Verdaderos Sobrevivientes…
Lic. Silvina Rosana Martínez – Becaria OEA
Cuando uno piensa en un bebé y niño pequeño, se nos representan también adultos responsables afectivos, cuidados y de protección como los padres, pero principalmente el lugar materno. Una mujer que pudo armar un espacio psíquico y de identificaciones yoicas para este nuevo y vulnerable ser. Por lo tanto impacta notablemente en la comunidad cuando aparece un bebé abandonado, maltratado o descuidado, quedando esa mujer como depositaria de todas las críticas e insultos sociales – y más de una vez desde aquellos profesionales que deben implementar un sistema de justicia- por haber ido en contra del “instinto” más natural existente: el maternal.
Para significar este hecho desde otra mirada, tomaré lo planteado por el sociólogo Pierre Bourdieu respecto de la mano derecha y mano izquierda del Estado, desde donde expresa que dado que el Estado se ha retirado de la responsabilidad de ciertas funciones sociales que le corresponden, se desinteresa, desprotegiendo, marginando y excluyendo varios aspectos sociales que deberían competirle; es por eso, según Bourdieu, que la mano izquierda está para complementar estas insuficiencias del Estado e intenta soslayar y resolver las dificultades que la mano derecha ha realizado. (Bourdieu,P. 1999). De una mujer madre abandónica, hay un grupo familiar, una comunidad, una sociedad y principalmente un Estado con escasa importancia en ciertas políticas públicas, que abandona. Las conocidas “Casas Cunas” pasan a ser parte de esta mano izquierda, queriendo cubrir esa primera contención de brazos, por el imaginario de una cuna, una casa cuna, que contenga, que de albergue al niño abandonado. Es de tal peso ese imaginario social, que aún siendo parte de otra dependencia (como de salud o de acción social) y cambiando el nombre, persiste la denominación de Casa Cuna antecedido por un Ex, no pudiendo así escapar al verdadero significante que en estos casos hay una cuna que no alcanza: es una Es-ca-sa Cuna. Se reemplaza, ausencia de contención materna por asistencialismo y cuidados de salud, perdiéndoselos matices de afectos necesarios para la subjetivación.
“El ser humano no puede sobrevivir sin cuidados amorosos, y ello permanece como marca vincular de humanización. La familia supone la circulación pulsional y si bien puede manifestarse como proclive al desborde, dada la cualidad de los lazos de intimidad y proximidad, al mismo tiempo cuenta con dispositivos reguladores de la misma.” (Rojas,Ma.C.,2000) [1]
Freud, en el Proyecto de psicología nos plantea, "El organismo humano es al comienzo incapaz de llevar a cabo la acción específica. Esta sobreviene mediante auxilio ajeno, (...) un individuo experimentado advierte el estado del niño. (...) Si el individuo auxiliador ha operado el trabajo de la acción específica en el mundo exterior en lugar del individuo desvalido, este es capaz de consumar sin más en el interior de su cuerpo la operación requerida para cancelar el estímulo endógeno. El todo constituye entonces una vivencia de satisfacción, que tiene las más hondas consecuencias para el desarrollo de las funciones del individuo". [2]
La mamá cumplirá la función de filtro pudiendo hacerse cargo del desborde pulsional, esto le permitirá una primera orientación en el mundo de lo que es propio y lo que no. Esta función de filtro se apoya en la decodificación materna de los estados del bebé, ofreciendo un contexto empático. Cuando el bebé nace, los ritmos biológicos se encuentran alterados, siendo importante el logro de un estado placentero de base, armonizando los ritmos vitales. De este estado de bienestar de base, la libido puede abandonar el órgano investido (quedando un resto) y dirigirse, por camino inverso, hacia lo que serán las zonas erógenas.
“El medio institucional es un medio extraño que recibe al niño, y por más estéticamente lindo, luminoso y limpio que se encuentre, no es garante de confianza, ni otorga la provisión ambiental que favorezca el proceso de integración. Manos desconocidas que manipulan su cuerpo, olores, sonidos, tiempos institucionales pautados para alimentar, cambiar, dormir que desestiman los datos de la historia previa; determinando un corte abrupto en su continuidad existencial. Una boca que, en reclamo al modo personalizado de alimentación perdido, no puede apropiarse del alimento, vomita, tiene deposiciones líquidas, los nutrientes caen... “Patologías de pérdida”, perdidas que aluden a otras pérdidas...En los primeros años de la vida, las vicisitudes de la historia que impactan como carencia encuentran a través del cuerpo una de las vías facilitadas de expresión. “(Goren –Martínez,2003) [3]
Las acciones específicas se pierden al estar pautadas desde un horario, donde no hay posibilidad de que este contexto empático se de en la relación adulto-lactante, sino que lo "empático" se diluye en los ritmos y quehaceres de una Institución. El encuentro entre dos ritmos no se da desde la particularidad del bebe-niño pequeño, sino que responde a la generalidad de la sala y el ritmo institucional (dar de tomar biberón cada tantas horas, esperar para el cambiado el turno siguiente, etc), sensaciones placenteras que se recortan, libidinizaciones que se esfuman…. Si la vida depende del encuentro con lo diferente , pero afín; dos elementos fundamentales que hacen a los procesos vitales; en las instituciones aunque varían el personal en la sala, se producen cambios para que nada cambie, manteniendo un nivel de monotonía como forma de organización institucional.
Una cuestión que llama mucho la atención, para quienes “miramos” al lactante y niño pequeño, es su piel, una piel pálida, o mejor dicha casi transparente. “Las emociones dejan su huella de una manera notable en esta capa que nos protege y que, a la vez, nos conecta con los demás” (…)”La piel aparece como una gran superficie de proyección, totalmente como una pantalla de cine, en la que se pueden observar tanto los procesos somáticos como los psíquicos” (Puigcerver Alcázar,2002) [4]
Las faltas de investidura (o las carencias con que estas se producen) de los órganos se presentan en apneas, reflujos, diarreas, negación al alimento, una piel fina casi transparente; modos de respuestas posibles como proyección defensiva ante un contexto que le resulta “ex – casa” o nada empático, sin la particular contención psíquica necesaria, debiendo proyectar hacia el exterior para poder sacar esa tensión interna; y por consiguiente la aparición de una secuencia de acciones y respuestas desde el medio externo que tienden a reforzar ese contexto inicial (estudios clínicos, miradas al padecer del órgano, etc.)
“Tocar a una criatura supone reconocer su existencia” (Puigcerver Alcázar,2002) [4] ¿Qué existencia se le “supone” a estos lactante y niños pequeños institucionalizados, cuando el tocar está dirigido desde la actividad asistencial, física o médico clínica que se le otorga???
Las decodificaciones, las miradas, el tacto y contacto que habitualmente una mamá establecería para con su bebé, surgen de esa especialísima relación que puede entablar con su bebé, poniéndose en juego lo histórico, lo vivencial y pulsional de esta mamá. En una Institución, estos modos de vincularse e interpretar ya están establecidos desde el ritmo y normas institucionales, desde el saber que impera de lo que es necesario para la atención de salud del bebé; y muchas veces decodificaciones impuestas por otro que “lee” a este bebé desde su historia clínica, evolución de un peso, ingesta de alimentos, análisis bioquímico, etc.
“El punto de fracaso institucional específico aparece cuando la institución no le puede hacer sitio a la diferencia, imposibilitada desde el ritmo y horario que cualquier institución exige para un buen funcionamiento. Se transforma en un medio ambiente extraño y atemorizante -a diferencia de lo familiar-“(Goren –Martínez,2002) [5].
Viñeta Clínica
Carla ingresa a la institución a la edad de 2 meses y medio. Previo a este ingreso Carla permaneció con su madre aproximadamente hasta los 45 días, quien la alimentó a pecho, siendo derivado su cuidado a una mujer que sería el contacto para la entrega con un matrimonio extranjero. Ante el conocimiento del caso por el departamento de menores, semanas después se localiza a la mujer y Carla es derivada al centro asistencial de niños. Al ingreso es evaluado su estado de salud física y se la ubica en la sala de lactantes más pequeños. Allí a poco de su ingreso, Carla vomita la leche que había recibido, así en distintas oportunidades (aunque no siempre que se la alimenta) y baja de peso, por lo que pasa a tener SNG y derivación de consulta con el servicio de gastroenterología del hospital de niños local. El recuperar peso hace que pueda eliminarse la sonda, pero persisten vómitos ante “algunos momentos de su alimentación”. Así continúa la historia de Carla, mientras pasa por distintas salas teniendo diferentes brazos que la sostienen, con diversidad de manos que le cercan el alimento, otras que se lo imponen simplemente dejándolo caer; manos que la cambian, distintas voces que la nombran y distintos nombres que se le asignan: en un turno es llamada Carla y en otro Alicia. Con el devenir del tiempo y el pase a otra planta de la institución (donde se encuentran los deambuladotes) “Carla” se diluye y pasa tomar lugar “Alicia”, aunque para los controles en gastroenterología y los escritos judiciales sigue siendo “Carla”. Con ya un año, mantiene peso y talla esperables dentro de un “sano desarrollo” por lo que se considera una niña “eutrófica”, pero con significativas demoras en lo que respecta su lenguaje, comunicación con el otro, juego y exploración del espacio y objetos, se la puede observar como aislada del entorno, con balanceo de golpeteo rítmico de su cabecita y espalda hacia la pared. Para las cuidadoras “es una nena tranquila, buenísima…” Ya a los 24 meses, si bien continúa con vómitos no en todos los momentos en que se la alimenta, el servicio de gastroenterología decide no continuar con estudios ni controles dado que considera que no hay indicadores orgánicos ya a esta edad como para inferir una patología gástrica. Sus suaves y casi desapercibidos balanceos hacia una pared que le otorga cierto tope continúan…su demora del desarrollo también.
Carla, en su devenir en esta vida, no es indiferente a los diferentes contextos que se le sucedieron, manifiesta las intrusiones y desbordes del afuera en la “devolución” del alimento por el vómito, en su pasividad de “nena buena” con una conexión lábil con el mundo y cierto aislamiento, y este balanceo sobre la pared que le devuelve una misma referencia constante, a un cuerpo que en el suave sentir del golpe apela a alguna existencia. El punto es sobrevivir….a pesar de todo.
“Cuando el metabolizador externo falla, el niño se atraganta con sus propias pulsiones, siendo frecuentemente el tacho de basura de los desbordes emocionales de los adultos”(…) “y la relación con el otro puede quedar sustituida por un cuerpo sufriente” (Janin,B.,2002) [7].
Nos encontramos con lactantes y niños pequeños con carencias, no solamente afectivas, emocionales, también carencias de objetos con cierta permanencia que adquieran significación libidinal para el niño; los juguetes, la cuna son cambiantes día a día, la ropa no tiene dueño más que la “sala” a la que es asignada, y como en Carla, en más de una oportunidad los “nombres” de los niños cambian de acuerdo al turno o a la persona que lo nombra. También se presentan en más de uno de ellos, características como la supresión del registro de afecto, cierto vacío identificatorio, incapacidad para establecer vínculos, cierta ausencia del “jugar”, escaso o casi nulo el pasaje del grito al llamado, etc..(Janin,B.,1999). Estos constituyen elementos generadores de potencialidades para la aparición de trastornos en la constitución del psiquismo, según nos aporta Beatriz Janin, como: trastornos en la diferenciación adentro – afuera; trastornos en la erogenización; trastornas en la constitución de ligazones que operen como inhibidores del desborde pulsional y la descarga a cero, trastornos en la constitución de una imagen unificada de sí, etc. (Janin,B.,1998) [8]
Cuanto más me acerco a los bebés, más me convence la idea que esta “modalidad” de defensa del derecho del niño volcada en una prolongada institucionalización, puede resultar muy iatrogénica; dejándonos a la luz a un Estado ineficiente para la atención de esta primera infancia, que sostiene desde el engranaje Judicial, a un sistema de ininterrumpidas institucionalizaciones, y no acompaña a las necesidades de este sector social con otras políticas públicas más acordes para este usuario. La mano izquierda y la derecha seguirán juntas, pero anhelo a que se reorganicen para no generar más sobrevivientes de este tipo, sino lactantes y niños pequeños sujetos de y con derecho.
Quiero compartir para finalizar estas palabras de Winnicott: “Las necesidades de los bebés y niños pequeños son de tal naturaleza que resulta imposible satisfacerlas mediante un esfuerzo deliberado. Conviene comenzar con la idea del hogar normal o sano en que las necesidades de cada niño son satisfechas por un ambiente que se desarrolla junto con el niño.” (Winnicott,D, 1986) [9]
Referencias
- “Modelizaciones en psicoanálisis familiar: aproximación teórico clínica a la familia de hoy” Rojas,Ma.C., Revista de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Bs. As., XXIII,2,2000.
- ”Proyecto de Psicología”,S.Freud, Ed. Amorrortu, TomoI, Bs. As., 1996.
- “Revictimización de la Infancia. Institucionalización de Lactantes y Niños pequeños”, Goren, G- Martínez, S.R., Psicoanálisis y el Hospital, Año 12 N°23, Junio 2003.
- “La piel fina”, Puigcerver Alcázar,N., en Revista “Fort-da” Nº5-Junio 2002.
- ”Infancia, Derechos e Identidad: Tiempo de Infancia…Tiempo de Derechos inalienables”, G.Goren-S.R.Martínez, Ed.UNLP, La Plata, 2002.
- "Aportes para repensar la psicopatología de la infancia y la adolescencia", Janin,B., Revista Argentina de Psicología, año XXV-nº 40- APBA, Bs.As., 1989.
- “Patología psicosomática en niños” B. Janin, en Revista “Fort-da” Nº5-Junio 2002.
- “Los trastornos tempranos en la estructuración del psiquismo: la historia vivencial” B.Janin, en “Cuestiones de Infancia” Ed.APBA, 1998.
- El niño y el mundo externo”, Winnicott,D, Ed. Hormé, 1986.
Bibliografía
- “La violencia de la interpretación”, Aulagnier,P., Ed. Amorrortu, Bs. As. 1988.
- “Trastornos tempranos de la constitución psíquica: algunas reflexiones a partir de un caso clínico”, Janin,B., Revista “Actualidad Psicológica”,Año XVII N°191- Bs.As. Sept.1992.
- Jornada de Desvalimiento de Bar-Ilán- Conferencia Lic. Beatriz Janin, Julio 1999.
- “Del Suceder Psíquico”, Neves,N- Hasson,A., Ed. Nueva Visión, Bs. As., 1994.
- “Reflexiones y Consecuencia de una Primera infancia Institucionalizada”, Martínez,S.; Passarelli,M.L.; Paús,A., Actas del XX Encuentro Nacional de Magistrados y Funcionarios de la Justicia de Menores y Familia, Bs. As., Noviembre 2001.
- “Etica para una primera infancia abandonada…”, Martínez,S.R., III Jornadas de Adopción y Fertilidad Asistida, APdeBA, Bs.As., 2003.
- “Niños sin familia”, Burlingham,D –Freud,A.,Ed. Paideia, Barcelona,1964.
- “Abandónicos y hospitalismo”, Escardó, F., EUdeBA, 1981.
- “Contrafuegos”, Bourdieu, P., Ed.Anagrama, 1999.
- “El fenómeno de excitación corporal”, Mónaco,B.,Ed. Lugar, 2001.
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