuarenta y siete años después de la época a la que hago referencia en este relato.”
“Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: “No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver, ay! Siguió muriendo...”
“Bien es verdad que en 1974 había abandonado el proyecto de escribir. Me había convertido en otro, para seguir con vida.
... un día soleado de invierno, en Diciembre de 1945, me encontré ante la tesitura de tener que escoger entre la escritura o la vida. Yo mismo me conminé a hacer esta elección, sin duda. Quien tenía que escoger era yo, yo solo.
Tenía que escoger entre la escritura y la vida, había escogido ésta. Había escogido una prolongada cura de afasia, de amnesia deliberada, para sobrevivir.”
Los dos yo: búsquedas, encuentros y desencuentros
“Así, de repente, hubo unos objetos. Nunca había habido nada antes. Tal vez no hubiera nada después: la cuestión no se planteaba, de todos modos. Había sencillamente unos objetos no identificados, no nombrados todavía, tal vez innombrables. Cuyo sentido, cuya función ni siquiera eran oscuros, ni siquiera opacos, sino sencillamente inexistentes. Cuya única realidad consistía en su forma y en su color, fácilmente diferenciables.
No había ninguna posibilidad de decir “yo”, en aquel momento, originario en cierto modo. Yo no existía: él, este “yo, este sujeto que habría mirado, no existía todavía. Estaba el mundo, un fragmento ínfimo de mundo que se volvía visible, eso era todo. Mi mirada no surgió hasta después. La visibilidad del mundo hizo que me volviera vidente. Y mirón también, ciertamente.”
El “resurgir” de la memoria traumática (Tánatos)
“A pesar de los rodeos, de los ardiles del inconsciente, de las censuras deliberadas o involuntarias, de la estrategia del olvido; a pesar de las idas hacia delante y de las interferencias del recuerdo; a pesar de tantas ppáginas ya escritas para exorcizar esta experiencia, volverla por lo menos parcialmente habitable; a pesar de todo eso, el pasado seguía conservando su resplandor de nieve y de humo, como el primer día.”
“Fuere lo que fuese, el 11 de Abril de 1987, la muerte había dado alcance a Primo Levi.
¿Por qué, cuarenta años después, sus recuerdos habían dejado de ser una riqueza? ¿Por qué había perdido la paz que la escritura parecía haberle devuelto? ¿Qué había sucedido en su memoria, qué cataclismo, en aquel Sábado? ¿Por qué le había resultado de repente imposible asumir la atrocidad de sus recuerdos?
Por última vez, sin recurso ni remedio, la angustia se había impuesto, sencillamente. Sin regate ni esperanza posibles. La angustia cuyos síntomas describía en las últimas líneas de La tregua.”
La “resiliencia” en situaciones extremas
“La letrinas del campo pequeño eran un espacio de libertad... en esas letrinas colectivas, en el ambiente deletéreo nos encontramos a causa y alrededor de una misma colilla compartida, de una misma impresión de irrisión, de una idéntica combativa y fraterna, ante el porvenir de una supervivencia improbable, mejor dicho de una muerte que compartir...”
los autores que han introducido el término resiliencia lo refieren a una combinatoria de recursos psíquicos: capacidad de instrospección, independencia del medio, posibilidad de interrelacionarse con otros compromisos de valores éticos, sentido del humor, creatividad en el sentido de poner orden en una situación, autoestima consistente (A. Melillo, 2002).
Recuperación de la memoria “historizadora” (Eros)
“Pues ahora sabía cual iba a ser la oscura finalidad de este retorno a Weimar. Tenía que permitirme recobrar fugazmente la fuerza de mis veinte años, su energía, su voluntad de vivir. Así, sin duda, tal vez reencontrándome, encontraría la fuerza, la energía, la voluntad, de llegar hasta el final de esta escritura que se escurría sin cesar, y que me rehuía a la mínima ocasión.”
“Apoyé la mano en el hombro de Thomas, como si le pasar el testigo. Llegaría un día, relativamente cercano, en el que ya no quedaría ningún superviviente de Buchenwald. Ya no habría una memoria inmediata de Buchenwald: ya nadie sería capaz de decir, con palabras surgidas de la memoria carnal y no de una reconstrucción teórica, lo que habrán sido el hambre, el sueño, la angustia, la presencia cegadora de Mal absoluto –en la justa medida en que anida dentro de cada uno de nosotros, en tanto que libertad posible-. Ya nadie tendría en su alma y en su cerebro, indeleble, el olor a carne quemada de los hornos crematorios.”
“El resultado tenía una fuerza dramática increíble. El espacio vacío creado de este modo, rodeado por la alambrada, dominado por la chimenea del crematorio, barrido por el viento del Ettersberg, era un lugar de memoria estremecedor”.
Hasta aquí el texto, expresando dramáticamente la alternancia de los dos “yo” mencionados. Pero también lo que llamamos “memoria traumática” oscilando junto a la “memoria procesadora” o “historizante”. En un trabajo anterior con Antonio Barrutia y Gregorio Klimovsky localizábamos en Freud dos modelos de teoría de la memoria: por un lado, memoria pasiva de registro o de tipo de acumulación de datos; por el otro la memoria activa que implica o se conecta con la noción de “procesamiento” o “trabajo psíquico”.
En el texto que transcribimos dicha memoria procesal esta interferida por una tercera modalidad, la “memoria traumática”, vinculada a la propia naturaleza del trauma. Es a través de múltiples y complejas experiencias, que evocan en algo las reflexiones de Rene Káes y Maren Uriksen Viñar al describir la “memoria colectiva” que siempre nos transmite una posibilidad de restauración, la que a la manera del historiador o el psicoanalista, intenta liberar el pasado por el ejercicio “activo” y procesal de la memoria.
Bibliografía
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G. KLIMOVSKY, A. BARRUTIA, B. WINOGRAD - “Un modelo de la teoría de la memoria a partir de algunos trabajos de Freud” Primeras jornadas Argentinas de Epistemología del Psicoanálisis, Noviembre 1981.
ALDO MELILLO y ELBIO SUAREZ OJEDA - (compilador) “Resiliencia”, Ed. PAIDOS, 2001.
CARLOS NINO - “Juicio al mal absoluto” EMECE 1996.
JORGE SEMPRUN - “La escritura o la vida” TUSQUETS, 1996.
MAREN URIKSEN VIÑAR - “La transmisión del horror” en “Violencia de estado y psicoanálisis” CEAL. |