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IAEPCIS Institutos de Altos Estudios en Psicología y Ciencias Sociales

Director: David Maldavsky

 

IAEPCIS - 4° Jornada y Taller - El Desvalimiento en la Clínica  

Una aproximación al film “La Ciénaga” desde una perspectiva psicoanalítica

G.  Buet
G. Echegaray
D. Scilletta

El objetivo del presente trabajo es relacionar algunos conceptos ligados  a la modalidad de funcionamiento y características vinculares presentes en familias con procesamiento tóxico. Para ello tomaremos como punto de partida el film “La Ciénaga” de la directora Lucrecia Martel.

La película inicia con una escena en la cual una de las protagonistas, Mecha, se corta con vidrios  luego de caerse ante la actitud impasible del resto del grupo que se encuentra  alcoholizado al igual que ella.

A partir de allí el film muestra la vida de estas personas, sus modos de relación, para finalizar en el mismo lugar, la piscina, en la que aparecen dos de las protagonistas, Momi, y su prima, Vero, recostadas en reposeras.

La familia puede ser conceptualizada como “una trama compleja, producto de transacciones entre deseos, ideales y juicios, es decir, como una formación promovida  por el  empuje pulsional y desiderativo y acotada por las tradiciones, las exigencias contextuales y las restricciones de cada integrante, con lo cual aludimos al problema de la triple servidumbre familiar.” (Maldavsky, 1991).

A su vez,  recibe estímulos internos y externos y su función es hacer tolerables dichos estímulos, a través del establecimiento de una coraza protectora. Dice Freud (1920) al referirse a dicha  formación  que “para el organismo vivo, la tarea de protegerse contra los estímulos es casi más importante que la de recibirlos”.

Si esto no se produce surge  un estancamiento  libidinal como el que se evidencia en este film. “No funciona el filtro, ni la bomba, no funciona nada, responde Mecha a su hija cuando la misma refiere que “el agua de la pileta está inmunda hace años”.

Se  manifiesta así el fracaso  para poder tramitar las exigencias que surgen en su constitución, la  ligada a las exigencias pulsionales, la del mundo exterior y la de la transmisión de valores e ideales.

Como consecuencia de la aparición de la pulsión genital, alrededor de los ocho años se produce un estancamiento pulsional universal (Freud, 1905). A este incremento de la tensión interna  se agrega en el film la que proviene del resto del grupo estableciendo vínculos erotizados con una clara imposibilidad de establecer un cambio de la erogeneidad en ternura, lo que se despliega en reiteradas escenas incestuosas, como cuando José llega alcoholizado, golpeado y su hermana junto a la  prima le sacan la ropa sucia. 

Uno de los hijos de Mecha, Joaquín,  pierde un ojo  mientras jugaba con un arma   ¿podríamos  pensar este accidente como la manifestación de la imposibilidad de procesar lo visto?, sólo que aquí no aparecería como una fantasía  neurótica, de arrancarse los ojos como en el mito de Edipo sino en acto.

Otra de las exigencias es la relacionada a las tradiciones y  valores, contenidos de los ideales,  que provienen del superyó. Se evidencia también en esta familia el fracaso de dicha tramitación en la supresión de todo horizonte  de deseos y proyectos.

Asimismo, las exigencias del mundo externo resultan difícilmente procesables para esta familia  aislada de la comunidad y con predominio de vínculos íntimos. El intercambio con el exterior está delegado en los más jóvenes,  como  en la escena en la cual Gregorio le pide a  Momi que vaya a buscar una heladera  con el vehículo quien responde que no tiene registro, que tiene quince años.

Podrían pensarse varias situaciones en las cuales aparecen claras fronteras entre un exterior y un interior  y las dificultades para dar lugar al fluir entre ambos espacios.

El mundo externo es significado como peligroso, por ejemplo,  el viaje de frontera, a Bolivia, para  la compra de útiles escolares.  Rafael  obtura esta salida al exterior, cuando trae  “todo lo necesario”.

 Tali, su esposa,  se amolda a la indiferenciación y se pliega a este  discurso  diciendo que  era “ una locura  ir, nos llega a pasar algo en el camino…,  mejor evitamos una desgracia”, desgracia que finalmente ocurre, con la muerte del hijo en el patio de la casa.

A pesar de los intentos de “salida” al exterior, como este viaje, que propone Tali,  Mecha va reduciendo sus días al micro mundo de su habitación hasta llegar a traer la heladera que le permite “extraer las cubiteras sin necesidad de salir” de la misma.

Es significativo el juego que realizan dos niñas  con un ventilador al cual dirigen su voz que retorna por el viento producido por éste. Todo vuelve y se entremezcla nuevamente con lo propio sin un posible procesamiento.

Este retorno no parece ser el retorno de lo reprimido que caracteriza a la neurosis sino de lo pulsional que no ha encontrado aún cauce para su procesamiento en el exterior y retorna enrarecido, como el sonido de las voces de las niñas.

Luciano  refiere malestar porque  “le están saliendo muchos dientes”, una escena muestra una placa de su dentadura a la manera de otra frontera que separa un interior conocido por él, a través de la respiración y la succión y un exterior que origina algo nuevo que requiere  complejización psíquica.

En la medianera que separa la casa de Tali con la del vecino  se produce el accidente de Luciano cuando se sube a una escalera. En uno de los juegos previos, él se acuesta allí, en el piso, cierra los ojos y su hermana con la amiga  le gritan  “¡muerto, muerto, muerto!”.

La renuencia a la espiración de Luciano   podría entenderse  como otro exponente en acto de la dificultad de este grupo para intercambiar con el afuera y de la éstasis libidinal tóxica a la manera del agua estancada de la pileta. (1)

 “…el dejar de respirar puede ser consecuencia o bien de un esfuerzo expulsivo de la necesidad y de su fuente pulsional, o bien de un desfallecimiento energético global, que agota hasta la energía necesaria para la respiración, o bien de una combinatoria de ambos recursos inerciales.” (Maldavsky,1995)

Estas escenas y la del  comienzo de la película que lo muestran desprotegido frente a las armas de fuego de sus primos,   darían cuenta de los diversos rodeos que va haciendo el niño precipitando y anunciando  su muerte.

También la insistencia de Mecha en su queja porque “nunca nadie atiende el teléfono” daría cuenta de la dificultad para mantener algún tipo de comunicación con otros. Podemos inferir una compulsión a la  repetición de este tipo de vínculos en  Mecha, quien teme repetir la historia “a ver si todavía quedo encerrada como la mami”.

Asimismo, la escena final  en el mismo lugar donde comienza y  similar a la primera pero con los personajes más jóvenes pareciera dar cuenta de esta repetición traumática.

 “Se trata, desde luego de la acción de pulsiones que estaban destinadas a conducir  a la satisfacción; pero ya en aquel momento no la produjeron, sino que conllevaron únicamente displacer. Esa experiencia se hizo en vano. Se la repite a pesar de todo; una compulsión esfuerza a ello.” (Freud, 1920)

Como consecuencia de esta falla en el intercambio con el exterior esta familia se atiene a lo conocido, al mundo íntimo,  incrementándose el desborde pulsional,  tóxico.

Si pensamos la familia como cuerpo, siguiendo la teoría freudiana (1920), como un conjunto de células que  pretende perpetuarse en virtud del encuentro con otro cuerpo afín pero diferente, oponiéndose a la pulsión de muerte y transformando  lo tóxico en trófico podría pensarse la culminación del film como la dificultad que evidencian estas familias para el procesamiento de estas tres exigencias con el accidente y  muerte de Luciano.

“Abandonado a sí mismo, entonces,  el infusorio muere de muerte natural por la imperfecta eliminación de sus propios productos metabólicos; pero quizás todos los animales superiores mueran, en el fondo, por esa misma incapacidad.” (Freud, 1920)

El film se encuentra impregnado de elementos cenagosos,   pantanos y barro. El clima pesado, caluroso,  se condensa con el que manifiestan sus personajes, sobre todo el vínculo entre ellos.

Aparecen diferentes cuerpos amalgamados e indiferenciados, muchas escenas los muestran acostados unos junto a  otros, lo que pareciera remitir más a un erotismo ligado a la fusión  que a un vínculo objetal erótico. Se dan situaciones caóticas donde se pierde el registro de las diferencias, con una sensación de pringosidad carente de cualificación.

Algunas escenas  despliegan dicho apego, como cuando los personajes  dan  de comer a otro en la boca o en  el contacto con los olores del cuerpo, de la ropa, los cabellos y se los llevan a la boca. (2)

Este  apego desconectado se  relaciona con un tipo particular de percepción, como somnolencia y estados de sopor que parece ser asimilado por los que arriban desde afuera. Cuando  José  llega de Buenos Aires a la casa materna es capturado por esta forma de funcionamiento, cuando lo llaman por teléfono está durmiendo o no atiende.

Algo similar sucede con Vero quien refiere  que dormirá “todo el día” si va Mercedes a visitarlos, “porque no la soporta”, a la manera de un repliegue que se vuelve tóxico.

 Mecha niega la posibilidad de lo diferente y desmiente que Isabel no es parte de su familia, que la relación que tienen es laboral, ya que es su empleada. Cuando ésta le dice que se va a ir con su hermana, Mecha lo considera una traición, le reprocha  “te dimos casa y comida”, transformando un contrato de trabajo en un vínculo primario.

Maldavsky postula un criterio de nexo interindividual  basado en la adhesividad de los cuerpos en términos de cañerías, de allí que cualquier posibilidad de  separación sea vivida como desgarro con el consiguiente drenaje de vitalidad  como sucede con la partida de Isabel.

Momi expresa en diversos momentos juicios de realidad provenientes del yo real definitivo que son  desestimados o desmentidos por los otros de diversos modos. Cuando le reclama a su madre que está todo el día dormida y por eso “ni siente”  a sus hijos  ésta la insulta, le dice que se calle, o cuando le dice que se accidentó porque estaba borracha su madre responde con un discurso catártico y la acusa de querer hacerla sufrir.

 “Este discurso no solo suprime al interlocutor sino que también hace desaparecer al sujeto del problema…sobre todo el yo que lo padece y podría tal vez encararlo.”
Maldavsky, 1995)

Cuando la  desmentida hasta aquí descrita no alcanza para sostener el precario narcisismo constituido, la desestimación constituiría el último intento posible que realizaría el yo. Sin embargo, se manifiesta el fracaso de dicho intento cuando Momi dice, por ejemplo,  no poder  “ver” a la virgen  que supuestamente aparecía en una casa, “cada uno ve lo que puede”,  responde Tali.

“La restitución alucinatoria tiene un carácter relativamente patógeno, pero también posee el valor de producir un reencuentro  con elementos anímicos significativos, que abren las puertas a un abordaje clínico y consiguientemente a las posibilidades de una mayor complejización subjetiva”. (Maldavsky, 1995)

El film se caracteriza por la dificultad para realizar una proyección fundante de la exterioridad que posibilita la inscripción de huellas mnémicas y posteriores representaciones facilitada por  un contexto empático. 

 Cuando  Isabel le avisa a Momi que deben ir al hospital porque su madre está “perdiendo” mucha sangre, Gregorio alerta a su hija para que se fije “qué se llevó Isabel”, al igual que  Mecha la acusan  de robar  sábanas y toallas.

Parecería que cuando algo falta es porque alguien ajeno, extraño a la familia  lo ha extraído,  lo que no puede “perderse” a través de un intercambio con el exterior es drenado en el seno de la familia de diversos modos.

Podríamos pensar, que estas ideas paranoides dirigidas a Isabel serían el retorno, vía proyección, de lo que alguna vez fue desestimado. (3) Es interesante  diferenciar el destino de esta éstasis libidinal yoica que se proyecta hacia el exterior  de la que se manifiesta en Luciano.

El fracaso de la  tramitación pulsional  a través del repliegue autoerótico   llevaría por  un camino regrediente,  a un creciente grado de descomplejización yoica y  degradación libidinal.  Es en el niño que se manifestaría  en grado extremo dicha degradación a través del  masoquismo erógeno intrasomático   que culmina en el accidente que produce su muerte.

Gabriela Echegaray
Graciela Buet
Delia Scilletta

Bibliografia:

Freud, S. (1905)  “Tres ensayos sobre una teoría sexual”.  Obras Completas.
Editorial Amorrortu (1914)  “Introducción al Narcisismo”. Obras Completas. Editorial Amorrortu
Amorrortu (1915)  “Pulsiones y destinos de pulsión.” Obras Completas. Editorial Amorrort
Editorial Amorrortu (1920) “Más allá del principio del placer”. Obras Completas. Editorial Amorrortu
Maldavsky, D (1991) Procesos y estructuras vinculares. Editorial Nueva Visión
(1992)Teoría y clínica de los procesos tóxicos. Editorial Amorrortu
Amorrortu (1995)  Pesadillas en vigilia. Editorial  Amorrortu
(1996)  Linajes Abúlicos. Editorial  Paidós
Neves, N  (1994) “La adolescencia y lo profetas”. Actualidad Psicológica  N° (S/D) – Buenos Aires- Argentina
Sahovaler, J (2004) “Sacrificio, pensamiento apocalíptico y violencia social”     Actualidad Psicológica N° 322 – Buenos Aires- Argentina

ANEXO

  1. “La prevalencia de un nexo basado en el apego desconectado, en que el paciente se ubica como ventosa de otro, parte del carácter aspirante de la función respiratoria, y la tentativa de conservar dicha posición adhesiva puede combinarse con una resistencia a la espiración, que es, por otra parte, el primer movimiento activo en el proceso de alteración interna. Tal movimiento activo podría ser considerado como una expresión de la actividad de nacer, de separación entre dos economías pulsionales correspondientes  cuerpos distintos…, por oposición a una posición pasiva consistente en solo ser expulsado del útero.” (Maldavsky, 1995)
  2. Hemos destacado que en tales situaciones predomina un apego desconectado respecto del mundo, en que la percepción opera a la manera de una ventosa o una sanguijuela que permite la adhesividad, carente de conciencia, salvo respecto de los estados orgánicos del cuerpo al cual el yo se adosa. Hemos dicho que esta percepción adhesiva es contradictoria con la captación de los estímulos mundanos en su carácter diferencial, cualitativo, ya que para que este último proceso se desarrolle es un requisito un cierto desprendimiento del cuerpo ajeno en tanto fuente pulsional proyectada.”
    (…)
    “El empleo de los labios en el contexto del apego como ventosa o sanguijuela difiere del placer del chupeteo, y más bien parte del supuesto del encuentro con un mundo palpitante ajeno, en el cual pueden producirse los procesos digestivos propios (por ejemplo, la trituración y la mezcla de saliva con el alimento). Desde esta óptica podría haber un cierre de los labios al perder el contacto con eso otro, lo cual origina un “besarse a sí mismo” primigenio como obturación de la pérdida del apego.”
    “Cabe destacar también la función de las manos en el proceso de constitución de  la conciencia sensorial…a partir del criterio de que la zona sensorial genera al objeto (y no sólo lo capta),  el yo puede buscar en sus manos, llevadas a menudo a la boca, el pecho materno, e incluso alucinarlo. “ (Maldavsky, 1995)
  3. Dice Freud (1915) refiriéndose a los pacientes esquizofrénicos  que resignan las investiduras de objeto y se reproduce un estado de narcisismo primitivo, carente de objeto…su  característica repulsa del mundo exterior, el surgimiento de signos de una sobre investidura del yo propio, la apatía total en que desemboca el proceso, todos estos caracteres parecen armonizar perfectamente con el supuesto de una resignación de las investiduras de objeto.”
    (…)
     “¿Por qué una éstasis así de la libido en el interior del yo se sentiría displacentera? Yo me contentaría con responder que el displacer en general es la expresión de un aumento de tensión y que, por tanto, aquí, como en otras partes, una cantidad del acontecer material es la que se transpone en la cualidad psíquica del displacer…quizá sólo después de frustrado ese delirio de grandeza, la estasis libidinal en el interior del yo se vuelve patógena y provoca el proceso de curación que se nos aparece como enfermedad”. (Freud, 1914)
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